Entrevistas

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Manuel Sánchez Prenda es un marchenero nacido en la década de los 50, que hace ya 23 años decidió fundar una hermandad en un pueblo aragonés de apenas 1.000 habitantes, Nonaspe, donde reside desde hace 37 años sin perder su acento andaluz, a pesar de los casi 900 kilómetros de distancia que le separan de su querida Marchena natal. Una cuarta parte de los habitantes de Nonaspe forman parte de la hermandad de la Piedad, famosa por el silencio sepulcral de su procesión y la famosa 'Rompida de la hora' con bombos y tambores en la medianoche del Jueves al Viernes Santo. Desde que fue costalero de la primera cuadrilla en Marchena, la de la Borriquita, hasta hoy en día que en plena madrugada viaja desde Nonaspe a Marchena para no perderse el Viernes Santo, Manuel Sánchez Prenda nos cuenta la historia de un paisano que mantiene las costumbres y las transmite de generación en generación a sus dos hijas.


Ya pudimos ver precisamente a Rocío y Sheila en la pasada Feria de Marchena, un año más, junto a una amiga aragonesa, todas ellas ataviadas con trajes de flamenca: "Ellas mismas los hacen, les encanta, están preparándolo con mucho tiempo siempre", indica Manuel, que nos atendía en una de sus numerosas visitas a Marchena: "Siempre les he inculcado las tradiciones de nuestro pueblo a mis hijas y ellas las han asimilado muy bien y se sienten orgullosas, medio marcheneras medio nonaspinas".

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Manuel Sánchez Prenda es el segundo de los cinco hermanos de una humilde familia marchenera. Nacido en calle Boteros, recuerda que "con ocho años iba vendiendo molletes por las calles, pregonando (como se hacía antaño) y vendía unos 100 molletes todos los días: "Era una Marchena de mucha pobreza", afirma este paisano que hasta cierta edad pudo asistir al colegio Padre Marchena. Su memoria le llega a lo impuesto en aquellas décadas: "El cantar el cara al sol antes de entrar, el Viva España...ahora la juventud está más preparada, tiene más nivel y se expresa con más propiedad", reflexiona sobre cómo ha cambiado la formación en nuestro país.

También trabajó en Los Muleros, recuerda citando a Alfonso y Manoli o en Casa José "frente a la fuente de las Cadenas", en el Kiosko de Alfonso y en la recogida de aceituna y algodón: "Trabajar era necesario para llevar ingresos a la familia", señala, observando como hoy en día, "a pesar de la crisis, normalmente los jóvenes trabajan y pueden guardar los ingresos para ellos mismos".

Antes de llegar a Nonaspe, pueblo situado en la zona oriental de la provincia de Zaragoza, a 865 kilómetros de Marchena, tan al Este que es más cercano a Lleida y Tarragona que a la propia capital aragonesa, recuerda como trabajando de albañil en la calle Huerta Gavira llegó "el mayor de los hermanos Pernía y me dijo Chami, ¿por qué no te apuntas a la Brigada de Paracaidistas? Y me apunté a la brigada de Córdoba con mi hermano pequeño Rafael Faliki, Curro de la Reja, Nuñez, Camarilla, El Sastre..." y así pasó el Servicio Militar en Alcantarilla (Murcia), Alcalá de Henares y el Aaiún en el Sáhara, donde le llegó a coger de paso las tensiones vividas con la Marcha Verde.

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Una vez que termina el Servicio Militar "me fui a Madrid para trabajar en el montaje de líneas eléctricas", lo cual le lleva a desplazarse a varios enclaves de la geografía de España, hasta que en una etapa de trabajos entre la térmica de Escatrón y la nuclear de Ascó, conoció a su actual esposa, Rosario, de modo que se quedó trabajando en el mantenimiento de vías ferroviarias del lugar y ya poco después, una vez establecido, dedicándose al negocio de la fruta y verduras, muy relevante en esta zona: "Llegamos a abastecer a 25 puntos de venta en Aragón, pequeñas tiendas y también alguna gran superficie", de modo que furgoneta en mano, Manuel ha conocido bien la zona a la que llegó en 1977 y donde se casó con Rosario, teniendo dos hijas fruto de su matrimonio, Rocío y Sheila: "Siempre las he traído a Marchena en Semana Santa y Feria y están muy vinculadas al pueblo desde que eran pequeñas", afirma Manuel.

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Y en este punto sus recuerdos van a parar al Club Juvenil, cuando en 1974 "formé parte de la primera cuadrilla de costaleros de la Borriquita, recuerdo que llegó el padre Javier, y dijeron que la Borriquita no saldría ese año, que no había dinero, puso un folio en la pared y en media hora sobraba gente para meterse debajo del paso", evoca: "Pienso que si ese año no se meten tantos jóvenes debajo de la Borriquita, la Semana Santa hubiera decaído en Marchena, se llegaron a meter críos de 14 o 15 años, y ha sido un paso importante porque al igual que se crearon después muchas más cuadrillas pioneras de las de hoy en día, también se han creado movimientos similares en otros ámbitos de la Semana Santa, como las bandas de música, impulsándose muchas de la misma manera que las cuadrillas".

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Sin embargo, el destino pone a este marchenero en Nonaspe y viajar a Marchena para ver Semana Santa se le va quedando corto, de modo que "en 1991, con mi suegro, Fernando el del Estanco y el padre José Ignacio, que era una persona muy participativa en las fiestas del pueblo como la de San Cristóbal o la Matanza del Cerdo,  y con gran sentido del humor (recuerda como bendecía a los coches rociándolos con agua y manojos de romero), formamos la hermandad, compuesta por una Junta Cofrade inicial de 8 a 10 personas, aunque como presidente siempre tenía que estar detrás".

De esta forma, el primer paso se hizo con la colaboración del taller de uno de los hermanos y las primeras capas de color negro "basadas en las que lleva la hermandad de la Soledad" de nuestro pueblo "salieron de Marchena".

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De este modo, el Miércoles Santo a las diez de la noche, la Hermandad de la Piedad sale desde la Iglesia de San Bartolomé, concretamente el paso del Cristo Viviente en Via Crucis desde la Iglesia a la calle Nueva y vuelta al templo, con la particularidad de que "las 14 estaciones son cantadas en tono de jotas aragonesas", algo que es único en toda la comunidad de Aragón en cuanto a procesiones se refiere: "El pasar del Cristo está rodeado de silencio, de seriedad, es otra forma de vivir la Semana Santa", explica. 

Uno de los momentos para él más especial de este Miércoles Santo que existe en el pueblo desde 1992 es la undécima parada del Via Crucis, cuando el silencio "estremecedor" se hace aún mayor por el toque "muy suave" de los tambores in crescendo poco a poco hasta acabar en estruendo.

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Otra de las grandes aficiones de Manuel Sánchez Prenda ha sido la música cofrade: "ya de pequeño tocaba con una cuchara y un tenedor una caja de cartón", expresa, por lo que de mayor, a las doce de la noche del Jueves Santo se produce la denominada 'Rompida de la Hora', en la que en medio de la plaza tocan durante media hora intensamente los tambores y bombos: "Nada más que termina cojo el coche y nos venimos a Marchena para ver a Jesús", en plena madrugada del jueves al viernes, algo que lleva haciendo durante más de 20 años: "En nueve horas estamos en Marchena para ver el Mandato o por calle Carrera", afirma, recordando como antes ha llegado a tardar "28 horas" en el viaje en tiempos de peores carreteras.

Tras la Rompida de la Hora, "los chavales se suelen reunir y se van con sus peñas a pasar la noche en ambiente festivo, juntándoses unas peñas con otras como es tradición allí".

El Viernes, la hermandad culmina su actividad con la procesión de la Piedad a las diez de la noche, cantándose los Siete Dolores de la Virgen: "Quisiera que la hermandad perdurara mucho tiempo, porque además el toque de los tambores ha tomado mucho prestigio y cuando van a otros pueblos mucho más grandes y llegan los de Nonaspe, se hace el silencio, se calla todo el mundo".

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En definitiva, el balance que hace Manuel Sánchez Prenda de la creación de la hermandad hasta la fecha de hoy es "muy satisfactorio", ya que apunta que "tenemos 250 socios, una parte del pueblo", que únicamente pagan una cuota de "seis euros anuales de mantenimiento". 

La procesión, reconocida en medios de comunicación, por el Ayuntamiento en su web informativa y en definitiva por el pueblo de Nonaspe, sigue consolidándose. Además, la Agrupación Musical se ha llegado a hacer muy conocida en Aragón, participando en numerosas citas musicales como la famosa tamborada nacional de Calanda, destacando por su buen hacer, caso del importante encuentro de Escatón, entre otros.

A pesar de dos tercios de vida viviendo fuera de Marchena, quien escuche a Manuel no lo duda por sus vivencias y por sus inquietudes, pero sí por su acento marchenero puro y duro: "No se me va, ni quiero que se me vaya", concluye nuestro paisano, genio y figura.

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