Entrevistas


 

Faustino Reyes López se convirtió el 9 de agosto de 1992 en el olímpico más joven en la historia del deporte español en conseguir una medalla. Fue la de plata de boxeo, en 57 kilos. Pasó "hambre" materialmente para mantener el peso a la par que una forma física y una técnica elegante, envidiable, de la que se hizo eco toda España. Luego llegaría la dolorosa separación de su entrenador, Fernando Serra, todo un "padre" para él, al que adjudica insistentemente "media medalla" y con quien se reconciliaría antes de fallecer, las discordancias con el entrenador nacional que le hizo albergar "una rebeldía que pagué con mi físico y con mi vida", pero siempre quedará Barcelona con momentos de gloria que rememoramos con Faustino, una gloria a la que llegó a base de un excepcional trabajo de esfuerzo y superación.

 


 


Hace 20 años se vivió como un acontecimiento en Marchena, cada combate, cada paso adelante, cada rival que iba cayendo a su paso, creaba un plus de expectación que fue creciendo como la espuma hasta que gran parte del pueblo se enganchó a la pantalla de TVE para vibrar con ese deportista que unía inteligencia, descaro y una calidad técnica y elegancia sobre el ring que emocionó a todos los españoles, incluido el Rey.


Por entonces, en Almería, donde era conocido como “El Niño”, ya se tenía constancia de la progresión espectacular de Faustino en el boxeo: “A mi padre le salió trabajo en un restaurante (cuando tenía 11 años Faustino) y nos fuimos los 7 hermanos y mi padre y mi madre para allá, al barrio del Zapillo, donde unos amigos nos llevaron a mí y a tres hermanos míos a un gimnasio donde se practicaba boxeo”, deporte al que llegó sin haberlo practicado jamás en Marchena, donde sí recuerda que “era bueno jugando al fútbol, con Padre Marchena ganamos la liga de los colegios y llegamos a la final de la provincia, que perdimos contra un equipo de Morón”.


Lo que empezó siendo un mero hobby, el boxeo, se convirtió en algo importantísimo para su vida, ya que allí lo descubrió Fernando Serra: “Él llevaba el gimnasio, me vio cualidades y a partir de ahí fuimos el uno para el otro”, indica Faustino Reyes, que nos atiende en la cafetería Ponce donde pasamos un rato más que agradable, también junto a su amigo Manuel y a su ex pupilo Tete.


En Almería, en ese gimnasio al que se desplazaba cruzando la ciudad en moto, se labraron 1 campeonato de España juvenil conseguido tan sólo con 14 años, dos junior y uno absoluto, más la medalla de oro en un torneo internacional en Grecia superando el Preolímpico de forma más que brillante: “Clasificarse, se puede decir que fue hasta más difícil que las mismas Olimpiadas”, comenta Faustino resaltando la competencia tremenda en el mundo del boxeo, un deporte en el que “a diferencia de cualquier otro, nunca se sabe quién puede ganar un combate hasta el final, ya que en cualquier momento, un golpe puede cambiarlo todo, aunque vaya ganando uno 10-0, puede ganar el rival en un instante, no es como el fútbol que si el Madrid le va ganando a la Real Sociedad 5-0 y queda media hora, es casi imposible que la Real meta 6 goles”.


De esa época inicial, recuerda con orgullo que Manuel Reyes, uno de sus hermanos fue “subcampeón de España” y que al año siguiente pudo vengar su derrota venciendo a quien antes le había ganado, el utrerano Javier Campanario, un “fantástico boxeador”.


De su entrenador, Fernando Serra, del que en cada momento de la entrevista nos recuerda algo, nos comienza diciendo que “fue como un padre” y le puso una única condición para educarlo y formarlo en el boxeo, “que estudiara”. Así cuenta Faustino, que, antes de convivir con Serra, “había repetido dos veces Sexto” de EGB, “pero una vez que él me motivó, hice del tirón sexto, séptimo y octavo sin suspender ni una”, hasta que ya en año Olímpico tuvo que sacrificarse todavía más en 1º de Bachillerato. Es entrañable, como en periódicos de la época olímpica, una carta del por entonces joven Faustino, cuenta sus aventuras en el mundo del boxeo, y la tremenda ilusión con que lo vivía, reclamando con toda modestia una beca de Federación.


Ahora en época de Juegos Olímpicos, todo le hace recordar con más intensidad lo vivido a Faustino: “Era demasiado la villa Olímpica”, expresa el marchenero, que 20 años después, a sus 37 años de edad, explica perfectamente como el bloque donde estaba era de “cuatro plantas, una de judo, otra de kárate, taekwondo y la nuestra de boxeo, cualquiera se metía allí”.


La ceremonia de inauguración de Barcelona’92, sino la mejor de las mejores de la historia, la vivió Faustino “como si estuviera en una nube metido, como si fuera un sueño, vi a Carl Lewis enfrente y le hice una foto, miraba a la grada y había personalidades muy conocidas, vi a Fidel Castro, a Felipe González, al Rey…”


“Fueron unos Juegos Olímpicos con una organización y un voluntariado impresionantes”, añade Faustino, que conocería a numerosos deportistas españoles y jóvenes de gran nivel de la época, como la gimnasta Carolina Pascual (también plata). Faustino siempre estará muy agradecido a los jóvenes voluntarios que le animaban desde la grada en cada combate y nos recuerda el gran número de maletas con regalos y material deportivo con el que le obsequiarían y se traería de vuelta hacia Almería.


Pero evidentemente y como demuestra la medalla de plata, Faustino Reyes no fue de turismo a los Juegos, y siempre recuerda que el día a día de aquellas Olimpiadas fue un sacrificio constante de “gimnasio por la mañana, entrenábamos en Sant Cugat del Vallés, carreras por las tardes y sprints en el paseo marítimo” y noches en las que “estuve casi sin cenar después de gastar 3 litros de sudor en los entrenamientos, y la verdad es que me debilitaba”, todo con tal de no dar un peso superior a 57 kilos, categoría en la que competía, y que incluso tanto en las Olimpiadas como a lo largo de su carrera “me hacía pasar hambre, y en una época con esa edad de 16-17 años, se sufre y te debilita”, por lo que para la cena “sales minerales, hidratos de carbono y proteínas, lo justo para recuperar”.


Y comenzaron las Olimpiadas en 1992 en Barcelona. Y en la retina de todos los aficionados quedará siempre ese gesto de concentración tan característico de Faustino Reyes, que tanto en el ring como en sus salidas desde vestuarios al cuadrilátero del antiguo pabellón del gran Joventut de Badalona, daba muestra de una seriedad y madurez impropia para su edad.


“Fernando Serra, mi entrenador, me hizo ser una persona madura, yo era muy serio, muy puntual”, y todo porque desde el principio cuando lo acogió como a un hijo “fue como un padre, él me preparaba los mejores filetes, las mejores paellas, las mejores verduras para mantener una alimentación equilibrada, todo..”, para en el aspecto boxeístico recordarnos Faustino que el míster “nunca dejaba de aprender, leía libros de boxeo de Gran Bretaña, de Cuba, que es de las mejores escuelas de boxeo del mundo, y experimentaba y probaba hasta sacar lo mejor de mí”.


En el primer combate de Barcelona ’92, los Juegos Olímpicos más laureados para el deporte español con 22 medallas, Faustino Reyes se impondría con clara superioridad a un británico en primera ronda, donde a pesar de la clara ventaja en el marcador respecto a Brian Carr, aún recuerda lo “nervioso, nervioso” que estaba cuando saltó por primera vez a disputar un combate olímpico. No se debe olvidar que en julio de 1992 Faustino apenas tenía 17 años y 3 meses.


El siguiente escollo fue el tailandés Somluck Kamsik, al que define “el mejor de todos” y al que se impuso por 9 puntos de diferencia en un magnífico combate de boxeo. No obstante, el conocimiento de boxeo y la memoria de Faustino es tal que, recuerda, y efectivamente los datos lo atestiguan, que su rival se proclamaría “medalla de oro en Atlanta en la misma categoría”, en 1996, de ahí el enorme mérito del, a su juicio, el “combate más completo” que realizó en Barcelona. De hecho, el tailandés venció en semifinales de Atlanta al afamado estadounidense Floyd Mayweather, uno de los que posteriormente ha sido de los mejores boxeadores profesionales del planeta proclamándose campeón del mundo en cinco categorías distintas.


Faustino explica que en Barcelona 92 “me enorgullece que llegué a la final con un sorteo muy difícil, porque Gran Bretaña da buenos boxeadores frecuentemente, el tailandés, ya ves, y luego vencer a un cubano en cuartos con Cuba que consiguió 8 medallas de oro en boxeo en Barcelona y al ruso en semifinales, fue tremendo, yo que era un novato que llegaba de un humilde gimnasio de Almería y que iba a las OIimpiadas para aprender para Atlanta”.


A pesar de que el seleccionador era Manuel Pombo, Faustino Reyes llevaba impresa la línea marcada por Fernando Serra: “Que Fernando estuviera allí en las Olimpiadas y pudiera tenerlo cerca fue muy importante, me hacía salir con una fuerza impresionante al ring, sus consejos eran verdaderamente muy buenos”.


En efecto, tras ganar al cubano Eddy Suárez en cuartos de final no sin dificultades pero con plena justicia, “ahí es cuando me di cuenta de que podía llegar a hacer algo grande”, como ya se reflejaba con los huecos y páginas completas incluso, que le empezaba a dedicar la prensa: “Yo leía los periódicos, los veía y me hacía mucha ilusión la verdad, pero mi mente siempre estaba centrada en el entrenamiento”, recuerda Faustino.


El combate de semifinales contra el “ruso”, como Faustino lo llama, en concreto georgiano, Ramazi Paliani, fue igualadísimo hasta el segundo asalto, que acabaría 8-7 a favor de Faustino Reyes, demostrándose la madurez del marchenero en los momentos claves, donde con la gran técnica de piernas y la polivalencia de buenas manos derecha e izquierda, como refleja una excelente crónica de El Periódico de Catalunya firmada por Sergi López Egea, le hizo firmar un sobresaliente tercer asalto y acabar por desquiciar a Paliani, que le golpeó en la nuca siendo penalizado (aunque incluso sin la penalización le habrían sobrado 3 puntos a Faustino) y ampliar su ventaja final a 14-9 ante un boxeador que sería 3 veces campeón de Europa, 1 del mundo y diploma olímpico en Atlanta, donde fue quinto.


Fue un combate memorable que hacía que por primera vez en la historia un español aspirara al oro en boxeo (lo máximo había sido un bronce del asturiano Rodríguez Cal en 1972 en Berlín) y entonces, en Badalona, donde Faustino recuerda el aliento de “más de un centenar de marcheneros”, entre ellos sus padres, muchos componentes de su familia y seguidores del boxeo marchenero, que portaron aquella pancarta de “Faustino, Marchena está contigo”, tanto en semifinales como en la final, todo fue un clamor por la hazaña de nuestro paisano.


El ambiente que reflejan las crónicas y que en la memoria de los aficionados que vieron las retransmisiones queda es aquel del gran grito de guerra “Faustino, Faustino”, con un pabellón entregado, ya que Faustino siempre fue un tipo que cayó bien y se ganó al público con esa mezcla de inocencia y desparpajo fruto de su edad: “El público me llevó en volandas, los voluntarios estuvieron impresionantes, guardo en mi casa la pancarta que llevaban a cada combate”, narra Faustino Reyes, al que jamás se le va a olvidar la presencia del Rey Juan Carlos de Borbón en el vestuario tras ganar las semifinales: “Bueno, antes de llegar al vestuario fue una locura, primero una voluntaria me pidió que le diera algo que tuviera, cualquier cosa, y le di los calzoncillos, y luego ya llegó al rey, yo le decía usted, tenía 17 años y no me acordaba de que había que llamarle Majestad, como me dijo Fernando Serra”.


Pero poco le importó eso al Rey, que atravesó los estrechos pasillos del antiguo pabellón del Joventut: “Yo le decía, que se va a mojar usted, estoy todo sudado, pero a él no le importó, me decía que defendí muy bien a España, se llenó todo de de sudor, que él decía que era sudor de campeón”, rememora Faustino, que comenta que el Rey se excusó con él de cara a la final comentándole “como si fuera un colega”, algo que sorprendió gratamente a Faustino, que “tenía que ir a la de fútbol” el mismo día, aquella en la que España logró en el Nou Camp ganar 3-2 a Polonia en un partido inolvidable.


Las Olimpiadas acabaron para Faustino el 9 de agosto en la gran final, un día en el que no tuvo buenas sensaciones desde que se le olvidaron sus botas y protector bucal, dejándole prestado ambas cosas el campeón cubano de superwélter, Carlos Lemus, protector que sería bañado “en lejía” sin que lógicamente lo supiera el cubano y botas dos números más grandes que el pie de Faustino, lo que le hizo perder la concentración ante esa gran final para la que “llevaba todo preparado” menos esos dos elementos, y anécdota ésta que recuerda con cierta amargura, ya que “con Serra no se hubiera olvidado”.


El alemán Andrea Tews, cuatro años mayor que Faustino y que había sido plata en Seúl cuatro años antes, no dio opción, pero la gloria ya estaba ganada para el marchenero, que con su sonrisa en la entrega de medalla fue recomponiéndose de la derrota en la final. A su madre le tocaría cumplir la promesa de estar dos meses descalzas que había declarado tener la intención de realizar, y que entre unos y otros le hicieron poco a poco desistir pese a que comenzó ejecutándola.


Y además de un premio como ser pregonero de la Feria de Almería, donde recuerda que “ni podía andar por las calles, con la gente pidiéndome autógrafos cuando llegué”, en nuestro pueblo se le reconoció como tal con un homenaje y cena posterior en el restaurante Alhambra que el Ayuntamiento, con el alcalde Manuel Ramírez a la cabeza y Manuel Martín Romero como concejal de Deportes, prepararon siendo un éxito y con la presencia de numerosas personas del mundo del deporte, clubes, asociaciones y empresas que le entregaron todo tipo de obsequios. A ambos, y a todo el pueblo de Marchena, Faustino se muestra “muy agradecido, se portaron muy bien en todo momento”.


Con Manuel Martín Romero, que recuerda que Faustino en el fin de semana que estuvo en Marchena para ser homenajeado “no perdió el tiempo y sorprendentemente, en vez de tomarse un descanso, se puso a entrenar una tarde todavía con mucho calor, en el gimnasio del antiguo colegio Manuel Medina, comenta Faustino en esta entrevista como el feelling fue inmediato cuando el concejal le comentó que era familiar de los Cortina, con quienes “yo me críe, me he comido pocas tostás con manteca colorá con Kisco, José María, Antonio, Pilar, Macu, Juani, David, Miguel…” rememora el boxeador.


También estuvo presente en el homenaje a Faustino Reyes, el otro olímpico marchenero, en 1976 en fútbol, con la selección española, Mariano Pulido, con quien le hizo a Faustino enorme ilusión coincidir. Tampoco faltaron filas y filas enteras de niñas que se agolparon para pedirle autógrafos tras el acto en el Ayuntamiento, demostrando ser en la época en el boxeo lo que Julen Guerrero al fútbol en esta faceta.


Tras este homenaje, el punto final del tributo que le rindió Marchena vino con una velada internacional con la presencia de boxeadores de todo el mundo, celebrada en el pabellón cubierto en el mismo septiembre de 1992, y en la que no cabía un alfiler, como personalmente recordamos y como Faustino así atestigua: “Aquello fue impresionante, yo recuerdo que no podía ni llegar al ring de la gente que había”. Faustino ganó su combate ante el clamor del público marchenero, que no había disfrutado de otra velada de similar calibre.


Posteriormente, a pesar de los tres campeonatos internacionales de Boxam ganados, y un campeonato de España en categoría absoluta nuevamente en 1995, además de la consecución del trofeo internacional de Sofía, todo un referente en el calendario europeo de boxeo, siempre le pesó el hecho de romper con su entrenador Fernando Serra y tener que “adaptarme” a un boxeo más pegador del seleccionador Manuel Pombo.


Pero más allá de las diferencias estilísticas, parece que Pombo no aceptó de muy buen grado que Faustino, imbatido en España, le hubiera ganado a “todos los boxeadores que cogía Pombo” con anterioridad.


“Nunca me trató como un medallista olímpico”, asegura Faustino Reyes, que aún reconociendo que no se adaptó al estilo del entrenador y que el equipo español del momento era “muy bueno”, se hizo deportivamente ser rebelde al estilo de Pombo en ocasiones.


A pesar de todo, los éxitos deportivos siguieron estando a la vista y aunque en el preolímpico le afectaron estos problemas y sobre todo “el no tener a Serra al lado”, recibió una invitación del Comité Olímpico Internacional para las Olimpiadas de Atlanta 96 como medallista que fue en Barcelona, si bien “ya con el chándal y las maletas preparadas y todo, Rubén Martínez”, presidente de la Española y con el que le unía una buena relación “me llamó llorando porque un país árabe había puesto mucho dinero al COI y había comprado la invitación, así que esa plaza ya no era para mí”.


A partir de ahí, el alejamiento de Serra, los problemas con Pombo y la ausencia en Atlanta, le hicieron albergar una “rebeldía que acabé pagándola conmigo, con mi físico y con mi vida”, señala Faustino Reyes, al que no obstante, su espíritu combativo y talento le daría para participar en la Bundesliga de boxeo con el Hertha de Berlín y seguir en este deporte varios años más.


El frío de Berlín, el idioma con su “gramática horrible” y una gran ciudad como Berlín donde tenía que coger el coche dos horas diarias para ir a entrenar, hicieron que la adaptación a Alemania, donde también dejó parte importante de su vida, no fuera todo lo buena que hubiera deseado y ya la preparación para Sidney estuvo lejos de ser la de anteriores Olimpiadas.


Volvió a Marchena, y como reflejaba en una entrevista en Marca, “no se me caen los anillos” por trabajar ganándose la vida como uno más vendiendo aceitunas, naranjas o trabajando en el mercadillo con familiares suyos.


Mientras que en este inicio de Olimpiada, cuando se realizó la entrevista, tenía esperanzas de que el boxeador afincado en Huelva Kelvin de la Nieve, pudiera repetir el éxito para el boxeo español, que tanto Faustino en Barcelona como Rafa Lozano en el 2000 en Sidney consiguieron con la plata, nos comenta como le llenó de satisfacción, ya una vez retirado del boxeo, reconciliarse con su “media medalla” de Barcelona’92, su entrenador Fernando Serra, que ya enfermo y con Faustino yéndolo a visitar para verlo, “se puso a llorar, me decía mi niño, mi campeón”, en un momento emotivo que felizmente se produjo antes de que el entrenador hace poco más de 5 años falleciera.


Luego tuvo 3 años donde trató de demostrar su capacidad, y bien que lo hizo, sacando dos subcampeones de España en tiempo récord, como Antonio Muñoz Tete, que en este momento de la entrevista recuerda la “química similar” que había entre él y Faustino como entre Faustino y Serra, o José Manuel Durán, pero la falta de apoyos, que incluso le hizo rechazar un nombramiento para la Gala del Deporte que le propuso el gobierno del PA-PP, asegura, y las dificultades propias de este “duro y difícil deporte”, así como las dimensiones de un pueblo pequeño como Marchena que hace que no todos los días salgan deportistas con talento para algo tan complicado como ser medallista, no han sido circunstancias todas ellas fáciles para el boxeo ni para Faustino.


Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, y Rafael Lozano, con quienes mantiene muy buena relación y a quienes agradece sus propuestas, le han ofrecido trabajo para llevar los valores del olimpismo a las escuelas, pero eso de desplazarse a Madrid, no le compensa demasiado teniendo en cuenta que siente el deber de estar con sus padres en momentos algo delicados de salud para ambos, nos comenta.


Cuando publicamos esta entrevista, Kelvin de la Nieve en un combate con polémica arbitral y el otro representante español, han caído a las primeras de cambio en Londres 2012. Desde 2000, y como mínimo hasta 2016, el deporte español estará sin medalla en los Juegos en boxeo, algo que se ha dado sólo en cuatro citas olímpicas en la historia y en su mayor grado, en la plata, en Barcelona 92, con el aliciente de que fue la primera de la historia, la lograda en el olimpismo español por un deportista tan joven, la que llevó el nombre de Marchena por las nubes a las que Faustino llegó tras un trabajo en el boxeo en el que dejó lo mejor de sí durante más de una década.


Ahí queda, y ahí sigue esa medalla que 20 años después ha tenido eco nuevamente en medios de comunicación como Marca, Mundo Deportivo, El Periódico de Catalunya o La Voz de Almería entre otros muchos, y que se enfunda Faustino en el centro de Marchena como si estuviera aún en el cuadrilátero desafiando puño en alto y mirada fija. Como si enfrente en lugar de la cámara tuviera a Brian Tarr, Somluck Kamsik, Eddison Suárez, Ramazi Paliani o Andrea Tews, con esa ilusión y nobleza que caracteriza a Faustino Reyes y que será aún más eterna que su gloriosa medalla.