Entrevistas

José Raúl Martín, que mañana martes recibirá el Premio del Día de Andalucía 2012, es un libro que nunca se termina de leer. Paseando por el barrio de San Juan, en cuya parroquia está bautizado nos cuenta a retazos la aventura de su vida, una vida intensa y rocambolesca, con un denominador común: su amor por Marchena.


José Raúl Martín nació allá por el año 1926 en el Paseo del Piojo, como él quiere que lo llame, aunque pronto se mudaría a la calle San Pedro donde su padre Pepito Blandura regentaba una tienda de ultramarinos. Pero pronto pasó de Blandura a Millonario al ser agraciado en el sorteo de la Lotería.  Ese acontecimiento le cambió la vida porque a los nueve años la familia decide trasladarse a Sevilla,  “con Marchena metida en el corazón”, donde su padre no tardaría en dilapidar la inmensa fortuna que en aquel tiempo suponían dos millones de pesetas.
 
 
 
Segundo de nueve hermanos, aún recuerda a fray Tomás que le enseñó sus primeras letras en el Colegio de Agustín y refiere con orgullo como “reposaba en las rodillas de Melchor o de Pepe Marchena”.
Quiso ser torero “pero no me dio el pellejo y me corté la coleta antes de debutar”.  Estaba claro que lo suyo era el flamenco y pronto daría los primeros pasos en la Academia de Enrique el Cojo. Pero Sevilla se le queda pequeña y a los 17 años se marcha a Madrid “para buscarme la vida” y muy pronto entra a formar parte de Zambra, el espectáculo de Lola Flores y Manolo Caracol en el teatro Maravillas. Pero las 60 pesetas que ganaba le resultaban insuficientes, así que “agarré un barco y me fui a Argentina para actuar en El Tronío, donde conocí a Ramón J. Sender y a Rafael Alberti”.
Recorrió toda América del Sur llevando siempre su arte y el recuerdo de su añorada Marchena y fue en Colombia donde conoció a Nora, una bailarina argentina que formaba parte del elenco de un ballet ruso “a la que enseñé a bailar por bulerías y con la que hace 54 años que comparto mi vida”.
Con Carmen Amaya volvió a recorrer gran parte de América del Sur para finalmente aceptar una oferta en Miami, concretamente en el Toreador, donde permaneció junto a Nora un mes, porque “un empresario de Nueva York nos ofreció una gira por las principales ciudades de Estados Unidos”.
 
 
 
 
Antes de fijar su residencia definitivamente en Hollywood “que era mi sueño”, vivió en Nueva York donde montó un estudio de fotografía antes de abrir su propio local de baile ya en Los Ángeles al que puso El Cid, “porque aquel año se estrenaba la película de Charlton Heston”. Por aquel local pasaron personajes como Marlon Brando, Lana Turner o Lone Green, el padre de Bonanza, y llegó a firmar un contrato con la Paramount  para hacer de secundario de Bop Hope o Fernando Lamas entre otros, pero se marchó “porque me obligaban a hacer de palmero a un mexicano que bailaba flamenco”.
Su inquieta personalidad le llevó a afiliarse como voluntario a la guerra del Vietnan, “aunque no llegué a ir porque se terminó antes de acabar mi período de instrucción”. 
José Raúl Martín lleva la aventura en la sangre, pero “siempre que he podido me acercado a Marchena, por tres razones: para ver a mi familia, para visitar la iglesia de San Juan donde me bauticé y para comerme tres molletes y tomarme una copa de aguardiente”.
 
 
 
Desde que se fue siendo niño lleva a Marchena metida en el corazón. En el portal de su casa figura la inscripción Marchena. San Juan, el nombre de nuestro pueblo está grabado en la matrícula de su coche, su tarjeta de visita es un lienzo del Arco de la Rosa y “cuando me muera ya le he dicho a mi mujer que guarde las cenizas en una cajita y las tire desde lo alto de la torre de San Juan”.
José Raúl Martín, que recibió con una inmensa alegría la noticia de su galardón, es padre de tres hijos y abuelo de cinco nietos, a los que dedica su nombramiento “y también a Nuestro Padre Jesús Nazareno”.
 
 
 
 
 
Desde La Voz de Marchena queremos agradecer a Mª Carmen Romero, a Soledad y a José Antonio el hacernos partícipes de una tarde con este polifacético marchenero. Amigos del artista al que conocieron con motivo de un reconocimiento en la Fiesta de la Guitarra,  han tenido la oportunidad de visitarlo en Hollywood y comprobar in situ el cariño inmenso que este hombre siente por Marchena.
 
 
Ahora Marchena quiere demostrarle que el amor es mutuo y recibe con los brazos abiertos  a aquel niño, hijo de Micaela y de Pepito Blandura, que un día se fue para no olvidarla nunca.