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ENTREVISTA. Doctor en Geología Estructural por la Universidad Autónoma de Barcelona, el marchenero Carlos Ponce Escudero narra de forma detallada y entusiasta una experiencia de fuertes contrastes socioeconómicos en Angola, país del suroeste africano en el que los rascacielos, grandes hoteles y edificios corporativos instalados en la capital Luanda a raíz del boom del petróleo a principios de este siglo, contrastan con las chabolas que le rodean, o más ampliamente, en el conjunto del país, con estampas rurales que nos retrotraen al pasado más remoto: ‘sobas’ que imponen su jerarquía en pequeñas comunidades, niños felices, sonrientes y autosuficientes en plena armonía con su entorno natural, bueyes cargando rocas para poner los cimientos de casas de palos cubiertas de paja o poblados seminómadas en zonas desérticas. De esta forma, nos expone Carlos una amplia visión de Angola, donde vive “una oportunidad única de conocer zonas remotas que describen y conforman el país desarrollando la profesión que más me gusta, la Geología, que responde a grandes preguntas de la humanidad”.


 

'La Voz de Marchena': Actualmente trabajas en África. ¿Cómo ha sido el recorrido que te ha llevado a este continente?

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Carlos Ponce Escudero: Estudié Geología en la Universidad de Granada, y luego tenía opción de realizar Máster bien orientado al mundo laboral o al académico. Sentí cuando acabé la licenciatura que no había aprendido aún la suficiente Geología y que quería aprender más, me gustaba la Geología, me gustaba estudiar y quería hacer de ello mi profesión, así que me decidí por el Máster con orientación académica. Fueron momentos en el que con el boom de la construcción, casi todo el mundo se enfocó por la geotecnia, pues había mucha demanda de empleo y se ganaba mucho dinero. En su lugar, opté por una beca de Doctorado y estoy muy contento de haber seguido este camino.

Conseguí una beca en la Universidad Autónoma de Barcelona y tuve como director de tesis a quien se considera el padre de la Geología Estructural en España. Realmente ahí es donde me formé, acabé de madurar y evolucioné como geólogo. Cuando terminé la Tesis, había conocido a un geólogo que dirigía un Master de Geología del petróleo en una Universidad de Tanzania. Él trabajaba para Statoil, la petrolera noruega, que estaba haciendo exploraciones en el país. Cuando un país tiene petróleo y no tiene capacidad ni científica ni tecnológica para explotarlo, divide su territorio en bloques y los alquilan a compañías petroleras. Estas hacen prospecciones y si luego hay explotación, los beneficios se suelen repartir al 20% para el país y 80% para la petrolera, hasta que ésta recupera la inversión y entonces cambia el porcentaje al 40% de beneficios para el país y 60% para la petrolera. Suelen ser contratos complejos que pueden comprender la construcción de infraestructuras y generalmente formación para los geólogos del país... en ese marco se desarrollaba aquel Máster del Petróleo en la Universidad de Dodoma (Tanzania), y el geólogo conocido me contrató para dar clases de Geología Estructural. Esta fue mi primera experiencia en África.

V.M: En concreto, trabajas en un proyecto de nivel nacional del Gobierno de Angola. ¿En qué consiste este proyecto?

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Carlos P.E: El proyecto se llama PLANAGEO (Plan Nacional de Geología) y consiste en la realización de la cartografía geológica de todo el territorio nacional de Angola. Es un proyecto que busca la diversificación económica del país, pues la divisa de Angola dependía prácticamente de la extracción de hidrocarburos (de hecho la compañía petrolera nacional, Sonangol, acapara el 90 por ciento del PIB) y después de la crisis del petróleo de finales del 2008, donde el precio del barril de crudo cayó en picado de su máximo valor histórico (134$) a poco más de 40$ en unos meses, el país entró en una grave crisis. Muchas empresas extranjeras sufrieron impagos y se marcharon paralizando y dejando a medias muchas obras de infraestructuras. Como es un país que no tiene ni industrias ni servicios muy desarrollados y buscan activar la economía rápidamente, pues están apostando por sus recursos minerales y para ello necesitan saber qué geología tienen.

Al margen de toda esa cuestión económica, en lo que a mí respecta hago un trabajo científico-técnico: la realización de mapas de geología. Soy geólogo y tengo conciencia ambiental, lo que a priori puede ser un impedimento para mi desarrollo profesional. Aunque entiendo que el ser humano para su desarrollo social necesita de energías y de materia prima, creo que el sistema energético debiera estar basado en energías limpias y que la extracción de materia prima debiera hacerse a un ritmo sostenible. Por eso hasta ahora he evitado trabajar en compañías mineras y petroleras. Ahora trabajo para el IGME (Instituto Geológico y Minero de España), que se encarga de la realización de los mapas geológicos de algo más de un tercio del país, lo que viene a ser una superficie poco menor que la de España. Angola es un país con una superficie de 1.200.000 kilómetros cuadrados, dos veces y media España aunque no lo parezca sobre los mapamundis. La manera más exacta de representar la Tierra es el globo terráqueo. Para representarla en mapa, que es una superficie plana, se utilizan sistemas de proyecciones geográficos, pero al perder una dimensión siempre se pierde información. La proyección que se ve en la gran mayoría de los mapamundis es la de Mercator, que respeta los ángulos pero no las áreas, con lo que los países situados entre los trópicos aparecen infra-dimensionados y los que están están fuera de la zona inter-tropical aparecen sobredimensionados. El máximo ejemplo de esto sería el Polo Norte que en el globo es un punto y en el mapamundi aparece como una línea que cruza de Este a Oeste todo el mapa.

Debido a las grandes dimensiones sobre las que trabajamos, hacemos mapas geológicos a escala 1:250.000 de áreas de un grado de latitud por un grado de longitud, que en estas latitudes vienen a ser unos 12.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente similar a la provincia de Granada. Por esta extensa área nos desplazamos en unos todoterrenos muy bien equipados con depósitos extras de gasoil, tiendas de campaña, mesas, sillas, cocina, palas, muchas herramientas, un motorcito por si nos atascamos… Cada equipo lo forman un conductor y un geólogo, y usando de base cartográfica unos mapas topográficos que hicieron los portugueses en los años 70 intentamos acceder al mayor número posible de puntos para el observar el mayor número de rocas. Llevamos una Tablet con GPS y en un software de Sistema de Información Geográfica tenemos cargados muchos mapas georreferenciados (los topográficos, aeromagnéticos, radiométricos, de teledetección…), y todo esto nos ayuda a desplazarnos. Eso y preguntar a los locales, que son los que mejor conocen los caminos.

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Una vez cubierto todo el área hacemos el mapa, que básicamente consiste en representar los distintos tipos de rocas sobre el mapa topográfico, así se puede saber qué rocas hay en qué sitios. El mapa se acompaña de una memoria explicativa, en la que se describen detalladamente las rocas, se ordenan cronológicamente, se describe la estructura geológica del área, la historia geológica…

V.M: ¿Qué te apasiona de la Geología? ¿Supone un sueño poder conocer diferentes enclaves mundiales, como en este caso Angola, ejerciendo la profesión que te gusta?

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Carlos P.E.: En un sentido amplio, estudiar Geología es entender el mundo que nos rodea. Una de las grandes preguntas de la Humanidad es: ¿por qué estamos aquí?. Esa cuestión tiene una vertiente metafísica de la que se ha encargado la religión y la filosofía, y otra más física o empírica:¿de qué se compone el planeta Tierra?, ¿por qué su superficie se divide en continentes y océanos?, ¿por qué surgen las montañas?, ¿por qué hay volcanes?, ¿por qué se generan los terremotos?... son preguntas inherentes a la Humanidad y creo que ha debido de ser la motivación principal de muchos geólogos a lo largo de la Historia.

En un sentido más concreto, desde pequeño salía al campo con mi familia y con el Taller Verde y ahí empezó el gusto por el entorno natural, la montaña…. En cuanto a área del conocimiento me gustaba la ciencia, y en COU tuve de profesor de Geología a Manuel Ramón, integrante del Taller Verde y apasionado del medio natural que me transmitió su pasión. Así, creo que mezclando la motivación filosófica con la física, salió el estudiar Geología.

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En el sentido técnico, me he especializado en Geología Estructural, que trata de la geometría de las estructuras que se crean en las rocas a causa de la deformación. La Tierra, así como la Luna o Marte no lo son, es un planeta geodinámico debido principalmente al denominado ‘calor remanente de la formación’, pues cuando la tierra se formó era una bola de fuego y con el paso del tiempo geológico (la unidad de tiempo en geología es el crón, que es un millón de años) se fue enfriando y solidificando los distintos materiales con distintos grados de fusión, dando así lugar a las distintas capas de la Tierra. En el interior se conserva aún este calor que va saliendo al exterior a través de volcanes y dorsales oceánicas, y que es el motor de los procesos geodinámicos: las corrientes de convección que se producen en el manto es el mecanismo de conducción de las placas tectónicas, y los movimientos de éstas son los que causan las deformaciones de las rocas de la corteza terrestre. La Geología Estructural estudia las estructuras causadas por la deformación (pliegues, fallas, zonas de cizalla...).

Además, es una especialidad muy relacionada con la Geometría, que siempre me llamó la atención en Matemáticas, de hecho mi hermano Manuel es matemático, así como la trigonometría, el cálculo de elementos geométricos a partir de otros y todo eso lo incluye la Geología Estructural, que es la parte que más me gusta de la Geología.

Otra cuestión que me apasiona de la Geología son las dimensiones de espacio y tiempo con las que se trabaja. Si comparamos la edad de la Tierra, que tiene 4.600 millones de años, con un año (es decir, como si la Tierra se hubiera formado un 1 de Enero y el día de hoy fuera el 31 de Diciembre a las 12 de la noche) el ser humano abría nacido el 31 de Diciembre a las 23:59 horas y 46 segundos, solo 14 segundos antes de las campanadas. El Imperio Romano habría surgido en el último segundo del año. Eso da una idea del poco tiempo que llevamos aquí. En cuanto al espacio, pues vivimos sobre la corteza de la Tierra que representa solo el 1% del volumen total del planeta, y nuestro planeta es más de un millón de veces menor que el Sol.

Desde pequeño cuando veía un globo terráqueo o un mapamundi, sentía la curiosidad de explorar, así que digo que SÍ en mayúsculas, que es un sueño poder conocer diferentes lugares del mundo a través de mi profesión.

V.M: ¿Cómo es el día a día en Luanda, la capital del país, considerada la ciudad más cara del mundo? ¿Cómo son sus calles, su gente, su funcionamiento urbano, modos de transporte...?

Carlos P.E.: Luanda es la ciudad más cara del mundo. Acaba de adelantar a Hong Kong y ya lo fue anteriormente en el 2008. Todo sucede porque cuando acaba en 2002 la guerra civil y una suma de 40 años en guerra (incluida la de la independencia) Angola se convierte de la noche a la mañana en una de las principales productoras de petróleo crudo del mundo, lo que produjo un gran boom económico en la capital, principalmente.

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Se construyen entonces en Luanda grandes rascacielos, hoteles, las empresas coorporativas instalan allí sedes dando lugar a un skyline impresionante rodeado de museques, como se les llaman allí a las chabolas. La ordenación urbana es nula, con calles con muchos agujeros, mal alquitranadas, y por otra parte, no hay transporte público; sí existen ‘taxis’ que son como furgonetas bastante características y graciosas, los candongueiros, que hacen un recorrido fijo y que sabes el recorrido que hacen porque hay uno asomado por la ventana cantando el destino del candongueiro y si van adonde te interesa, pues los paras y entras. Suelen ir llenos, con 12 o 13 personas y cargados de bultos.

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Existen dos economías paralelas, aquella que corresponde a la de la ciudad más cara del mundo (en 2007, un apartamento en el centro de la capital de única habitación, costaba 7 u 8.000 dólares) y una economía de supervivencia que es la que existe en los museques. Esto obviamente origina mucha delincuencia.

Demográficamente, Luanda es una ciudad de muchos milllones de habitantes, unos cinco millones, debido también a que durante la guerra, el Frente Nacional de Liberación de Angola tenía presencia en zonas rurales y a todos los hombres en edad de luchar, los captaba para su ejército. Si se negaban, los mataban, por lo que mucha gente huyó a las ciudades, lo que ha hecho que Luanda crezca con grande suburbios alrededor de su centro. Mucha gente que vive en las afueras salen a las cinco de la mañana, se echan a dormir en los candongueiros o en el coche en el que vengan unos cuantos y despiertan casi a las ocho al llegar a sus trabajos, y luego igual a la vuelta.

V.M: Angola cuenta con un pasado colonial portugués de siglos y una guerra interna entre 1975 y 2002 que siguió a la anterior lucha por la independencia, ¿cómo fue esa historia, qué cuentan las gentes del lugar?

Carlos P.E.: Los portugueses comenzaron a colonizar Angola desde 1483 y permanecieron hasta 1975, que fueron expulsados. Durante gran parte de ese tiempo utilizaron a los negros como esclavos, mandándolos a Brasil para sustentar la economía de aquella colonia. En 1961 empezó la guerra de descolonización. Eran tiempos de la Guerra Fría, y como se conocía que Angola tenía petróleo y otros recursos naturales, pues los distintos bloques de la Guerra Fría armaron y apoyaron a distintos grupos de poder dentro del país. El izquierdista Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) –quien ganó la guerra y aún continúa en el poder- liderado por Agostinho Neto recibió el apoyo de Cuba, China y la URSS, el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), de tendencia derechista y prooccidental, liderado por Holden Roberto fue apoyado por Estados Unidos, España y la Sudáfrica del apartheid, y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), liderado por Jonas Savimbi fue apoyado también por Sudáfrica . El 11 de noviembre de 1975 cuando expulsan a los colonos portugueses de Angola, todos se autoproclaman vencedores. En las tres ciudades más importantes hay tres declaraciones de independencia y cada grupo armado se atribuye el mérito: Agostinho Neto, líder del MPLA, proclama la independencia en Luanda, Savimbi en Huambo (la antigua capital colonial, y la ciudad donde estoy ahora), y el FLNA en Malanje, por lo que comienza la Guerra Civil entre ellos. Savimbi llama al FLNA a unirse con él en Huambo para hacerse fuertes en el Sur y hacer un frente de guerra contra el MPLA, pero cuando acuden los del FLNA Savimbi mata a sus dirigentes y se hace con sus soldados y sus armas liderando él la guerra contra el MPLA y su líder Agostinho, presidente del país hasta que murió en 1979. De todas maneras, Savimbi solo duró unos meses en Huambo, pues los tanques cubanos del MPLA llegaron a la ciudad en febrero de 1976, por lo que Huambo pasa a formar parte del MPLA y Savimbi se repliega a las zonas rurales, que domina. Allí más que atacar, lo que hacía era resistir: asaltaba trenes y camiones con avituallamiento y comida, captan a gente en edad de luchar amenazándolos con matarlos si no se incorporan a sus filas, para alimentarse mataban a los grandes mamíferos como elefantes, jirafas, leones, gacelas, rinocerontes... causando un gran exterminio de ellos y los que sobrevivieron emigraron a los Parques Naturales de Namibia, con lo que el paisaje angoleño se quedó desierto de los grandes mamíferos africanos. Ahora están volviendo naturalmente, pero pasará mucho hasta que Angola vuelva a tener un Parque Natural.

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Fue una guerra cruenta. Me cuenta un vecino de 68 años, al que le falta una pierna y que es historia viva del país, que una tía suya que viajaba en un tren, presenció cómo los guerrilleros de Savimbi asaltaron el tren. Le pusieron grasa a las vías para que el tren se escurriera y no avanzara, entraron, mataron a más de cien personas y cogieron sus pertenencias. Esta mujer se salvó porque se escondió debajo de los asientos.

La zona en la que estoy fue la zona de mayor resistencia de UNITA. Aún encuentras tanques a los lados de la carretera que saltaron por minas antitanques, zonas delimitadas porque aún puede haber minas antipersonas... Angola es el segundo país del mundo con más minas antipersonas, se calcula que aún hay 11 millones. De todas maneras, pese a lo sanguinario de los enfrentamientos, no se ve que exista una brecha social, pues el movimiento UNITA no fue una resistencia popular sino un grupo bien armado haciendo frente al gobierno del MPLA. Al no haber existido una población civil dividida, no existe a día de hoy una confrontación por haber pertenecido a un grupo u otro. Si hay dos Angolas, no son como las dos Españas que refería Antonio Machado, son dos Angolas diferenciadas por nivel socio-económico. La sensación que queda es que si el inicio de la independencia hubiera transcurrido de una forma más cívica, quizá no estaríamos en un punto tan de desarrollo en ciernes, como en el que estamos en Angola.

V.M: ¿Cómo es el proceso de reconstrucción de infraestructuras y económico del país? ¿Has notado ambición económica y de crecimiento, de convertirse en una gran potencia con el tiempo?

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Carlos P.E.: La verdad es que la mayoría de la población vive aún de una manera muy tribal, en poblados donde domina la economía de subsistencia. Han ejercido la ganadería y labranza durante milenios, y aunque en las grandes ciudades sí hay infraestructuras y desarrollo económico tal y como lo entendemos en Occidente, el grueso de la población está muy lejos de todo ello. Al fin y al cabo quien realmente acaba desarrollando un país es su gente. En este sentido, Angola (y el África Subsahariana en general) no tiene aún un desarrollo científico-tecnológico comparable al de Occidente. Una anécdota fue cuando uno de los primeros días tuvimos un pinchazo y sacamos el gato hidráulico para cambiar la ruedas y el chófer me dijo que menos mal que lo inventamos los blancos, que si no tendrían que venir muchos negros a levantar el coche para cambiar la rueda. Entonces caes en la cuenta de que las culturas occidentales estamos científica y tecnológicamente hiperdesarrollados en relación a las culturas subsaharianas. En el momento de la colonización, se debió dar una fuerte confrontación de conocimiento científico, pues ellos traían un recorrido social tribal que no debían ir mucho más allá de la suma (no hay evidencias de escritos en el África subsahariana previos a la colonización) y nosotros ya llevábamos hasta milenios de desarrollo de ese conocimiento desde nuestros queridos sabios griegos. ¿Y cómo es posible que después de varios siglos aún sigan igual? Pues porque te das cuenta de que el mundo occidental no hizo partícipe de estos desarrollos a los territorios colonizados. Los colonos no fueron allí a abrir Universidades y compartir el conocimiento con ellos, sino a explotar los recursos humanos y naturales. Y a evangelizar, que eso sí lo hicieron muy bien. Hay multitud de Iglesias Evangélicas con los nombres más rimbombantes (Iglesia del Reino de los Príncipes de los Cielos, Iglesia Universal del Reino de Dios, Iglesia Nuestro Señor Jesucristo en el Mundo…). Los colonos implementaron una nueva estructuración social fundando ciudades que convivían con la estructuración tradicional tribal, pero no la dotaron de las herramientas para su desarrollo, sino que las hicieron dependientes de occidente. Y consecuencia de esto es que a día de hoy esa nueva cultura post-colonización, la de las ciudades modernas, está en pañales en cuanto a conocimiento científico y desarrollo. Pequeñas anécdotas que lo demuestran: un chófer del equipo de trabajo que había estudiado hasta primero de Derecho no sabía reconocer África en un mapamundi. Otro pensaba que el Sol daba la vuelta a la Tierra. Otro trabajador, al que le pregunté que qué estaba más cerca, si la Luna o Brasil, me respondió que la Luna, porque Brasil no se veía desde Huambo.

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Luego la sociedad tribal continúa en las zonas rurales casi inalteradas. El observar algunas construcciones coloniales abandonadas (Haciendas y caminos coloniales principalmente) hace evidente que el sistema social tribal es el camino natural de estas personas. Este sistema se organiza entorno a pequeñas aldeas con casas construidas de palo o adobe y techos de paja. Cuando preguntas a la gente de la aldea cuantos habitantes tiene el poblado, responden curiosamente con el número de casas, supongo que por las altas tasas de natalidad y mortandad que hacen el número de personas más variable que el de casas. O simplemente porque no hacen censo. Un poblado de 100 casas ya es grande y los más grandes que he visto no superan las 250-300 casas. Cada casa puede tener unas 8-10 personas, pues es un país con una alta natalidad. Allí viven de la labranza y la ganadería y quien manda es el soba, que es el jefe espiritual, juez y guía del poblado. Es quien impone el orden y quien resuelve cualquier conflicto de los pocos que pueda haber en una pequeña sociedad donde todos se conocen y respetan. Su cargo es hereditario, y a muchos de ellos se les atribuye la capacidad de hacer feitiços (hechizos, cualidad para ellos también hereditaria) y como aquí creen firmemente en la magia negra, nadie le rechista al soba.

No sólo el soba tiene la capacidad de hacer feitiços. Hay hechiceros a los que la gente acude, según me cuentan, por ambición económica. A cambio de una cantidad que se le entrega al hechicero, este conseguirá que la persona mejore económicamente de una manera notable. Sin embargo, magia negra y muerte están cogidas de la mano, con lo que el hechicero suele pedir a cambio el sacrificio de alguna persona. Y si te niegas a cumplir el sacrificio o decides romper la relación con el hechicero, la magia negra recae sobre ti. El otro filón de los hechiceros, además de conseguir la mejora económica a cambio de sacrificios, es la mina tradicional. Es lo que en España vendría a ser un mal de ojos, solo que aquí consiste en que una pierna “se empieza a hinchar o comienza a criar bichos” (entiendo que es que se cangrena) y no se puede parar. De ahí la calificación de “mina tradicional”, pues las minas antipersonas elimina la pierna de quienes las pisan y la mina tradicional se contrae pisando un objeto hechizado. Por más que vayas al médico de medicina occidental, ellos no encuentran el motivo de la enfermedad en la pierna y por tanto no encontrarás cura. A la pregunta de si amputando la pierna no se soluciona, responden que no, porque “eso sigue subiendo”. Según ellos sólo se puede curar con medicina tradicional pues es una cuestión de su cultura. Se consigue mediante la ingesta de mediante de plantas, raíces y hierbas recetadas por un médicos tradicionales. Y no todos los médicos tradicionales pueden llegar a curarlo, tiene que ser uno bueno y aún uno bueno, no siempre lo consigue. La mina tradicional es algo tan común, que la semana pasada en la casa frente a la mía hubo un funeral por una mujer de 35 años y pregunté por qué había muerto, me dijeron que por mina tradicional.

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Esto es de lo que culturalmente más me llama la atención de Angola –y tengo entendido que la mayor parte del África Subsahariana es igual-, su creencia en el poder de la Magia Negra. No todo el mundo está dispuesto a hablar de ella cuando le preguntas, y si hablan, la palabra hechizo, hechizero y mina tradicional la pronuncian en voz baja y mientras miran alrededor. Se les nota un cierto nerviosismo cuando tratan el tema y enseguida pasan a hablar de que las personas que se involucran en ello son personas tienen a Satán en su corazón, que no conocen la palabra de Dios, pues el mal ajeno es igual que el mal propio…

Respecto a la cuestión de si un país africano puede llegar a ser una gran potencia mundial, creo que ninguno lo va a llegar a ser. Esas creencias, esa falta de conocimiento científico, ese modo de vida tribal los alejan mucho de ello. Hay un Orden Mundial económico y la sartén la tienen cogida por el mango los países occidentales, que por otro lado no quieren cooperar con países así sino explotarlos. Por todo esto, países como Angola necesitan gente del extranjero para poder explotar sus recursos, por lo que tristemente siempre van a ser dependientes.

V.M: África es un continente con una riqueza etnológica y diversidad incuestionable, ¿cómo ha sido tu contacto o experiencia visitando otras zonas rurales del país?, ¿qué vivencias o reflexiones derivadas de ellas nos puedes destacar?

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Carlos P.E.: Debido a la naturaleza del trabajo accedo a zonas muy remotas. Actualmente trabajo en el Planalto de Angola, que es un altiplano muy extenso de unos 1.600 metros de altura. Al no haber relieves, hay pocos afloramientos y generalmente tengo que preguntar a los locales si saben dónde hay rocas. Entonces ellos me hacen de guía a veces y voy a sitios donde no hay prácticamente nadie. Los pequeños valles que hacen los ríos o el mismo lecho de los ríos es otro sitio donde frecuentemente encuentro rocas. Hace unos días fui a un río y sorprendentemente, ya a las diez de la mañana, no había ninguna mujer lavando la ropa, como suele ser habitual. No veía a nadie y me resultó sospechoso, por lo que evité la zona de vegetación de ribera, y me puse a trabajar en afloramientos donde no había vegetación. Los cocodrilos se esconden en la vegetación del río para atacar a las presas que se acercan al río, y una vez atrapadas meterlas en el agua, que es verdaderamente su medio. Cuando terminé el trabajo y volvía por el camino, pregunté a unos labradores por qué no había gente en el río, y me confirmaron que era una zona donde habitan los cocodrilos. Así que sí, he ido a lugares donde se puede decir que no va nadie.

La mayoría de las aldeas a las que voy hacen los cimientos con cuatro rocas. Con la ayuda de bueyes disponen cuatro rocas grandes de unos 300 o 400 kilos cada una y hacen como un cuadrado, lo que sirve para levantar la construcción del suelo, poniendo sobre estas rocas unos troncos principales y sobre ellos otros troncos más pequeñitos que hacen como de suelo. Y a partir de ahí, levantan la construcción toda de palo y arriba paja para el techo. Tienes la sensación de que estás en el Neolítico.

Es una experiencia antropológica tremenda, pues tienes la sensación de ver cómo ha sido la vida hace miles de años. Es un modo de vida tan sencillo, tan en armonía con la Naturaleza y con una esencia tan verdadera, que resulta incluso atrayente. Cierto es que practicar ese modo de vida para alguien de nuestra cultura, tan acostumbrados a las comodidades, no resultarían tan idílico.

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Pero sin duda alguna lo que más me llama la atención son los niños, lo felices que son los niños. Mi madre (Guadalupe Escudero) como es maestra, me decía que le mandara fotos de niños, se las mandé y creó debate cuando se las enseñó a las amigas: me decían pobrecitos los niños, que están descalzos, con las ropas harapientas... sin embargo yo creo que los niños aquí son felices. Diría que bastante más felices que los niños europeos. Alguna vez que he dicho esto he podido percibir que alguien se sentía atacado en su papel de padre o madre. No es por la educación recibida de sus padres, sino por el modo de vida que tienen y el hábitat en el que se encuentran. Son libres y viven en el entorno natural, con aire puro y sin la multitud de estímulos externos que tenemos en Europa que no hace más que causar estrés.

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Otra foto que mandé a un grupo de mis primos mostraba una mujer picando piedra. Cogía bloques de granito que iba machacando con una maza hasta dejarlos en tamaño de grava y después los agrupaba en montones. Iba un camión, lo recogía y con eso se ganaba unos 20-30 euros. Pues ahí estaba la mujer, trabajando, sentada en el suelo machando con la maza y los niños revoloteando subidos a las montañitas...y mis primas me decían: “qué fuerte lo que estás viendo, debe ser muy duro”, y yo les respondí que para mí no era duro, pues en el metro de cualquier ciudad europea, de media, veo cara más infelices que aquí. Aquí tienen poco, pero son felices, y los niños son felices. Y no veo a ningún niño llorar, veo a los niños compartir. En Europa veo niños pelearse por el mismo juguete, teniendo más de 20 juguetes a su alrededor. Y aquí en Angola no, aquí son solidarios entre ellos, se reparten lo poco que tienen. Son autosuficientes, van en grupo de seis, ocho o diez niños y toman cuenta los unos de los otros. Cada niño lleva la responsabilidad del inmediatamente menor y así sucesivamente hasta formar una cadena de responsabilidad. Generalmente, al primer momento se asustan cuando aparecemos con coches grandes que nunca han visto antes, o me ven a mí, el primer blanco que han visto en sus vidas, y entonces los pequeños se esconden instintivamente detrás del inmediatamente mayor o le agarra de la mano. Hay niñas de cuatro años que llevan a la espalda a niños de dos años, colgados como unos monitos, es una imagen muy tierna.

Esto de la responsabilidad en cadena de los grupos de niños es algo que responde a la jerarquía de la edad, tan fuertemente implantada en el África subsahariana. Hay un respeto absoluto por el mayor. Después de observarlo, lo leí en el libro Ébano de Ryzsard Kapuscinski, con lo que se ve que es algo común del África Subsahariana. En el libro se decía que esta jerarquía de la edad, que hace que a los niños pequeños los cuiden los más niños más mayores y a éstos, los niños más grandes todavía, permite que los adultos puedan dedicarse a sus propios asuntos. Me parece un modo de conciliación familiar amasado por el tiempo y muy acertado, que en Occidente hemos roto por causa de la sobreatención y sobreprotección que necesariamente han de recibir los niños por el modo de vida actual (vivimos en grandes urbes llenas de peligros, una vez más el motivo de los niños sobre-excitados por tantos estímulos exteriores, la falta de espacios seguros para que los niños puedan actuar libremente… que impiden que sea como ancestralmente). En definitiva, me llevo la impresión de que las sociedades occidentales se han despegado mucho de la verdadera naturaleza del ser humano.

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Ves niños pastores, pero los ves felices. Llamado mucho la atención y para algunas personas es difícil de comprender. Sí es cierto que a mi parecer los mayores no lo son tanto, pues les llega la influencia del capitalismo a través de la televisión, Hollywood, el fútbol, Cristiano Ronaldo, Messi...y se creen que todo el mundo en Europa tiene una casa y un coche de lujo y sin necesidad de trabajar duramente, casi sin esfuerzos. Es lo que ellos idílicamente llaman la vida del blanco. Los negros que aquí tienen dinero (algunos de los que viven en ciudades) sí tienen esos bienes materiales y mucha mano de obra barata a su alrededor dándole servicios (empleadas de hogar, seguridad, chófer, jardineros…) y a mi parecer con una relativa facilidad: la de estar bien influenciado con el poder. Como estos pocos negros se codean económicamente con los blancos, pues el común de los negros cree que el común de los blancos tenemos todos esos bienes en Europa y todo ello conseguido con poco esfuerzo. Y eso les causa frustración e incluso una cierta apatía. Lo que no saben la gente de aquí es que detrás de esas imágenes hollywoodienses propagandísticas del sistema capitalista, donde todo es idílico y perfecto, hay una realidad de vacío y una infelicidad generalizada. La gran epidemia del siglo XXI son las enfermedades mentales causadas por el modo de vida. En un estudio europeo de 2010 en 30 países se indicaba que casi un 40% de la población sufría algún tipo de trastorno mental, siendo la ansiedad, el insomnio y la depresión los más frecuentes. Es debido al modo de vida tan complejo que llevamos, impuesto mayormente por el capitalismo. Tenemos bienestar económico sí, pero en muchos casos a un alto coste: al del bienestar mental. Sin duda alguna, en cuanto a modo de vida, no en cuanto a condiciones de vida, el de esta gente me parece mucho más sano. Intenté explicar esto alguna vez a gente de aquí, pero el éxito de esa propaganda capitalista a través de sus anuncios, su cine y muy especialmente ahora del fútbol es tan grande, que me miraban como a un loco.

V.M: Interesante lo que expresas acerca de que “las sociedades occidentales se han despegado mucho de la verdadera naturaleza del ser humano”. Por lo que nos cuentas, en tu experiencia en Angola has tenido la oportunidad de observar modos de vida fuertemente arraigados, donde el tiempo en el curso de la Historia parece detenerse.

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Carlos P.E: Otra de las experiencias que he tenido fue en el desierto de Namibe. Entre el Sur de Angola y el Norte de Namibia viven unas tribus seminómadas que viven del ganado. Con los que yo contacté eran los mukubais. Todavía viven del trueque. Venden un buey y lo cambian por sacos de arroz, de harina de maíz y algunos otros comestibles... Son realmente tribales. Esta gente se ponen unas telas africanas alrededor de la cintura para taparse las partes bajas, pero antes y aún pervive alguno que llegué a ver así, se tapan con piel de buey. De hecho, las mujeres africanas llevan a los niños en la espalda con estas telas (la imagen africana por excelencia son estas mujeres con los niños a la espalda y sobre la cabeza un balde objetos –frutas y verduras que vayan a vender, herramientas si van a trabajar….-), y vi a mujeres mukubais llevando a los niños a la espalda con las pieles de vaca, impresionante.

Otra vez paré en la casa de un mukubai que hablaba portugués y que nos había ayudado anteriormente con las indicaciones de cómo llegar a cierta aldea. Ya terminábamos la campaña y le ofrecí el pan que me había sobrado, pues yo volvía a la ciudad y no lo necesitaba más. Lo cogió, lo observó y acto seguido me dijo que yo comiera antes, como si lo fuera a envenenar. Y cuando yo comí, entonces comió él. Por aquella zona unos compañeros conocieron a un hombre que tenía 135 hijos y que era conocido por la zona. Al parecer todos los niños de la aldea eran suyos. Me pregunto qué habría hecho con el resto de hombres de la aldea.

V.M: En cuanto a su carácter propio y trato con el extranjero, respectivamente, ¿cómo es la forma de ser angoleña?

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Carlos P.E.: En un primer momento, cuando llegas a una zona rural con un coche grande y tan equipado, piensan que eres del Gobierno y te piden que les hagas carreteras, que les pongas un puesto de salud… o a veces se muestran recelosos porque piensan que les vas a quitar algo. Luego, cuando hablas con el soba y le explicas en qué trabajas y en qué consiste el proyecto (como protocolo tenemos que presentarnos a ellos respetuosamente, mostrarles las credenciales del Ministerio de Geología y Minas y pedirles el permiso para trabajar en su zona) todos están deseosos de que encuentres algo de interés en su territorio, pues ellos ven en nosotros la oportunidad de obtener valor de su terreno. Todos los sobas se han mostrado muy serviciales e interesados. No solo los sobas, una vez en una aldea el soba no estaba, pregunté a la gente de dónde cogían las piedras para los cimientos y me guiaron en sus motos por el camino. El camino se estrechaba y seguía siendo practicable para moto y buey, pero el todoterreno no pasaba. Así que ellos mismos, sin el soba, me dijeron que cortarían los árboles y harían el camino practicable para que volviera en los días y pudiera pasar. La colaboración comunitaria de esta gente es envidiable.

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V.M: ¿Crees que siguen existiendo marcadas diferencias sociales y económicas en Angola? ¿Te han llegado a impactar? ¿Las esperabas?

Carlos P.E.: Existe una gran diferencia social. El coche más común es un todoterreno, el Toyota Hilux, pues no siempre hay asfalto o si lo hay el firme tiene muchos agujeros y bien profundos, tanto que llegué a ver un turismo encallado al meter las dos ruedas delanteras en un socavón del firme en uno de estos agujeros. Este coche cuesta unos 50.000 dólares. Obviamente en las aldeas no hay ninguno, pero en las ciudades se ven bastantes. La campaña pasada reventé dos neumáticos de una Toyota Hilux, y cuando fui a comprar un neumático nuevo, descubrí que valía 300 euros. El sueldo mensual de un seguridad (hay muchas personas que trabajan de seguridad aquí, en todos los bancos, en cualquier tienda de móviles, en cualquier restaurante…) es de unos 120 euros, con lo que necesitaría 3 meses para poder comprar un neumático. Obviamente, esa gente vive en la economía paralela. Hay mucha mano de obra muy barata, una mujer de la limpieza puede cobrar unos 90 euros al mes, y por tanto, desigualdades económicas tremendas.

Las ciudades son las que muestran mayor grado de desigualdad. La primera noche que pasé en Angola fue en la ciudad de Benguela, donde viví unos tres meses. Fuimos a cenar, y al salir del restaurante había un niño en el suelo durmiendo nada más salir del restaurante. Te impacta. Un compañero, que ya llevaba meses viviendo en el país, nos dijo: “Vais a ver cosas así. Es triste, pero no podemos cambiar el mundo”. Es cierto, pero al menos intentas mejorar la vida de lo que tienes alrededor. En Benguela había muchos niños en la calle y con los que interactuábamos intentábamos mejorar su calidad de vida. Unos venían a casa por la noche cuando volvíamos del trabajo y le hervíamos arroz en caldo de pollo, le echábamos alguna salchicha, a otros les dábamos de desayunar… pero desgraciadamente no puedes hacer mucho más. No les puedes arreglar la vida, pero por lo menos tu interactuación con ellos es positiva.

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Cuando he mandado algunas fotos con mujeres lavando en el río, mi madre y mis tías dicen pues así era Torrejón el Rubio, de Cáceres, cuando éramos pequeñas. Hay imágenes que recuerdan a la España de hace 100 años, aunque la España de hace cien años estaba más homogeneizada y aquí hay población que está como la España de hace cien años, pero otra parte que vive como la España de hoy. Ciertamente, hay dos Angolas, y eso es triste.

No sé cuándo se va a llegar a homogeneizar. Me gusta pensar que el proyecto en el que participo al final ayudará a reducir esa brecha. Si después del Plan Geológico Nacional se comienza el proyecto de explotación minera, estaría bien que la extracción se hicieran mediante cooperativas mineras, experiencia que ha resultado exitosa en países como Bolivia. Eso haría que no todas las riquezas generadas se quedasen arriba y ayudaría a los de abajo.

V.M: ¿Cómo percibes ese mundo de las manifestaciones culturales, formas de expresión del pueblo africano, de vestir, costumbres, rituales, gastronomía, formas de pensar o de entender el universo de otra manera, y sus diferencias con lo occidental?

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Carlos P.E.: Diría que a veces es difícil hablar de África como un solo continente y en la música opino que ocurre esto. Aquí, en el África subsahariana refieren al Magreb (que sería el África que limita con el Mediterráneo al Norte y con el Sáhara al Sur) como el África Blanca. Efectivamente, cultural y racialmente es muy distinta, mucho más influenciada por las culturas mediterráneas y del Oriente próximo. El desierto del Sáhara ha sido una barrera natural que generó endemismo en esta región, conocida como el África Negra. Dentro del África negra, diría que la mejor música se concentra en el África Occidental (Ghana, Mali, Burkina Faso…). En Angola gusta más la música moderna, el kuduro y la kizomba principalmente. En Angola no ha prevalecido en el tiempo una arquitectura pues las construcciones tradicionales eran de palo, adobe y paja. Más aún, la globalización ha hecho que entre el plástico y ha matado la poca artesanía que ellos pudieran tener, de cañas y elementos naturales.

La comida nacional es el funge, una masa que hacen con harina de maíz o mandioca. La cocen y la mezclan enérgicamente hasta que se obtiene una pasta consistente. Es insípida pero muy calórica. Es el acompañamiento principal de todas las comidas y el que tiene, pues lo mezcla con gallina y el que no, pues con lo que pilla. Al tener pocos recursos, la gastronomía no da para creatividad. Luego, la gastronomía de la otra Angola, la de la economía paralela, es idéntica a la de los portugueses.

En cuanto a las diferencias con occidente, me llama la atención cómo se vive tanto la vida como la muerte, con mucha naturalidad. Tienen muchísimos hijos. Mi vecino, con 68 años, tiene 13 hijos, 17 nietos y 1 bisnieto, y me cuenta que se le murieron 8 siendo pequeños, con lo que ahora podría tener 21, y me lo cuenta entre risas. El chófer que tuve perdió a su primera hija con año y medio y lo contaba con la mayor naturalidad, cuando eso en España obviamente sería un trauma familiar tremendo. Y bueno, algunas escenas que he presenciado que prefiero no contar por ser un poco macabras, pero puedo asegurar que aquí la muerte está a la orden del día. Al igual que el dar vida. Angola es el noveno país del mundo en tasas de natalidad.

Otra gran diferencia es cómo se toman el tiempo. El tiempo no prima. No existe la prisa. No la conocen y por tanto es en vano meterles prisa. Por tanto se puede decir que la efectividad o la productividad tampoco. El Africano lo hace a su ritmo natural. O tal vez al ritmo natural, y el no natural sea el nuestro. En cualquier caso, esto es algo que resulta complicado para un occidental a la hora de tratar con ellos. Y cuando se trata de un servicio que tienes que recibir tienes que armarte de paciencia y saber que no va a ser resuelto dentro de los tiempos a los que uno está acostumbrado. Estando aquí, he trabajado mucho mi paciencia. Tengo muchas anécdotas sobre esto pero o bien insustanciales o bien que resaltan esa diferencia cultural a modo de queja. En su lugar, déjame que te lea un par de párrafos de Kapuscinski cuando describe las primeras sensaciones al llegar a África, pues trata este mismo tema pero desde una óptica más positiva:

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Y, finalmente, el descubrimiento más importante: la gente. Gentes de aquí, del lugar. ¡Cómo encajan en ese paisaje, en esa luz, en ese olor! ¡Cómo se convierten el hombre y la naturaleza en una comunidad indivisible, armónica y complementaria! ¡Cómo se funden en un solo cuerpo! ¡Cómo cada una de las razas está enraizada en su paisaje, en su clima! Nosotros moldeamos nuestro paisaje y él moldea los rasgos de nuestros rostros. En medio de esas palmeras y lianas, de toda esa exuberancia selvática, el hombre blanco aparece como un cuerpo extraño, estrafalario e incongruente. Pálido, débil, con la camisa empapada en sudar y el pelo apelmazado, no cesan de atormentarlo la sed, el tedio y la sensación de impotencia. El miedo no lo abandona: teme a los mosquitos, a la ameba, a los escorpiones, a las serpientes, todo lo que se mueve lo llena de pavor, de terror, de pánico.

Los del lugar, todo lo contrario: con su fuerza, gracia y aguante, se mueven con desenvoltura y naturalidad, y a un ritmo que el clima y la tradición se han encargado de marcar; un ritmo tal vez poco apresurado, más bien lento, pero, a fin de cuentas, en la vida tampoco se puede conseguirlo todo; de no ser así, ¿qué quedaría para otros?

V.M: ¿Existe en ti un fuerte deseo o espíritu devivir nuevas experiencias similares a lo largo y ancho del mundo a raíz de ésta en Angola? 

Carlos P.E: Por un lado sí y por otro pues no tanto. Como todo, tiene su lado bueno y su lado malo. Lo bueno son las experiencias. Lo malo, pues que tiene algo de sacrificio personal. Tu vida en España la dejas un poco en paréntesis y dejas desarrollar cosas que te gustarían. Si te gusta el yoga, ir al teatro, a una terraza, ver a ciertas personas… pues aquí eso no lo puedes practicar ni desarrollar. Si pudiera escindirme, una parte de mí haría este trabajo por muchos años y otra parte de mí se quedaría en España con mi vida personal de allí. Por el momento está bien y no lo cambio, pero sé que en algún momento pararé.

Más allá de estas reflexiones, la experiencia en Angola me ha supuesto una oportunidad única de vivir en un país, de conocerlo a fondo, de conocer zonas remotas. Eso es lo bueno de la Geología, que vas a localizaciones por las rocas, y como las rocas no le gusta a casi nadie, pues en esos sitios no hay nadie más que locales, y eso te permite conocer a la cultura sin estar contaminada por el turismo de masas.

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