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El Marchena Balompié de categoría cadete, conjunto dirigido por Pedro Rodríguez que viene realizando una fenomenal campaña en la 1ª provincial tras ascender la pasada temporada, no pudo saborear con victoria el partido contra el Osuna Bote Club, equipo frente al que acabó perdiendo 1-2 en la octava jornada después de perdonar innumerables ocasiones de gol ante el marco rival en una primera mitad que pudo acabar perfectamente 4-0 o 5-0 a favor de los marcheneros. No fue afortunado, por lo tanto, el estreno de camisetas del conjunto blanco. Debutó en el arbitraje en este encuentro el colegiado marchenero Miguel Ángel López Palmero, a quien los locales protestaron el primer gol encajado.

 


 

 

Había ganado cuatro partidos, más dos empates y una sola derrota. El Marchena Balompié n había acusado el salto de categoría y podría haber dado tras el partido del sábado un paso de gigante en caso de derrotar al Osuna, pero el dominio territorial y las ocasiones creadas, con tres tiros a la madera, dos balones salvados en la raya y tres uno contra uno contra el portero en la primera mitad, determinaron un marcador exiguo.

De todas fomas en esta categoría lo importante es poder sacar conclusiones positivas y esperanzadoras en este momento de penurias del fútbol marchenero, y es de destacar que el Marchena Balompié cadete encare la categoría con firmeza, sin arrugarse, plantando cara al rival y siendo fiel a un estilo de juego en el que prima el toque, el fútbol ofensivo y el equilibrio entre líneas, estilo que le ha dado un par de ascensos al club blanco en infantil y cadete a 1ª provincial para que se asienten las bases del Marchena Balompié del futuro.

La defensa apenas tuvo problemas en la primera mitad, pues se taponaron bien los intentos de cambios de juego que con criterio y gracias a su buen desplazamiento de balón hacía constantemente el dorsal 8 de los ursaonenses para buscar la velocidad del extremo izquierdo.

A pesar de esos intentos y de que el rival ni mucho menos era "cojo", el Marchena Balompié mandó en el centro del campo donde Iván llevó magníficamente bien la manija en la distribución del juego. Un disparo al larguero en falta botada por este jugador desde 30 metros, acabó en córner rematado por el central Guillén a la red en el minuto 12. A partir de ahí el Marchena sacó todo su arsenal con incorporaciones constantes de Ismael, que en una vaselina preciosa casi sin ángulo estuvo a punto de marcar el 2-0 poco después, pero su tiro escorado se marchó al larguero con el portero ya batido.

Creó problemas por las bandas el Marchena Balompié, primero porque Ismael no se fija sólo a la cal y aparte de tener habilidad, tiene potencia física para el desborde e inteligencia para moverse con libertad en el ataque de un lado a otro; eso lo aprovecha su compañero de la otra banda, Jesús, que bien apoyado por el lateral izquierdo de talante ofensivo "Marce", se inmiscuye ratonil entre la defensa contraria hasta disponer de tres clarísimas ocasiones de gol en las que el balón se marchó fuera del marco y el portero anduvo fino respectivamente; todo hay que decirlo siempre con envíos precisos impropios de escalafones inferiores que surten a los hombres de ataque de posibilidades de gol.

Eso es lo que se vio en el terreno de juego de las instalaciones deportivas Miguelete el pasado fin de semana como una constante durante los primeros 45 minutos, acompañado también por un cuidado ensayo de la estrategia que puso en apuros al guardameta rival en varios balones bien colgados al segundo palo y en una falta que acabó anulada por fuera de juego por los pelos del rematador.

Pues el fútbol es tan grande que cuando todos se marchaban al descanso con la idea de sentenciar pero con los deberes hechos y la confianza por las nubes, el partido acabó 1-2, fruto de una falta indirecta en la que el árbitro observó que uno de los jugadores del Marchena de la barrera tocó balón (los marcheneros lo negaron) y un gol fruto de la pequeña ansiedad que generó el empate a mediados de la segunda mitad conllevando el definitivo 1-2 que ya no pudo igualar el Marchena, que fue querer y no poder.

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