Cultura

La obra teatral La Decente provocó una gran dosis de carcajadas el viernes por la noche en la sala Municipal de Cultura con sus hilarantes diálogos, situaciones de constante locura, retrato psicológico de personajes de la época tardía del franquismo y una historia de una mujer que por todos los medios, se quería quitar del medio a su marido en una época en la que estaba prohibido el divorcio y para ello utiliza a su amante, un burgués al que pone una y otra vez al borde de la desesperación en un rocambolesco plan investigado por un comisario muy peculiar.


La trama está situada a finales de los 60 en España con una mujer casada con un rumano del que dice que es un historiador obseso y con el que se casó por ir a la moda del momento. Fría, calculadora, sugestiva, Nuria utiliza su atractivo de mujer madura para manejar a todos los personajes en la trama de matar a su marido: "No digo matarle mucho, pero sí lo suficiente para quedarme viuda", es una de las frases que mejor puede resumir esta obra del gran dramaturgo de lo cómico, el absurdo y la sátira social, Miguel Mihura.

El Teatro Español de Ronda, con un reparto de muy buenos actores, cuenta la historia de esta señora que se hace llamar La Decente y que de un candelabrazo, con una copia de las llaves que ella dejará debajo del felpudo de la puerta, transmite a su amante que conoce de un encuentro ocasional y que se muestra en un principio muy enamorado e ilusionado con salir de la soltería, que él tendrá que ser el encargado de cometer el crimen a las tres de la madrugada.

A partir de ahí, todo se enreda dejando entrever lo que esconde la sociedad católica, formal y restrictiva de la época, que no es otra cosa que la sucesión de varios líos de falda con los que se extreman los cuidados para disimularlos. "Yo soy  una señora muy decente", exclama con refinado cinismo la protagonista de la obra originando en esa expresión el título de la misma.

A todo esto, los juegos de palabras y la velocidad de los diálogos, la expresividad en cada momento de la obra por parte de los actores principales, muy metidos en su papel, hizo que se representara en dos actos aproximadamente de 1 hora y 12 minutos de duración una obra que fue un continuo no parar de reír de los espectadores como pocas veces se recuerda.

La criada de Roberto, el amante de Nuria, protagoniza un papel muy marcado en el imaginario popular, por su afán de complacer a su señorito mimándole hasta el extremo, nunca mejor dicho visto el desenlace surrealista a todas luces de la obra La Decente. María es más inteligente de lo que todo el mundo puede llegar a creer, aunque resuelve las cosas a su manera, aunque al principio creyera que a esta decente mujer le gustaría ir a ver el fútbol, a ver Toledo, a ver inaugurar un pantano o a veruna exposición de pintura, cosas "normales" de la época.

Conforme avanza la obra se van dando numerosas tramas paralelas que el inspector de Policía que investiga el caso, nunca se sabe si las deja pasar a sabiendas para descubrir más datos, o si el cúmulo de pruebas se e está volviendo en su propia contra para determinar un culpable con claridad. Lo cierto es que es curioso como este comisario de voz a lo Constantino García y de carácter afable en el fondo, parece un espectador más de la obra que parece lanzar preguntas para reírse de los propios personajes y de sí mismo incluso. Preguntas "sin importancia" como suele decir de forma irónica.

El comisario es capaz de tener controlado todo lujo de detalles y vinculaciones personales difíciles de establecer entre los protagonistas, aunque lo alterna preguntándole al soltero Roberto por la marca de la cerveza que toma, de la chaqueta o el precio del aire acondicionado de la casa, incluso las huidas al Escorial que La Decente protagoniza los días de los crímenes de sus ex maridos, e incluso posteriormente llega a poner en antecedentes al Inspector de su carrera de jueza y sus conocimientos para negar declaraciones y salir indemne del suceso.

Durante la investigación, se dan curiosas casualidades como la llegada del amigo de Roberto con el que comparte tardes de casino, Pepe. Ambos han quedado para irse de viaje a instancias del desesperado Roberto, a Alicante de veraneo, incluso huye acosado a preguntas cuando su propio amigo llama a la puerta, entra y se encuentra con Nuria, La Decente, también una vieja conocida suya, lo que le hace entrar en el conjunto de sospechosos al ser el penúltimo ligue de esta señora, de la que se descubre que su anterior marido, un irlandés, tampoco murió de forma natural.

Para mas inri, la noche del crimen, Roberto se ve envuelto en que justo a la misma hora fijada en los planos que Nuria La Decente ha distribuido a todos sus amantes anteriores, tiene un desliz con una mujer de dudosa vida, Paloma. A todo esto, La Decente sigue jugando como quiere con Roberto, al que le propone la unidad, casarse, como vía de solucionar este problema ante el ataque de ansiedad progresivo del protagonista, que incluso en la recta final cuando todo se le parece volver en contra, es incapaz de defender su inocencia con madurez y pide al comisario locamente ir a la cárcel fruto de la tensión que le causa tanta trama y tanta declaración que se prolonga una tras otra en la investigación.

A partir de ahí, el enredo cobra dimensiones espectaculares después de que uno de los planos se le quede olvidado al nervioso Roberto en la guantera de su coche o de que Paloma declare no conocer al solterón, lo que le pone en una situación en la que todas las pruebas se vuelven en su contra, después de que el Inspector dirigiera la culpabilidad en un momento dado a la propia Decente.

Finalmente, el marido de La Decente, un estudioso y tímido señor según se dijo, parece ser que está metido en el mundo de las alegrías y conoce de primera a mano a la propia Paloma, a la que la astuta Nuria usa para tapar pruebas e hilvanar toda la trama plenamente calculadora, pero una prueba concluyente según los negocios que maneja este compañero de Paloma, se establece como fundamental para establecer su autoría del crimen; todo ello con la criada María paralelamente declarándose culpable por haber entrado y narrando en escena apoteósica su nerviosismo cuando golpeó con una llave inglesa al esposo de La Decente: "se quedó dormido y me fui corriendo, yo estaba muy nerviosa, pero quería que se casara, lo he hecho por él" dirigiéndose al señor Roberto, mientras éste exclama a la desesperada a Nuria, La Decente, que vuelva, tras anunciarle ésta que desaparecerá por un tiempo y también presa del surrealismo afirmando que toda estas tretas las ha hecho para divertirse y salir del hastío...

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