Cultura

José Francisco López, con su relato "El Indio Guaraní", es el ganador del IX Certamen Literario Villa de Marchena, que organiza el IES Isidro de Arcenegui. La noche del viernes acogerá el acto de entrega de los premios de este concurso en memoria de la profesora en el buen sentido de la palabra exigente, comprometida con la literatura y honesta con los alumnos. "El Margarito", de Manuel Fernandez, y "Enrique IV, el Impotente", de Carmen R. Muñoz, completan el podio de ganadores del concurso de relatos cortos para mayores de 18 años.


En la modalidad de menores de 18 años repite victoria Raquel Silva (arriba en la imagen), una joven de Cañada del Rosal promesa de la literatura premiada en un reciente certamen iberoamericano, con publicaciones ya en vigor y que con el "Narrador de los Sueños Olvidados" propone una critica certera a la sociedad de las grandes ciudades, en la que el estrés y la ambición son condicionantes que impiden soñar (o recordar los sueños) a la humanidad y envuelven casi sin percatarse incluso al soñador, enérgico y entusiasta joven que protagoniza el relato.

En categoría de poesía Marta López es primer premio entre 15 y 18 años con su trabajo "Pandora", mientras que Antonio Felipe Fernández, con una serie de poemas, es ganador en la categoría de adultos. "El lobo en la provincia de Sevilla", de Joaquín Márquez, es la obra ganadora de ensayos.

La Voz de Marchena les deja unos interesantes fragmentos de la obra "El narrador de los sueños olvidados", ganador en la categoría de 15 a 18 años, relato escrito por Raquel Silva:

El señor Conde le había llamado el día anterior, la tercera vez en una semana. Antes de descolgar el teléfono le había asaltado el terrible presagio de que le esperaban malas noticias. Según le había informado, más de dos tercios de Barcelona presentaba ya aquella extraña enfermedad onírica. Y aún peor, ésta se estaba extendiendo geográficamente, sin que se pudiera poner ningún tipo de freno...

....A los escasos veinticinco años, decidió montar un pequeño negocio, no por ello carente de importancia, en un ático del centro. Al principio, ejercía como asesor fiscal, pero más tarde descubriría que era poseedor de una importante capacidad, la cual correctamente explotada, podría proporcionarle mucho más dinero que aquel trabajo mediocre...

...Aquella tarde, sus amigos hablaban de los sueños. Tema bastante intrincado debido a la complejidad de este fenómeno. Todos los allí presentes se quejaban de que desde hacía unos  meses no conseguían soñar nada. Consecuentemente, se despertaban frustrados y un terrible malhumor les nublaba la cabeza durante todo el día. Julián se extrañó ante tales declaraciones, pues el casi siempre soñaba. Durante la comida, se apasionó tanto con la conversación, que durante un momento, tuvo una inquietante sensación. Ocurrió al decirle a uno de sus amigos que era imposible que nunca recordase lo que soñaba desde hacía casi cuatro años. A la vez que le miraba a los ojos, él afirmó rotundamente que era cierto. Y durante aquel intercambio de miradas, algo ocurrió. Julián tuvo una especie de visión que no llegaba a ser tal, ya que no veía el futuro, ni el pasado, ni siquiera el presente. Contempló embelesado una escena, protagonizada por su amigo, que nunca había sucedido. Fue consciente del carácter irreal, al advertir que las criaturas que estaba viendo eran quimeras que se movían en un paisaje de ambiente enrarecido....

....Increíblemente, la situación que vivió aquella tarde con su amigo, se repitió con varias personas más. Preocupado, consultó a un psiquiatra amigo suyo, contándoselo todo con el secretismo que el miedo a la anormalidad provocaba en él. El médico se interesó tanto por su caso que le llevó a la consulta de un colega suyo especializado en el tema. Allí le hicieron toda clase de pruebas tanto neurológicas como psíquicas. Estas determinaron una actividad neuronal por encima de la establecida como normal en el cerebro de Julián; lo que lo convertía en un individuo excepcional. Pero esta cualidad implicaba unas responsabilidades....

....Después de varios meses, Julián, llamó al señor Conde, al advertir que no era estrictamente necesaria la presencia del paciente para que visionara sus sueños, sino que podía hacerlo ayudándose tan sólo de una convencional ficha con los datos del individuo en cuestión y una fotografía. Al ser suprimido de su trabajo el carácter humano que le daban las visitas de los clientes, Julián se volvió aún más ambicioso. Trabajaba a contrarreloj, como si por primera vez, le faltasen horas en el día para rellenar cuartillas de sueños y más sueños...

....Todo en cuanto Julián pensaba, lo único a lo que le prestaba atención era a los sueños. Hasta que todo se derrumbó, se calló su mundo, cuyos cimientos habían permanecido en violento equilibrio desde hacía tiempo. Para los sueños vivía y en sueño se convirtió. En un entramado de inconexas ideas y necesidades fisiológicas. Julián parecía haberse trasladado a la dimensión onírica, a una realidad paralela, desde la cual ni sus preciadas cuartillas podían ser alcanzadas por sus delgados dedos. Todo se acabó, con la cabeza entre las manos y los cabellos resbalando entre ellas, gritó. Y sólo su viejo paraguas gris lo escucharía, porque Julián ya no vivía en aquel piso, ya nada le quedaba, ya no era nada. Si acaso, un mal sueño.

 

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