Cultura

El grupo de jazz flamenco La Bejazz ofreció un gran espectáculo en la Puebla de Cazalla el pasado sábado por la noche, donde con el apoyo de un conjunto que se va perfeccionando paso a paso, brilló con luz propia el saxo ágil, vertiginoso y de ensueño del joven Bernardo Parrilla, especialmente inspirado en la noche morisca y con unos recursos espectaculares que puso al servicio de un grupo que se va conociendo cada vez mejor y al que le queda un camino por delante auténticamente esperanzador.


Comenzó la noche en la plaza del Ayuntamiento de la Puebla de Cazalla con un solo de guitarra por granaína de Melchor, pura limpieza a la guitarra. Tras un aperitivo inicial, llegaron los platos fuertes. Oír por bulería una noche en Túnez es una gran idea de la naturaleza que se le ha ocurrido a Bejazz, una genialidad donde todos ponen lo mejor de sí y se observa una fusión artística que nace y muere por sí sola con mucho arte, valga la redundancia, para interpretar con categoría esta pieza de Dizzy Gillespie.

Continuó el concierto en la noche calurosa con malaguerías, donde Bernardo, muy inspirado toda la noche, demostró su agilidad, su dinamismo al saxo, se le nota que está disfrutando como nunca y que está haciendo disfrutar al grupo a su alrededor. Le ocurre a Bejazz como al FC Barcelona, todos forman un auténtico equipazo en el que cada noche, entre toque y toque, entre arte vivo, surge la magia en especial de un artista para que el equipo gane por goleada; y si la goleada de algunas noches la había provocado Melchor, o la de otras Pablo Carmona, el sábado fue el saxo de Bernardo Parrilla el jugador determinante en la noche estrellada de puro y duro verano en los arcos blancos de la plaza de la Puebla.

Qué romántico resulta en este entorno escuchar la nana pa Gonzalo de Melchor Chico, que espectáculo más bien iniciado y mejor rematado, qué dulzura en la guitarra, Melchor es a la música lo que el amanecer al día, pura luz, y en ello ha tenido mucho que ver el gran acompañamiento de piano de Javier Carmona, meciendo esa nana que mueve las entrañas; desde antes de escucharse ya se intuye que algo grande pasa por la guitarra y por el corazón de Melchor, impresionante.

Mientras tanto,  la noche de inspiración de Parrilla ha continuado con unos acordes de hardbox espectaculares, es decir, una serie de virguerías que puso de moda en su tiempo Charlie Parker para revolucionar el jazz. Estos acordes han precedido a una de las más grandes composiciones de Bejazz, si no la que más, Alí, una rumbita que quita el sentío, donde todo el grupo se vuelca, por cierto, cómo disfruta en la percusión Juan Antonio Suárez, es muy positivo que un grupo marchenero ponga tantos ingredientes y que el resultado de su trabajo sea el que haga ver al espectador tan buen rollo en lo alto del escenario. Se "pican" los unos a los otros a ver quien es capaz de readaptar un sonido, de inventar una combinación entre un instrumento y otro, de salir a la palestra y mejorar sobre el guión previsto.

Así continuaron una vez más con sus temas, y que sean muchas más, los componentes de Bejazz, sinceramente, para quitarse el sombrero con este grupo al que su público le pide los temas de Plaza Arriba, pero también a gritos la realización de un nuevo disco, talento les sobra.