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ENTREVISTA. Howard Phillips Lovecraft se preguntó, en su obra y, nos hizo preguntarnos a todos, sobre otras dimensiones de la existencia humana. Sus personajes sui generis, la descripción de razas alienígenas que nos rodean o de universos paralelos, hacen del escritor norteamericano, de enorme auge en la primera mitad del siglo XX, “la cabeza del cambio del horror en la literatura, que pasa del romanticismo al horror cósmico; en Lovecraft, el terror puede estar en el fondo del mar durmiendo o venir del espacio, o presentarse a plena luz del día en un campo soleado la escena más horrible”, expresa Luis Camacho Campoy, que saca a la luz con la editorial Maldragón una obra que contiene 250 ilustraciones realizadas por el artista marchenero, que recopila los monstruos y bestias de las obras de Lovecraft de manera cronológica, y, además, es autor del texto que acompañan las ilustraciones. Poner forma con todo detalle al vasto universo imaginativo de Lovecraft ha sido tarea de años para Luis Camacho en este Manual Zoomórfico que pronto estará a la venta en librerías y que ya, a través de las campañas de crowfounding y on line, se ha vendido en diversos e insospechados rincones del mundo.

 


La ciencia ficción es un universo hoy en día desarrollado a extremos increíbles en comparación con apenas hace un siglo, cuando las tormentas en caserones, las historias de fantasmas de Edgar Allan Poe, monstruos clásicos como el Drácula de Bram Stoker o el Frankestein de Mary Sheley, dan paso a criaturas oscuras y complejas que nacen en el universo literario del estadounidense H.P. Lovecraft (Providence, 1890-Providence 1937), que desarrolla su obra pródiga creando mitos para el recuerdo y una transformación total en la manera de entender el género.

 

Sobre este universo fascinante de las novelas y relatos de Lovecraft, que prácticamente concentra su obra entre 1910 y 1936, ya se hicieron bocetos en su propia época y se han dibujado en cómics de Corben, Bernie Wrightson, Alberto Breccia o Esteban Maroto, entre otros, nos apunta Luis Camacho. A la gran pantalla del cine se han llevado muchas adaptaciones de la obra, no siempre acertadas; a veces infantiles, otras grotescas, aunque últimamente van captando mejor la intención del escritor.

 

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En el caso que nos ocupa, el Manual Zoomórfico que saca a la luz el licenciado en Bellas Artes, dibujante, pintor e ilustrador marchenero, Luis Camacho, supone una amplia compilación del bestiario amplio de seres de la obra de Lovecraft, y pueden tenerlo a su disposición pronto en librerías, después de ser presentado públicamente en Écija (pueblo donde se encuentra el IES San Fulgencio del que Luis es profesor y cuenta con el apoyo de sus alumnos y compañeros, así como con el impulso del director del museo de Écija, Antonio Fernández Ugalde, y del pintor Ángel García Palacio, fan de estas temáticas) y próximamente en Casa del Libro o venderse como rosquillas en la Feria del Libro de Málaga, donde causó furor el impacto del dibujo de portada. La ilusión del autor, evidentemente, es también presentarlo en Marchena y, ante todo, seguir la línea de interacción con el público que lleva prácticamente a que las presentaciones de Manual Zoomórfico estén resultando más que interesantes, a la manera de “podscasts en directo” con pdiálogos sobre la figura de Lovecraft, del propio autor y el trabajo desempeñado por la editorial Maldragón, y con imágenes editadas en pantalla alusivas a la obra, entre otros aspectos que otorgan dinamismo a la puesta en escena de esta obra.


Luis Camacho Campoy se propuso en su día ilustrar a Lovecraft como homenaje a su padre, ferviente seguidor del genio norteamericano. En las reuniones de amigos en su casa “se hablaba de cine, literatura, teatro, de la vida…, pero la palabra de Lovecraft, Cthulhu y los mitos me llaman mucho la atención” entre esas conversaciones.


De hecho, el gusto por la fotografía “y además, un tipo de fotografía bastante onírica, oscura, metafísica, tiene que ver mucho en mi padre en haber leído a Lovecraft”.


Esa transformación de los patrones del terror desde una perspectiva romántica hacia la creación de un horror cósmico, antes apuntada, e impulsada con fuerza por Lovecraft, con el aliciente de que el terror puede surgir de situaciones totalmente inesperadas, ha tenido su continuación en el cine en directores como Ari Aster (Hereditary o Midsommar con esos paisajes noruegos de florecillas a plenas luz del día alrededor de los que avanza el film con progresiva brutalidad). ¿Quién no repara en la segunda mitad del siglo XX en letras como la de Wish you were here, de Pink Floyd?: “Así que ¿crees que puedes distinguir el paraíso del infierno?, ¿cielos azules del dolor? ¿Un campo verde de un riel de acero frío? ¿Crees que lo puedes distinguir?”.


Edvard Munch es precisamente noruego y ya capta en 1893 precisamente ese “Grito” de la angustia interior, en sus propias palabras tras un instante de angustia interior que le estalla en medio de un precioso y rojizo atardecer entre fiordos, representado en llamaradas de sangre y proyección artística de su ansiedad.


En 2024, uno de los cuadros visibles en el estudio de Luis Camacho es el de un “grito” de un orador satirizado (ojos vueltos) por su verborrea con bocadillo de cómic negro y que sale de su boca en forma de humo, ante un atolondrado y un tanto animalizado auditorio de embobados. Se titula el cuadro “La convención de la masa”.


En 1890, tres años antes del Grito de Munch, había nacido en Providence (Rhode Island) Howard Phillips Lovecraft, igualmente marcado por un ambiente de rigidices familiares, en su caso fruto de una estricta educación victoriana por parte de madre (su padre muere tempranamente): “Lovecraft nace en una familia inglesa venida a menos, su madre no lo lleva al colegio, lo tiene vestido con ropa de niña hasta los seis años y le dice que es muy feo; pero él, a los seis años ya ha leído Las Mil y una noches y se hace autodidacta. Ya a los quince años escribe su primer relato, pero durante unos años no es considerado un buen escritor, su obra es solo publicada en revistas Pulp y se gana la vida corrigiendo a otros autores; es un magnífico corrector de estilo”. También es conocida su afición, casi al punto de la obsesión, de cartearse con amigos (escribió más de cien mil cartas).


Esa superación de los modelos anteriores que se da en distintas artes en la etapa del Modernismo e incluso a tendencias formales diferentes dentro de las mismas, bien de evasión hacia mundos exóticos o imaginarios o de expresión intimista de angustias y melancolía (a veces incluso ambas se entrelazan) y que avanza hacia vanguardias artísticas de matices individualizados y complejos conforme avanza el siglo XX, es el marco histórico y cultural que atraviesa la vida y obra de Lovecraft.


De los personajes solitarios y deprimidos, portadores de una evidente angustia existencial, con los que Luis Camacho, entre otros autores, ilustra “Cuentos de amorfos y sombras”, el ilustrador marchenero da el salto a una obra en solitario como este Manual Zoomórfico de Lovecraft en el que también realiza el texto.


El resultado de un trabajo que le ha ocupado durante los nueve últimos años, con especial empuje en los últimos tiempos, es “un bestiario amplio de los seres creados por Lovecraft, seres imaginarios que van avanzando y haciéndose más complejos” durante la trayectoria del escritor norteamericano.


Esa progresiva complejidad ha sido captada en una obra que incluye 250 dibujos en 268 páginas, ingente trabajo para el que se ha documentado ampliamente el autor, que ha ido realizando bocetos y perfeccionando sus dibujos mientras que en el ámbito textual ha analizado con detenimiento los libros de Rafael Llopis, prologuista y traductor, estudioso y crítico de la obra de Lovecraft y que le ha sido muy valioso para captar nuevas claves del insigne escritor y sus extraordinarias criaturas.


Después de varias vicisitudes, ha contado además con el apoyo incondicional, destaca Luis Camacho, de Raúl Cordero, editor de Maldragón, que le afirmó desde un principio su convencimiento total de publicar la obra, de manera que de los iniciales cuadernos de campo que se planteaban, el trabajo se haya convertido en un libro de tales dimensiones, con tapa dura, guardas brutales, calidad magnífica de papel, 268 páginas A4 Plus, imprimido en imprentas donde se hacen los libros de Norma editorial.


Antes de que el libro se ponga a la venta, las campañas tanto de verkamy a nivel nacional como de quick starter a nivel internacional de este libro que ha alcanzado tal éxito que se está maquetando en inglés, ha contado con casi mil mecenas, gracias a una campaña potente en la que se le han ido otorgando recompensas a los primeros compradores de todo tipo de merchandising y regalos de láminas, chapas, monedas conforme se iba acumulando presupuesto para hacer posible la edición de Manual Zoomórfico.


Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón, Finlandia, todos los países europeos, Honolulu en Háwai han sido algunos de los variados destinos donde ha llegado Manual Zoomórfico, que ha recibido ya críticas en español “muy positivas, que califican la obra como obra de culto, obra de arte”, manifiesta muy satisfecho por la acogida Luis Camacho, también visiblemente contento por la aparición de algunas de las ilustraciones en La 2 de TVE en el programa de Berto Romero, Ovejas eléctricas, que tuvo edición dedicada a los monstruos.

 

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Respecto a la concepción de los dibujos, Luis Camacho expresa que, pese a la existencia de algunos dibujos de las criaturas de Lovecraft, “he intentado ir a pelo. Obviamente cualquier referencia de todo lo que rodea, tenemos. El monstruo clásico Clthulhu se ha dibujado mil veces, pero quería darle un aire muy personal, lo primero que pensé es en hacerlos como si estuvieran hechos en 1930; un solo dibujo de estilo pulp, muy lineal, muy limpio, anatómicamente perfecto”.


En este sentido, explica Luis Camacho que Lovecraft “o te describía el monstruo de una manera adjetivada brutal, casi científica o apenas nada, solo muy someras definiciones”, por lo que con ambas posibilidades ha jugado para o bien basarse en las descripciones del genio o “volar” con su propia imaginación concibiéndolos y plasmándolos de principio a fin.


Los dibujos están hechos a grafito, y algunos de ellos con el tiempo, fueron pasados a digital para agilizar la labor.


Destaca el autor que en un libro se espera una ilustración cada cinco o seis páginas, pero concretamente Manual Zoomórfico es un trabajo “de muchas horas” que ha repercutido en que en 268 páginas se concentren 250 dibujos, una proporción espectacular.


Un cuadro de Luis Camacho ocupa un sitio privilegiado en su estudio, esqueleto rodeado de sombras y grises, ser extraño, de pesadilla muy acorde con los sueños que podría tener Lovecraft y ha sido ya vendido a un mecenas estadounidense en la campaña de Manual Zoomórfico.


En esta línea, Nahayarlathotep, uno de los dioses creados por Lovecraft, es uno de los que, preguntado el autor por cuál más le ha llenado dibujar de entre esos 250, cita: “Me fascina porque es un Dios, mensajero de los dioses de la novela La sombra sobre Innsmouth. Son todos especiales, pero este Dios del caos es un ser que me llama muchísima la atención; hice distintos bocetos y lo trabajé bastante, es un ser brutal en su concepción, la cabeza con tentáculo al final, caras saliéndole, bocas, hay tentáculos como piernas; yo he hecho una hibridación anatómicamente más perfecta. Hay muchos seres de mucha enjundia y muy bestias en la obra de Lovecraft”, asegura Luis Camacho, haciendo referencia también a uno de ellos que, si lo miras, te conviertes en piedra.


De piedra, ¿o no?, se quedaría a día de hoy Lovecraft, si viera que un libro en el que se ilustran sus seres imaginarios cuenta con dos códigos QR, uno de un sobrecogedor spot cinematográfico tráiler anunciador de la obra que ha realizado su hijo, Fernando Camacho González, que alcanza ya casi 30.000 reproducciones y otro de un tema musical compuesto para la obra por su otro hijo, Luis, con el que el lector puede ambientarse de manera idónea mientras lee y ve Manual Zoomórfico, que se pondrá a la venta al precio de 30 euros, incluyendo tales características, novedades y un contenido de la obra tremendamente interesante, sin olvidar la importancia de que se constituye como una compilación cronológica sin parangón.


Manual Zoomórfico capta la complejidad de la obra y personalidad de Lovecraft

 

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“La obra de Lovecraft es muy compleja, mucho más de lo que se piensa la gente, y hay que leer mucho el trasfondo”, pues en las obras del autor “hay realidad, está muy presente el mundo del sueño, hay mucho de psicológico, y también de factor personal”.


Lovecraft vivió una rígida educación victoriana donde lo negro y lo mestizo, en ese contexto obtuso de la Nueva Inglaterra e interior de Estados Unidos, “era poco menos que entendido como un humano de serie B”, pero a lo largo del tiempo diluye ese racismo exacerbado suavizando sus referencias a simples “razas inferiores”, siempre entendido en el marco de principio de siglo XX: “Realmente tuvo amigos negros, se hizo mucho bulo y todo debe ser situado en su época y en su sitio”, explica Luis Camacho, que también apunta que “uno de sus mejores amigos fue homosexual y su mujer era judía”.


“Lovecraft, en el fondo, es muy serio y oscuro”, y en esos términos, la obra de Luis Camacho Campoy en las artes de la pintura y el dibujo ha incluido siempre “una temática de trasfondo oscuro, muy metafísica, filosófica, existencialista, onírica en muchas cosas, y toda esa esencia se ha trasladado al libro” Manual Zoomórfico, asegura Luis Camacho.


Más allá de esos condicionantes contextuales, Lovecraft “tenía una imaginación desbordante, leyó muchísimo a lo largo de la vida, adoraba a Edgar Allan Poe”, de modo que, con base a su cultura de formación casi autodidacta y a su propio genio creador, Lovecraft fue dejando un legado literario en el que tuvieron cabida “relatos realistas, otros que anuncian el ciclo del sueño, un mundo de los sueños donde los personajes son antihéroes, por decirlo de alguna manera, donde, por ejemplo, quedándose dormido en la labor de vigilar el avance de razas extraterrestres, tienen ensoñaciones llenas de aventura, luego también tiene Lovecraft obras muy científicas, como Montañas de la locura, con lenguaje de recortes de periódico, de cartas o libros imaginarios con argumentos que la gente de la época piensa que pueden ser reales, como el Necronomicón y el Libro Amarillo”.


En este sentido, por situar el marco cultural al que no es ajeno Lovecraft, recuérdese que en 1898 lanza Herbert George Welles su novela La Guerra de los mundos. La adaptación, por Orson Welles, a radio, de la invasión de los marcianos cuarenta años después, en 1938 (apenas un año después de la muerte de Lovecraft) provocó una alarma social en cuanto a que creyeron los radioyentes norteamericanos que se estaba produciendo a efectos reales, pero en cualquier caso, puso en boga un tema que llegó a la opinión pública en esos finales del siglo XIX y que ha venido para quedarse en el XX y en el XXI.


En cuanto al estilo de Lovecraft, nombres de seres más impronunciables para una evocación más intensa de la procedencia de otros mundos, lenguaje culto y arcaico en muchas ocasiones, adjetivación muy rica, condensación del concepto de monstruos indescriptibles con la palabra aterradora y ambigua “Think”, La cosa, llevada al cine por Carpenter en 1982, son rasgos de estilo marca de la casa de Lovecraft que causan la fascinación del autor de Manual Zoomórfico.


La compilación llevada a cabo incluye, como hemos apuntado, una parte de texto que ha llevado al autor marchenero a plasmar en la introducción ese motivo de homenaje a su padre, sus propias influencias literarias, y dónde le nace la afición a dibujar y, en concreto, a dibujar rastros, así como recuerdos inolvidables de tiempos allá por 1984 donde iba a recoger los cómics de Creepy al quiosco de la Plaza de Abastos. En esta primera parte del libro, explica Luis también el porqué del estilo visual de Manual Zoomórfico.


Ya posteriormente, aparece el bestiario presentado de manera cronológica como nunca antes se ha visto.


Las criaturas de las tierras del sueño, el monstruo de Cthulhu, todo de manera ordenada va haciendo acto de aparición en la obra: “Miras los primeros monstruos y son más simples, y a medida que va evolucionando, van siendo cada vez más complejos”, explica Luis Camacho, que ha tratado de concretar justamente esa progresión e incorpora junto a los dibujos la descripción exhaustiva de dónde viene cada ser, de lo que quiere representar Lovecraft, o en algunos casos, como por ejemplo el de los guls de Las mil y una noches, cómo ya existía ese demonio y la forma en que Lovecraft lo incorpora a su obra.


Además, “incluyo curiosidades, anécdotas, como por ejemplo la relación de uno de sus dioses exteriores que se llama Nodens (Gran Señor de los Abismos) con Tolkien y con el Señor de los Anillos”, expone Luis Camacho.


¿Fue Lovecraft un adelantado a su tiempo?

 

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A Lovecraft, nos dice Luis Camacho, “le encantaba la astronomía, la ciencia, todos los artes, de toda la tecnología que había estaba al día, y si no fuera un condenado para las Matemáticas, habría podido ser un astrónomo super reputado; toda esa información científica que tiene y con la que se hace, le dota de unas armas para decir…y si existe vida inteligente, y si nos joden vivos, y si se reúnen eones de año en las profundidades, y si viven en vidas paralelas…”


Todos esos temas se ponen encima de la mesa en la obra de Lovecraft, y se aprecian en los dibujos de Luis Camacho, que ha representado con su excelso arte del pincel, conocedor de la obra del escritor, con excelente profundidad la complejidad mental de Lovecraft.


Se ha detectado que miles de exoplanetas son susceptibles de albergar vida, en la misma franja de la Tierra con referencia al sol. Nuestra galaxia es solo una de las miles de millones que existen. Entre 100.000 millones de estrella, una es el sol, solo una, de manera que “es mero egoísmo de la raza humana pensar que somos únicos en el universo, es absurdo”, declara Luis Camacho: “Somos una mota de polvo en universo, vivimos en los arrabales de la galaxia, en las afueras, y ¿pensar que somos el único planeta con vida…?”


“Y cada uno de los planetas con sus sistemas solares, sistemas solares que pueden tener 1, 3 o 20 planetas. 500.000 millones de planetas aproximadamente y ¿somos el único con vida?” se pregunta, retóricamente, evidentemente.


A partir de ahí, “en unos planetas podría estar la vida empezando, en otros se habrá podido extinguir la vida que haya habido, y en otros llevarán viviendo miles y miles de años más que nosotros”.
“Todo eso lo pienso Lovecraft y piensa que puede haber habido generaciones de extraterrestres que nos lleven miles de años de adelanto, e incluso que hayan dejado evidencias en la Tierra que los científicos de hoy en día no quieran reconocer, y por todo eso Lovecraft es una revolución en la época”, expone Luis Camacho.


Años antes de la obra de Lovecraft, las primeras expediciones al Polo Norte y al Polo Sur tenían lugar y, como señala Luis, “habían desaparecido barcos, se encontraban fósiles que hasta el momento no se habían encontrado…”


“Si vienen extraterrestres, pensamos que nos pueden llevar 300, 400 o 500 años de adelanto, pero, ¿y si nos llevan 5.000 o 10.000 años de adelanto? Nosotros en los 100 años últimos hemos avanzado a este nivel impensable en tecnología, pues lo que hoy tenemos, en 1924 no se podía pensar siquiera. Ian Gibson, escritor de Neuromante (1984), que habla sobre el ciberpunk, dice en un prólogo de su novela, que había pensado en las prótesis de los brazos, lo de las memorias virtuales…, pero a nadie se le había ocurrido pensar en esto (móviles) dispositivos y en que íbamos a ir hablando por teléfono por la calle…, es decir, respecto a la tecnología, no sabemos cómo va a avanzar en 200, 300 o 400 años…y si hay alguna raza extraterrestre que nos lleve 10.000 años, ni siquiera nos podemos hacer una idea de la tecnología que puedan manejar: pueden manejar perfectamente los agujeros de gusano o utilizar la física cuántica para viajar de un punto a otro…es que es así:; Lovecfrat ya empezaba a imaginar esas cosas, colócalo en 1920-1930 y piensa en las reacciones de la gente”.


Varios aspectos de la vida de Lovecraft, unido a que le dejan fuera del ejército por no observársele condiciones aptas pese a su 1,80 de altura, “le condicionan en su obra, porque la mayoría de sus protagonistas son antihéroes, no valen para la batalla, han recibido una importante herencia, son cultos y estudiosos, no tienen relación con mujeres y manifiestan ensoñaciones y agobios, obsesiones con un determinado tema, prácticamente son como era él, que odiaba el frío, le encantaba escribir de noche y si lo hacía de día utilizaba flexo para simular que era de noche y que mantuvo una dieta bastante jodida, adicto al café, azúcar, queso…”, afirma Luis Camacho trazando más rasgos de la personalidad de Lovecraft.


“Miradme otra vez sujeto/ a mi fortuna; y pues sé/ que toda esta vida es sueño/ idos, sombras, que fingís/hoy a mis sentidos muertos/cuerpo y voz, siendo verdad/que ni tenéis voz ni cuerpo”, manifiesta el príncipe Segismundo, protagonista de la insigne obra de Calderón de la Barca, "La vida es sueño" (1635), a comienzos de su acto tercero. Antítesis entre lo real y lo ilusorio, lo sensible y lo inteligible, ya se plantean en el mito de la caverna de Platón, extremadas y reconsideradas en un momento histórico ya más próximo a Lovecraft por el genio universal del drama Calderón (también Shakespeare), el de un Barroco en el que cobra sentido el vigor de una existencia envuelta en requiebros y con raíz en profundas paradojas.


De ese Siglo de Oro de nuestras letras ya se dieron personajes angustiados, perfectamente trazados por Calderón, en este caso, que habían de responder a dilemas y que se planteaban los diferentes planos de la existencia, pero no exentos aún de su encaje en tramas mundanas.


Con Lovecraft y sus fascinantes criaturas producto de su imaginación, el género del terror da un vuelco, profundizando en ese legado de preguntas sin respuestas (o con infinitas posibles) que el ser humano acumula a lo largo de sus vidas, pero en dimensiones hasta entonces desconocidas.


Manual Zoomórfico, una obra que pone orden (cronológico, no más, no se asusten) y da vida al caos de Lovecraft, presenta, pues, ilustraciones y textos que de universos paralelos a mundos infraterrenales, traen un mucho del alma del pródigo escritor, y de su obra, como sus seres extravagantes, eternos al lector de los tiempos que vinieron y de los que vendrán.