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El 12 de agosto de 2015 comenzaron los trabajos de enterramiento del Yacimiento del Lavadero, con el objeto de evitar expolios que se produjeron durante los trabajos de análisis del equipo arqueológico que intervino. El objetivo inicial pasaba, tras esa medida preventiva, por volver a destaparlo, ponerlo en valor y rehabilitarlo para convertirlo en atractivo turístico de referencia en nuestro pueblo, justo lo que vuelve a reivindicar Acupamar seis años y tres meses después.



De hecho, los arqueólogos, señalaron en la presentación pública de su informe preliminar, a mediados de septiembre de 2015, que el tapado, con arena drenante y compactada, es "muy cuidadoso y georreferenciado al milímetro" para que cuando se vuelva a actuar se localice con facilidad lo ya descubierto, con precisión exacta.

 

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Eloísa Vega, vicepresidenta de Acupamar, ha reivindicado la importancia del yacimiento en el estudio del origen de la configuración urbana de Marchena y que el informe de los arqueólogos “ha demostrado que tiene más entidad que una simple villa”.


Si bien en la Asociación Cultural por la defensa del Patrimonio de Marchena son conscientes de las dificultades presupuestarias para emprender un proyecto global de rehabilitación del yacimiento, apuestan porque “al menos una parte sea rehabilitada”, por ejemplo la de la zona aljibe de 44 metros de diámetro: “Hay mucho que trabajar, excavar y poner en valor”, incide Eloísa Vega, que reclama que el Ayuntamiento de Marchena actúe en este enclave de señalado valor patrimonial para ponerlo al servicio del disfrute del pueblo y del turismo que se atrajera.

 

DECLARACIONES DE ELOÍSA VEGA, VICEPRESIDENTA DE ACUPAMAR


El estanque es una de las construcciones más significativas descubiertas, en un estado de conservación y dimensiones de los que no se han encontrado nada parecido en el mundo romano ni tanto por sus características ni por su uso, con 70 centímetros de espesor y en conjunto con refracción de 1,5 metros.

 

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Destaca el anillo de sillares de gran tamaño para aguantar el empuje del agua, ya que se calcula que "como mínimo" el estanque almacenaba dos millones de litros de agua, siendo una contrucción magníficamente compactada y que encaja con el concepto de construcción al aire libre y sin cubrición, destacó en la presentación pública de los estudios realizados, Jacobo Vázquez, a mediados de septiembre de 2015 en el salón de Plenos del Ayuntamiento de Marchena.

 

“Se podría hacer visitable con una inversión no demasiado grande”, manifiesta José María Díaz Luque, presidente de Acupamar, que anima a nuestros gobernantes a que den a conocer este yacimiento desconocido para el gran público, al igual que se hace con las iglesias o la muralla almohade.


El yacimiento romano, si se recupera, “sería la punta de lanza para que se siga excavando y poniendo en valor nuestro patrimonio” arqueológico, añadió Díaz Luque.


En este sentido, la alcaldesa de Marchena, María del Mar Romero, se mostró partidaria de una actuación en esta línea y declaró, durante los trabajos de estudio del equipo arqueológico en verano de 2015, que tomaría nota de la gestión de grandes yacimientos como Atapuerca o Nerja si se seguían encontrando elementos de interés, para “convertirlo en recurso turístico atractivo en España, Europa y el mundo”, de modo que buscaría financiación en administraciones superiores, como en efecto se plasmó en junio de 2016 solicitando la declaración BIC a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

 

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Además de la zona nuclear de 8 hectáreas situadas en núcleo central del yacimiento, en su informe preliminar tras la intervención realizada en el verano de 2015, los arqueólogos solicitaron que otras 30 hectáreas más en zona periférica fueran reconocidas como objeto de delimitación y cautela ante cualquier tipo de actuación. Los arqueólogos determinaron que el complejo arqueológico ha ofrecido una riqueza excepcional como conjunto urbanizado durante un amplio período de tiempo en época romana especialmente, y aunque no lo catalogaron como villa romana, destacaron el descubrimiento de una clava de una estatua de Hércules, copia romana de un original griego tipo Farnese o Epitrapezios, probablemente, además de resaltar estructuras monumentales como el muro de gran belleza descubierto, el estanque de grandes dimensiones y la importancia del agua a lo largo de los siglos y milenios en el lugar o cerámicas probablemente provenientes de la Galia, entre otros aspectos, que sitúan a este lugar como de un atractivo histórico indiscutible. 


En total en verano de 2015 los arqueólogos intervinieron en 12 zanjas de 2 metros de anchura y con una profundidad de excavación de entre 0,30 y 2,20 metros, en una superficie total de 1.017 metros cuadrados y documentando estructuras en 200 metros lineales, la gran mayoría pertenecientes a período romano de entre pocos siglos antes y después de Cristo, y destacando en todo momento la importancia que ha tenido el agua en el lugar, desde época romana hasta la contemporánea, descubriéndose este último perteneciente ya al siglo XVI y SXVII. 


El acueducto romano, de época alto imperial, sufrió una fuerte destrucción de aproximadamente un tercio en los años 60-70 del pasado siglo XX con la construcción de nuevas canalizaciones.

 

En el yacimiento encontraron, además, tumbas, calzadas de distintas épocas y estructuras edilicias domésticas.

 

La columna encontrada probablemente sea de época tardorrepublicana o transición al Imperio de Augusto  y el edificio del patio encontrado más tardío, siendo de época más reciente, siempre hablando de la etapa romana, la tumba encontrada.

 

Sobre la columna y el muro, todo hace indicar que permanecen en su ubicación original, sin dudar en calificar entonces los arqueólogos esta estructura monumental como "muy interesante" y que hace indicar que se puede tratar de "un gran edificio" promovido probablemente por los poderes públicos de la época.

 

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Otros detalles llamativos, propios de Italia, fueron los machapiés o aceras estrechadas entre calzadas y fachadas y que se han descubierto. En general, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido hasta hoy en día, el nivel de conservación de la calzada, en algunas zonas de entre 7 y 8 metros de ancha, es notable, aunque en otras el deterioro también es evidente.

 

Destacaron calles con doble altura y en contra de la idea generalizada, no de gran empedrado tal y como lo entendemos en el imaginario actual, sino con empleo de guijarro mezclado con cal y grava.

 

La espacialidad del yacimiento también fue destacado con la existencia de basamentos de elementos de sustentación de entarimados de madera, adobe, diversos muros en distintos estados de conservación y una estratificación del terreno por lo general "muy rica", subrayaron los arqueólogos, situando estas estructuras ya en época alto imperial (siglos I y II d.C), e incluso en éstos y en el III d.C casas particulares donde destacan los impluviums para recoger aguas pluviales.


Además de todos estos elementos, en cuanto a los materiales, Jacobo Vázquez destacó generalmente que a partir de pequeños detalles se pueden realizar intensos y extensos estudios sobre la historia, poniendo comon ejemplo una cerámica de sigilata producida en taller alfarero, fragmento que data posiblemente de la época Julio Claudia o incluso del temprano Flavio y que por sus características podría provenir de la Galia, como así se llamaba en época romana a la actual Europa que comprendía principalmente la zona de Francia, entre otras.

 

Fragmentos de mosaico pintados a mano de época prehistórica pertenecen al calcolítico o Edad de Bronce, por lo que hay certeza de existencia humana en nuestra actual Marchena al menos desde el segundo milenio antes de Cristo en esta zona e incluso podría que desde el tercero, recordando material campaniforme también descubierto de similares características en los trabajos hechos en la Muralla por la marchenera Tania Bellido.

 

También señalaron producciones de tipo prerromano de época turdetana, ejemplos de decoración lavanda y también de producción itálica aproximadamente tras la batalla de Baécula (contra los cartagineses) de finales del siglo III a.C, lo cual podría indicar una intensificación del comercio en esta época, encontrándose glandes de plomo, aunque aún se deben estudiar si en efecto existieron estas relaciones causa-consecuencia.

 

No descartaron, asimismo, que en la zona del pabellón pueda haber más asentamientos edilicios como en el Lavadero y detalló cerámica de origen africano, peninsular y oriental encontrada en épocas posteriores, lo cual refleja en suma la eclosión cultural y variedad de elementos descubiertos en la zona, que aseguraron los arqueólogos que, ya con lo encontrado, el material da para "años de estudio", ejemplificando en el registro numismático de monedas, habiéndose registrado unas 150.


También detallaron epígrafes funerarios encontrados enclavados probablemente en el siglo III d. C y terminó su exposición con un detalle significativo de la importancia del Lavadero en cuanto a que existen rastros de símbolos como el de Hércules, concretamente la clava de una posible estatua que se encuentre dispersa por el lugar, pero que da fe de que el culto y tradición de representar a este Dios del vigor y la fuerza. Habrá que analizar si el mármol procede de origen local, pero se calcula que la escultura podría contar con un medio tamaño de 1,50-1,60 metros, siendo copia romana de un original griego, y por la inclinación de la clava, tipo Farnese o Epitrapezios, pudiendo relacionarse en principio su presencia con la existencia de termas en el lugar.

 

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