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Cultura

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EDUARDO TERNERO. Desde este espacio digital queremos  acercar el mundo del flamenco a todo aquel que quiera saber de nuestro arte más sentido. No tenemos otra intención que  dar a conocer, de una manera generalizada, el origen y los hechos históricos que acaecieron para que se produjera el parto de esta forma tan especial de expresar los sentimientos mediante la voz, el baile, la música de nuestra tierra. No es más que una manera de  intimar con este, nuestro arte, algo tan especial y particular que fascina a todo el que se adentra en sus entrañas.


 

Entendemos que hay obras completísimas, expertos en flamencología que han elaborado trabajos ingentes y continúan una labor, en pro del flamenco, impagable. Recordar a Demófilo, Fernando el de Triana, Blas Infante, González Climent,  Blas Vega, Fernando Quiñones,  Félix Grande…y a tantos contemporáneos que han indagado y empeñado sus vidas, pergeñando e investigando para sacar a la luz una forma de expresar los sentimientos que tiene su origen en el pueblo andaluz y  que solo tenía su hilo de voz, poca memoria y menos  aún reseñas históricas escritas.
 
Desde estas humildes letras, sólo pretendemos  informar y acercar a la ciudadanía al conocimiento de lo que fueron los inicios del flamenco, de esa etapa oscura que comprende desde que se tienen los primeros datos del primer cantaor nombrado como tal, animado por las ilusas promesas  que predicara la Pragmática de Carlos III en relación a la no persecución del pueblo gitano   y que recorre durante un siglo los avatares de la sociedad flamenca. Un periodo de la historia  salpicada por una serie de hombre y mujeres, cantaores, bailaores, guitarristas y escritores que han dejado su impronta y sus conocimientos para las generaciones posteriores. 
 
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 Debemos decir que no están todos los que son, pero si son todos los que están. Es posible que algún gran intérprete tanto del baile, del cante o de la sonanta… no se encuentre, pero seguramente haremos referencia a lo largo de las biografías de otros artistas;  porque, puede que  no hayamos encontrado suficiente material como para dedicarle un apartado que tuviese demasiado rigor, es posible que otros no lo hayamos incluido porque no han tenido gran repercusión o simplemente porque se nos ha escapado. 
 
En estos artículos intentaremos adentrarnos en lo más profundo de la memoria del pueblo,   vagando por el filo de la incertidumbre, del oscurantismo ante la falta de soporte histórico, inquiriendo en textos que nos desvelen certezas. Nos acercaremos lo más posible a lo poco que fue recogido – muchas veces maltratado –  por  muchos escritores e intelectuales de la época (Siglos XVIII y XIX). Aún así, hemos procurado ceñirnos a la realidad, hemos escuchado, confiado y plasmado el testimonio de nuestros mayores; hemos indagado y contrastado de  manera  sistemática y contextualizada los orígenes de los distintos aspectos del mundo flamenco, sus intérpretes, sus luces y sus sombras, sus valores y sus desdichas. 
 
Comenzaremos elucubrando cómo pudieron haber nacido cada uno de los palos, como era la vida de sus intérpretes, el suelo donde se movían, las relaciones sociales, los movimientos históricos y un largo etcétera de ese inconexo sentir y expresar que solo se conservaba en la memoria de los pueblos, de su gente. Indagaremos cómo sería aquel vivir  en las cuevas y en los chozos, deambular por los caminos, tirarse a la sierra, sufrir destierros, en cárceles, en galeras…, morir en medio de un camino  o acabar en el fondo de los mares. Nos preguntamos cómo pudo  surgir un canto tan bello al amparo de un grito de dolor y muerte, de sufrimiento y desdén, de penalidades y desarraigos.
 
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 El flamenco, para muchos,  es sacar  lo que teníamos grabado en el corazón como un sentimiento, en la cabeza como memoria y en la garganta como necesidad de expresar  siglos de penas y de atropello, de persecución, desamparo y muerte. ¿Cómo, de esa mezcla de siglos, de la  mal llamada reconquista, de la expulsión judeo-morisca, de la desesperanzada esclavitud negra, del desarraigo  del pueblo gitano fue capaz de surgir algo con tanta ‘jondura’ y pasión? ¿Cómo pudo abrir sus ojos  y salir al exterior, olvidar sus miedos,  expresar sus sentimientos, sin olvidar sus raíces?
 
Serían esos cuatro o cinco veneros los que alimentaron el río del flamenco: judíos, moriscos, negros y gitanos; más, por qué no decirlo, también el mundo cristiano aportó algo a los ‘soníos’ negros del flamenco. Pero, fundamentalmente, sería el pueblo oprimido, el que se rebelaría y lamentaría sus desdichas con las únicas armas que tenía: la garganta, el corazón y la memoria. Con estos  mimbres, con aquella herencia atávica como premisa, el  pueblo  gitano unido a la casta paya más humilde, lo recogió, aglutinó y lo guardó celosamente en el seno de su estirpe.
 
Así pues, periódicamente, intentaremos hacerles llegar un poquito de ese arte tan nuestro, para que podamos ir conociéndolo un poco mejor. La línea que seguiremos será de forma cronológica e intercalaremos palos, artistas, sagas… hablaremos desde el supuesto origen hasta nuestro días, desde Tío Luis el de la Juliana – tal vez el primer cantaor flamenco conocido –, hasta los últimos nombres y noticias que están apareciendo en la escena flamenca. 
Saludos Flamencos.