Cultura

La banda Castillo de la Mota ofreció anoche su tradicional concierto de verano. Tanto la banda joven como la adulta nos deleitaron con pasodobles, piezas populares, bandas sonoras como la extraordinariamente bien interpretada Star Wars, canciones del recuerdo y temas de zarzuela, para concluir con un alegato a la libertad y a la justicia en el mundo, factores precisamente de los que tan necesitados está la banda. Con Jesús Luna en la voz, el coro de niños a capella y la banda interpretando Que canten los niños, de José Luis Perales, se puso el colofón a este, una vez más, genial concierto que fue ofrecido para más de 600 marcheneros.



Es incombustible esta banda, cuenta con una regularidad excepcional en su estar y en su saber, en su música y en su personalidad, en su sonido y en su transmisión, en su directo y en su ordenado trabajo previo. Ni la han cansado ni la van a cansar y traslada al público una seguridad pasmosa y una progresión constante, difícil pero evidente en la banda adulta, y extraordinaria e igualmente visible en la infantil, colosal anoche, maravillosa.


Sin programa a la vista como método de ahorro en la economía de guerra de lamaltrecha asociación, pero con dignidad rebosante, comenzó el concierto con el Alborear clásico toque de diana, que sonó con rotundidad e ilusión desbordada propia de los niños, para continuar la banda infantil con un segundo tema de Abel Moreno, Del cantón al Portillo, una composición que interpretaron con armonía, melódica y alegre.


El famoso pasodoble del Toro Gato Montés resultó realmente espectacular, con una coordinación entre toda la orquesta francamente excepcional, lo que despertó entre el público una ovación atronadora ante una composición en la que si se hubieran cerrado los ojos, los 600 espectadores hubieran imaginado a adultos tocando los instrumentos.


Sensacional la banda joven en este tema para cerrar su repertorio con unas sevillanas populares transmitidas con un magnífico compás.


Salieron muy aplaudidos los más jóvenes para dejar paso a la banda que lleva más de 17 años al frente, la banda propiamente dicha de Castillo de la Mota, que con Ópera Flamenca rompió el hielo y Por la Puerta Grande, un pasodoble de una elegancia y un arte sin igual.


Llegó la hora de Star Wars, de la Guerra de las Galaxias, ese tema que con tanta paz y armonía interpreta la banda marchenera que retiene sus sonidos en el aire haciendo el silencio, prolongando la belleza de la música en toda su extensión a golpe seco de bombo y platillo para sumergir en una atmósfera de fantasía sin igual a toda la sala de Cultura. Se salieron con este tema y así lo reconoció el entusiasmado público. La Mota no le tiene miedo a la “guerra” ni fuera ni dentro del campo, como se demostró en el escenario, le van los retos grandes.


Habitual es presenciar colaboraciones espontáneas nacidas del corazón de los artistas marcheneros de la calle, como ya sucedió con Aurelia Cubillo, entre otras, que nos consta que además defendió a mucha honra su actuación ante las malas lenguas que trataron de encasillarla con los “malos”.

Pero al contrario que puedan pensar esas lenguas, estas actuaciones hacen grande y hacen más aún del pueblo a la banda Castillo de la Mota, que acompañó el canto del recuerdo de María Luisa Fuentes por Marisol, con aquel espléndido Tómbola, que cantó María Luisa y tocó la banda con el entusiasmo propio de la canción y de cómo la acogió y la seguirá acogiendo siempre el pública.


Aparte de esta canción fresca, popular y sencilla digamos de interpretar, Con su Blanca Palidez puso en claro que la calidad musical de esta banda es más que digna, es progresión constante dentro del sobresaliente que siempre merecen sus conciertos: “Caminos en el cielo, misterios en el mar, y las sombras del desvelo que me vienen a asediar…” Canción de finales de los 60, del manual para los románticos que sueñan serenos pero que nunca dejan de soñar.


http://www.youtube.com/watch?v=p8jJ1ORIOes&feature=related

 


Quería Sherezade Moreno presentar ya a Luis Fuentes, que siempre se espera con ansia entre el público para su habitual colaboración, pero se saltó una canción del guión, la Máscara del Zorro, ante lo que entre tanto pasodoble en el concierto, el director, José Miguel Troncoso, le echó un capote justificando el error: “es culpa mía, no te preocupes, es lo que tiene tanto hablar con el abogado y tanto hablar con el Defensor del Pueblo y se equivoca uno con el programa”.

Sonó por cierto de cine la Máscara del Zorro, donde la banda sonora se escuchó con una fidelidad excepcional envolviendo la sala en un ambiente cinematográfico de altos vuelos y dando esa sensación de intriga en la música, como en la película y en la propia vida de la banda en los últimos años se produce.

Luis Fuentes sí saltó a continuación al escenario para interpretar Campanera con el salero de su voz de flamenco antiguo y ese sentimiento arraigado que siempre transmite el saetero, el flamenco y el castizo Luis Fuentes, “Tú si que vales Luis”, aunque dieras todo el mérito a los componentes de la banda.


A paso de zarzuelas, con arreglos del propio director José Miguel Troncoso, concluyó armónicamente el concierto, con Amor de Hombre azarzuelado para concluir con clásicos del género entusiasmando al público, todo ello con traslaciones musicales muy habilidosas entre tema y tema.


“Quiero dar la enhorabuena a los chavales de la banda Castillo de la Mota y a los de la banda joven por aguantar lo que están aguantando estos tres años; se ha demostrado una vez más la solidez de este proyecto, porque los proyectos culturales se ven a largo plazo, ahora van a escuchar la canción Que Canten los Niños, que se lo quiero dedicar a los que utilizan el poder que emana del pueblo para construir en vez de destruir, para dialogar en vez de imponer”, manifestó Troncoso dando paso a Jesús Luna.


El cantante marchenero, a juego con la banda con camisa blanca a juego con el contenido de la canción dedicada a la infancia, pero también alegato a la libertad y a la justicia, pareció llevar toda la vida en lo alto del escenario con una voz imponente y muy clara bajo los fondos melódicos de esta canción llena de emoción interpretada por la banda adulta con las voces de fondo de los niños.


Es una canción llamada a la ilusión, que nunca viene de más, es una canción en la que un joven marchenero ha representado en lo alto del escenario, como el pueblo de Marchena, al igual que él, da su corazón a la banda Castillo de la Mota con emoción y como una donación de esperanza que siempre es bienvenida en la golpeada banda, que está demostrando por cierto que a las bofetadas se les responde con mucha humildad, y con más música aún, con el rostro sereno de los componentes de la banda adulta que nos emocionan día tras día y con la blanca palidez de niños que ajenos a todo disfrutan del día grande que supone para ellos cada concierto y que recordaron para despedirse a niños que sufren hasta la extenuación, como a los niños palestinos, que en nombre de fronteras los vecinos mayores poderosos les impiden sobrevivir asesinando a los componentes de las flotas de ayuda. No le queda más remedio a uno al escuchar la palabra niños y una canción como esta de acordarse de ellos: el boom mediático del barco asaltado pasó, declaraciones altisonantes de condena y promesas de cara a la galería también pasaron, su miseria y su aislamiento no pasan.


http://www.youtube.com/watch?v=2rDHsqW83ok


Como dijo el gran José Luis Perales, fielmente evocado por Jesús Luna, ¡Que canten los niños! Y los niños cantaron y la banda de la Mota les acompañó, ¡Que toque y que cante la Mota!, siempre, que no se canse.


Que canten los niños que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar
que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad.

Que canten los niños que viven en paz, y aquellos que sufren dolor, que canten por esos que no cantarán porque han apagado su voz.

Yo canto para que me dejen vivir, Yo canto para que sonría mamá, Yo canto porque sea el cielo azul, Y yo para que no me ensucien el mar.

Yo canto para no los que no tiene pan, Yo canto para que respeten la flor, Yo canto porque EL mundo sea feliz, Y Yo canto para no escuchar el cañón.

Que canten los niños que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar
que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad.

Que canten los niños que viven en paz, y aquellos que sufren dolor
que canten por esos que no cantaran, porque han apagado su voz.

Yo canto porque sea verde el jardín, Y yo para que no me apaguen el sol
Yo canto por el que no sabe escribir, Y yo por el que escribe versos de amor

Yo canto para que se escuche mi voz, Y yo para ver si les hago pensar

Yo canto porque quiero un mundo feliz
Y yo por si alguien me quiere escuchar.


Que canten los niños que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar
que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad.


Que canten los niños que viven en paz, y aquellos que sufren dolor.
que canten por esos que no cantarán, porque han apagado su voz.