Rincon Literario

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“La agonía que aquí padezco durará bien poco, en comparación con la agonía de un pueblo que se ve caído, pero que todos sepan que no muero hoy, que seré el campo verde por el que podrás pastar, el pequeño ruiseñor que a tu oído cante, los rayos de sol que te de aliento, seré los ojos de tu mirada, me convertiré en recipiente inagotable que recoja tus lágrimas derramadas, bastón de apoyo de vuestro pesar, y en mi camino recogeré vuestras almas”. Fragmento de Poemas Fusilados, un relato corto obra de Oliver Tovar, vibrante y profundo monólogo interior de un hombre, de un poeta antes de ser fusilado. El autor lo dedica a la figura de Javier Gavira por su lucha en pro de la recuperación de la memoria histórica. Pueden leerlo al completo a continuación:

 



Firme y postrado entre otros, me encuentro alineado como uno más de la lista de los que hoy van a ser fusilados. Mi vista se funde con la bocacha del arma que va a poner fin a mi vida; fundidas las miradas de aquel que tiene en su poder la vida de otro, aquel que cierra un ojo para no ver más allá, para apuntar con claridad hacia aquello por lo que acepta órdenes, tal vez sin estar de acuerdo con las mismas.

 

El frío me recorre desde la punta de los pies hasta la cabeza, me tiemblan los músculos sin poder evitarlo. Ríos de sangre fluyen debajo de mí y se unirán pronto a la mía.

Así lo siento, por el agujero de mi zapato, que da paso a que la planta de mi pie toque suelo y sienta la amplitud de la ignorancia, el desconcierto ante el acto macabro de acabar con lo más preciado. Agujero que da paso al vacío de misericordia, respeto y bondad.

Se me hiela el cuerpo, no sólo ya de pensar en el corto discurrir que de esta vida dispongo, sino en el vacío que voy a dejar, aun cuando tanto quería llenarlo.

Palabras que discurren en mi pensamiento, deseosas de verse plasmadas con tinta y en papel, dejadas para siempre marcadas en las páginas de una historia, mi historia, la historia de todos los que con ellas se sienten o puedan sentirse identificados. Razones de más para no llegar a comprender como podremos llegar a parar las guerras, las injusticias, los desencuentros, las penas, las tristezas, la pobreza, y todo lo que deriva del uso de las armas sobre nuestros cuerpos desnudos.

No solo voy a ser yo el fusilado, también va a acompañarme en mi camino, mi saber por la vida; pero se quedarán huérfanos mis versos, deseosos de salir de mi boca para seguir siendo plasmados con tinta en blanco papel; y se mata el conocimiento, se priva de libertad, de expresión y del sentir más profundo, se priva a los demás del mayor conocimiento.

No me dejas por lo tanto, seguir mi camino tal y como me lo había marcado, no sólo me apartas de mi sendero, sino que me impides el paso, me cierras el camino y haces que me desplome al más profundo de los vacíos; voy a caer fulminado, sin nada a lo que poder agarrarme, y mis palabras caerán conmigo, acompañándome en tan triste desdicha, pero lejos de callar mis pensamientos y mi forma de ver la vida; mis conocimientos se irán ahora conmigo, como no podía ser de otra forma, poco margen me has dejado para dejar plasmado mi legado por más tiempo, rumbo de mi nefasto destino, indeseable e inoportuno.

Quería abarcar un mundo mejor pero al final este mundo me ha abarcado a mí; acatas órdenes sin saber por qué, y si son las correctas; accedes a matar a un inocente manchando tus manos del vivo color rojo de la sangre; aciago el día de hoy que jamás debió suceder; acontece aquello que no debería de escribirse; me afliges el mayor e inimaginable castigo, aunque seguiré aguantando hasta el último aliento que sale de mis más profundas entrañas.

Intentas que me ahogue en mis ideales, cubriéndome con mi propia sangre; te alabarán los tuyos cuando consigáis una victoria engañosa, más creedme que estaréis en el más grave de vuestros errores; mi alforja va a quedar ya vacía de libros, escritos y pensamientos, dejando un hueco al poco pan que me ha alimentado; absuelto no voy a quedar ya, aunque sí libre de toda culpa, acata tú las órdenes que recibas y que creas que debes obedecer, pero en tu conciencia recaigan tus actos para siempre.

Ante ti me compadezco, por querer quemar con fuego lo que mis palabras han forjado a fuego lento, por querer destruir mi muro indestructible, mis firmes cimientos.

Ojalá acabe ya tanto sufrimiento, que las discordancias se arreglen con el diálogo pasivo, y no con la crueldad imperante e indeseable. Difícil cuestión ya que nuestra larga historia así nos la ha hecho ver.

Abandonado a mi suerte me encuentro ya; lejos quedan aquellos recuerdos de cómo pudimos separarnos, después de haber sido vecinos, unidos en nuestra infancia, lejanos ahora por nuestra madurez, que separa opiniones e ideas infundadas en querer llevar la razón donde se encuentra la sinrazón, mostrando con fuerza lo que no se puede expresar con palabras, queriendo convencer al contrario simplemente porque no piensa como tú.

Abocado a mi fatal destino que impaciente me espera, no me queda otra que abrirme camino hacia la muerte.

Una línea delgada nos separa, y aunque no comparto tu decisión tampoco tengo fuerzas ya para convencerte de que la puedas cruzar. Deja que el agua corra, deja que fluyan los sentimientos en su discurrir natural; estoy dentro de un abismo del cual ya no voy a poder salir; abrumado me siento de todo lo acontecido; absuelto de toda culpa quedo, si alguna he cometido; me vas a privar de que pueda seguir regalando a los demás mis inquietudes, mis conocimientos y mi verdad.

Una atmósfera oscura rodea el escenario, lo hace más nublado y oscuro, muy lejos de la luz y la temperatura de nuestra querida tierra a la que tan bien nos tiene acostumbrados; apremia ya la hora que dará paso a terminar con mi vida; !Hazlo ya y no te demores más!

El final ya está marcado y no se puede cambiar; no me vas a dar tiempo para cambiarme al menos de atuendo, aunque tampoco importa eso ya, si no sé siquiera dónde me vais a enterrar y si me vais a dejar localizado para que mis familiares a mi descanso vengan a llorarme. No quieras que calle mi voz, silencie mi pensamiento, porque ni tú ni nadie jamás podrá; se vuelven cenizas mis ilusiones, se desvanecen en el aire.

He crecido y me he convertido en lo que hoy tus ojos pueden ver; derrumbar quieres mis muros, pues altos he de decirte que están y que para ti no será nada fácil. Desparramadas quedan mis ideas, mis sonetos y mis versos, sin que nadie pueda unirlos y recopilarlos; eco de mis sueños, vienes tú a interrumpir, para que no vuelvan conmigo; encaramado a mi destino, voy a saltar hacía él, aunque ni epitafio me vas a dejar que inscriba, ¿no te basta con quitarme la vida, sino también del recuerdo me quieres borrar?

Estalla mi furia hacia ti, ¿cómo sin escrúpulos uno puede llegar y por qué discurrir has tenido que pasar para convertirte en lo que eres?

No puedo evitar pensar en lo que sería de mi vida, si tú en mi paso no te hubieras puesto sin más; si la historia hubiese dado un giro completo, no me hubiera puesto en tu lugar, no es mi forma de ser lo que tú ahora quieres llegar a ver; hijo de tu tierra te creerás, pero no creo que ella de ti orgullosa deba estar, no te ha dado este paraje singular para que tú ahora lo manches con maldad; las hojas pasarán una a una, y por mucho que quieras arrancarlas, hechos y sucesos, marcados para siempre quedarán; un capítulo aparte para tan desgraciado final; con pavor se esconden los cobardes, huyendo de sus propios ideales, no esperes que yo así lo haga, soy yo, en lugar de ti, quien da un paso adelante, para hacerte más fácil tu certero disparo; algún día volverá la paz a nuestro pueblo, espero que mi muerte no haya sido en vano, y que haya servido de algo, que haya contribuido a eliminar tanta desgracia y miseria de los peores hechos del ser humano.

Llega ahora mi descanso eterno, impuesto por ti antes de tiempo, mi cuerpo en unos instantes caerá desplomado en el suelo, volviendo a la tierra cálida de nuestro pueblo, aquella que me vio nacer, la misma que ahora me va a ver fallecer. Languidece la palidez de mi rostro ante tanta indefensión, no puedo ya hacer nada, todo está ahora en tus manos impías y miserables que con el simple toque de tus dedos pueden hacer cambiar tanto el rumbo de la historia; grita mi esperanza, grita mi pensar, pero jamás conseguirás que grite lo que quieras oír; pues hondo llega mi profundo pesar, sin que pueda con ello llegar a remediar nada, ira en tus ojos puedo ver, lóbrego queda este lugar; llanto por mí muchos habrá aunque a ti eso te pueda resultar indiferente; lloverán lágrimas que regarán la tierra que me vio nacer, sin saber dónde ahora me encontraré, porque así lo has decidido; no pretendas que me arrodille ante ti, de pie he vivido siempre y así permaneceré hasta el final que tú me des: Mi papel aquí, es parte de mí, aquel que relleno con las letras que salen inexplicablemente de mi cabeza con una velocidad y una magia inimaginable.

Que la bala incendiaria que mata lo que toca, se deshaga entre humos, espolvoree en el aire; ahorra tu bala para otro que se lo tenga más merecido, si es que existe persona que merezca tal agravio, porque para mí, nadie debe ser dueño de la vida de otro: Tu arma se encuentra ya oxidada del trabajo que le habéis hecho dar, incansable la fatiga que ha tenido que soportar, calentada por la pólvora de la que está alimentada, gastada ya de su uso, testigo directo de la mortalidad que ha sabido dar; mi pecho descubro ante ti, descubierto, respirando el aire puro, puedes ver mi respiración de aliento ante una nueva esperanza.

Pronto voy a pasar de este terrenal reino de mi comunidad al Paraíso eterno donde toda imaginación deja volar lo que aquí no pudimos terminar o al menos así me animo a creer ahora que las manecillas del reloj menguan, haciendo corta ya aquí mi presencia. Vida y muerte, en mundos paralelos convergen para intercalar nuestras vidas. Patria querida, no te abandono, me obligan hacerlo bajo mi pesar.

Cierro momentáneamente mis párpados, cogiendo fuerzas de ánimos para volver abrirlos y ver la cara de aquel que despóticamente actúa; mis piernas pronto no podrán aguantar más, caeré abatido por tan contaminada bala, mi rostro acariciará la cálida tierra, mi cuerpo se desvanecerá pero nunca jamás mis ideales. Regueros de sangre alrededor de todo mi cuerpo saldrán, roja fuego, seguirán el camino derramado hacia ti: Eliges un sitio público para convertirlo en escaparate, muestras a otros lo que les puede pasar si a ti te contradicen, artimaña inhumana y nefasta, propia de un cobarde, no podría encontrar otro calificativo mejor.

A los que me quieren, invito a que cojan mi pluma, la mojen en mi propia sangre y escriban en papel lo que aquí triste y desgraciadamente ha acontecido; me haces precipitarme hacia el vacío pero en lo más alto quieres colocarte, tirando todo aquello antes construido; quema con el fuego de tu envidia y maldad, y no procures dejar rastro de mí, difícil pues lo tendrás. Rebelde, puede ser como me llames, pero no soy tal, soy quien soy con la semilla que nací, pero si vienes a arrebatarme esto de mí, créeme que entonces podrás llamarme como tal. No me pidas rendición, ni tampoco perdón, porque nada a ti te debo; sueño roto, echado suertes, sugiere una pérdida de mí sin terminar de crecer, sumido en un final inesperado, en una red rota caeré. Sin temblar mi pulso, así te lo demostraré, no sé yo a quien habrá más de temer; en lugar de haberme tendido tu mano, me tiendes sobre tus pies.

Ante el duelo de mi muerte, no sé quien vendrá a velarme, ya que ello ni tú querrás; sabio te crees ahora que todo lo puedes, que todo lo destruyes, con mísero esfuerzo, destrozas sueños y versos caídos en un olvido eterno; acecha ya la oscuridad más en ti que en mí, ya que la niebla no te deja ver, y la luz de la verdad y de la razón se va a va a apagar antes en ti que en mí; esparcirás mis entrañas donde a ti te dé la gana, sin tener en cuenta nada más.

Soy un poeta, un corazón herido que preside su pronta visita a la otra vida; confío en que algún día la pólvora de las balas queden convertidas en papel, y las armas en bellas y delicadas plumas, donde la sangre derramada quede reemplazada por tinta; confío en que no utilices libros para reflejar tanta locura, utilízalos para exclamar justicia; espero que mi ausencia sirva ya más en el recuerdo que mi presencia. He dejado mis más sinceros recuerdos bordados en la bandera de mi querida Andalucía, el blanco puro de la luz y el verde de la esperanza. La agonía que aquí padezco durará bien poco, en comparación con la agonía de un pueblo que se ve caído, pero que todos sepan que no muero hoy, que seré el campo verde por el que podrás pastar, el pequeño ruiseñor que a tu oído cante, los rayos de sol que te de aliento, seré los ojos de tu mirada, me convertiré en recipiente inagotable que recoja tus lágrimas derramadas, bastón de apoyo de vuestro pesar, y en mi camino recogeré vuestras almas.

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