Rincon Literario

portada bodega

EDUARDO TERNERO. Estimado lector: Durante los meses de verano, cada domingo, publicaremos un micro relato, un pequeño cuento, para reflexionar las horas de calima e incitar la discusión, a la charla con la familia, los amigos...



Clara había nacido en un pequeño pueblo de la Campiña Sevillana. Se decantó por estudiar A.D.E. y Enología. El mundo del vino, sin saber por qué, le atraía y enseguida fue contratada por una importante bodega Andaluza con un amplio mercado tanto nacional como en el exterior.
Su azarosa vida la pasaba visitando países, ciudades, empresas bodegueras, asistiendo a ferias, conferencias, exposiciones…
Aquel día voló hasta Bilbao. Alquiló un coche y bajo hasta la Rioja Alta para visitar varias bodegas del Grupo que representaba. Sin saber cómo, las carreteras le fueron llevando hasta la localidad de Haro. Se fió del GPS y por fin, en encontró con varias naves, traspasó una cancela y aparcó junto a las oficinas de la empresa: “Bodegas Santa Clara” ¡También es coincidencia! Pensó.
La pasaron al despacho del director/gerente y, mientras hablaban, no dejó de observar el enorme cuadro que presidía la pared. Era el rostro de una mujer madura que, a pesar de la edad, era idéntica a ella, parecía su propio rostro, el mismo hoyuelo en la barbilla, los mismos ojos… ¿Quién es, preguntó? El Gerente contestó, asombrado igualmente por el parecido de ambas: “es mi tatarabuela, ella fue la que, con su esfuerzo y tenacidad, consiguió levantar esta bodega a mediados del XIX”.
Clara indagó y pudo conocer como uno de sus antepasados, el primogénito de la señora del cuadro, desapareció y le dieron por muerto, durante la Primera Guerra Carlista en la zona riojana. Su destino final sería Andalucía. Después, los años y el olvido se encargarían de todo lo demás.

eduardo ternero ok

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