Rincon Literario

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EDUARDO TERNERO. Estimado lector: Durante los meses de verano, cada domingo, publicaremos un micro relato, un pequeño cuento, para reflexionar las horas de calima e incitar la discusión,  a la charla con la familia, los amigos...


Gorka Lecumberri había nacido cerca de Vitoria allá por los años 50. Con dieciséis años fue captado por la banda armada ETA y en un espació corto de tiempo se convirtió en uno de los activistas más sanguinarios; participando en multitud de asaltos, asesinatos, secuestros, extorsiones...

Con 30 años, su currículo incluía notas para ser considerado como el más “prestigioso” aberzale: había sido tiroteado, herido en un par de ocasiones, se había fugado al ser traslado a la cárcel del Bilbao, era uno de los “etarras” más buscados y temidos por los gobiernos españoles.

Gorka vivía, con una compañera, en medio de un bosque del País Vasco Francés. Aquella mañana había amanecido con una niebla muy espesa y se alejó para recoger unas setas. La hierba mojada de rocío, el trinar de los pájaros… que bella era la vida pensó.

Al bajar un sendero resbaló y rodó por tierra. La pequeña navaja-tranchete que llevaba en la mano le produjo, de manera fortuita, un pequeño corte en el cuello, justo en la yugular. Un hilito de sangre empezó a brotar, Gorka se sentó, e intentó taponar la herida con sus dedos, con un pañuelo, pero era imposible, aquel diminuto corte había sido certero, en breves minutos se fue debilitando, sus pensamientos le hicieron recordar su agitada vida, sus errores…la película de sus asesinatos.

La cabeza se le obnubilaba, después de los peligros corridos... aquella estupidez, aquel resbalón iba a ser su verdugo, todo es tan simple, la vida es tan frágil ¿A qué violentarla? La cesta fue resbalando hasta el suelo y las setas, manchadas de rojo, rodaron por la hierba.

eduardo ternero ok

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