et ghandi

EDUARDO TERNERO. Dicen que Juan Belmonte, con esa calma que daba su forma de ser y su sabiduría, acuñó frases, sentencias que han dejado de manifiesto su filosofía. Aprendió tarde a leer pero sus maletas, durante las giras taurinas, iban llenas de libros. Una tarde le dijo a su mozo de espadas, cuando fue a vestirlo, que antes debía acabar la novela de Anatole France que estaba leyendo, aunque tuviesen que retrasar la corrida. Tuvo un sentido trágico de la vida, la mirada ausente, dando sempiternas vueltas al pensamiento. Era un “Pasmo” dentro y fuera del coso. Estando su peluquero arreglándole el pelo, le preguntó: “¿Don Juan, cómo quiere que le pele hoy?” Y él, parsimonioso, sosegado, le soltó la frase: “Mu callao”.

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EDUARDO TERNERO. Agustín, un amigo, un crápula como se decía antes, se sacó una foto con su camisa blanca, su orla y birrete negro y lo entregó a sus hermanas como si hubiese terminado la carrera. Nunca más lejos. A Agustín le conocí hace muchos años, era de Lebrija, digo era, porque le perdí la pista hace ya tanto que no sé, si será aún bípedo o estará a la bartola perenne en el sueño de los siglos, en ese criadero de malvas al que todos estamos sentenciados a sucumbir. Honores y empeño para la segundo puso.

 

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ANTONIO CASTILLO DEL VALLE. “Los ecos de la magnÍfica temporada realizada por el Marchena Balompié aún no se habían apagado, cuando ya, se aproximaba una nueva temporada”, afirma el ex jugador del Marchena Balompié y aficionado de referencia para nuestros jóvenes, enciclopedia viva del fútbol marchenero, que nos repasa exhaustivamente las temporadas 1977/78 y 1978/79 del equipo blanco.

 

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EDUARDO TERNERO. Esa tarde noche estaba sentado en la platea de una sala sevillana, en los pormenores de inicio de una función teatral, en la que se representaba una tragedia. Mientras observo los faldones del escenario, que aún permanece cerrado, me recreo de soslayo en la gente que tengo alrededor, procuro apoyar mis brazos sin usurpar el lugar del señor de al lado, ni que él se aproveche y me deje sin apoyo (no entiendo como no los hacen más anchos). Asimismo, en la espera, releo la papeleta de entrada y reparo en el título de la obra; “ELECTRA” obra trágica de Sófocles.

 

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