cyd

EDUARDO TERNERO. Este idioma nuestro, nuestra lengua, le debió pasar que, cuando “el derrumbe de la torre de Babel” y la disparidad de hablas surgieron, tomó la categoría de excelsa. Dicen los que estudian español que nuestra lengua abarca tantos conceptos, es tan rica… pero lo que se les hace difícil, a pesar de dominar gran parte de nuestra habla, es interpretar los tonos que utilizamos en la charla, puesto que cambia todo su significado.

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cepa copa

EDUARDO TERNERO. Criar un buen vino debe ser fascinante, tendrá su duende, pero a la par debe ser delicado, requerirá sapiencia de años y en ello influirá el mimo del criador, la calidad de la uva como materia prima, la madera de roble con la que están hechas las barricas, el cálculo de los tiempos en las criaderas, la temperatura ambiente, el trasvase de los caldos… hasta llegar a solera. Es un proceso de lustros que va desde que se planta la cepa de vid, hasta que el escanciador te sirve una copa de manzanilla color oro. Son etapas de observación, cultivo de la flor del vino, hacer las añadas…en definitiva, se trata de criar un buen caldo para que llegue en su punto, de la tierra al paladar.

 

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et ghandi

EDUARDO TERNERO. Dicen que Juan Belmonte, con esa calma que daba su forma de ser y su sabiduría, acuñó frases, sentencias que han dejado de manifiesto su filosofía. Aprendió tarde a leer pero sus maletas, durante las giras taurinas, iban llenas de libros. Una tarde le dijo a su mozo de espadas, cuando fue a vestirlo, que antes debía acabar la novela de Anatole France que estaba leyendo, aunque tuviesen que retrasar la corrida. Tuvo un sentido trágico de la vida, la mirada ausente, dando sempiternas vueltas al pensamiento. Era un “Pasmo” dentro y fuera del coso. Estando su peluquero arreglándole el pelo, le preguntó: “¿Don Juan, cómo quiere que le pele hoy?” Y él, parsimonioso, sosegado, le soltó la frase: “Mu callao”.

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 orlas antiguas


EDUARDO TERNERO. Agustín, un amigo, un crápula como se decía antes, se sacó una foto con su camisa blanca, su orla y birrete negro y lo entregó a sus hermanas como si hubiese terminado la carrera. Nunca más lejos. A Agustín le conocí hace muchos años, era de Lebrija, digo era, porque le perdí la pista hace ya tanto que no sé, si será aún bípedo o estará a la bartola perenne en el sueño de los siglos, en ese criadero de malvas al que todos estamos sentenciados a sucumbir. Honores y empeño para la segundo puso.

 

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