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EDUARDO TERNERO. Cuando hace unos treinta años veíamos las películas y documentales llegados de EE UU., más de uno pensábamos, sin ser avieso, que pronto o tarde llegaría aquí la moda de aquellos excesos de la juventud americana; aquello de las novatadas, las fiestas fin de curso tan alocadas, los botellones ilegales, las fiestas caseras cargadas de alcohol, sexo y drogas, las carreras de coches…



Porque eso sí, para ponernos a la moda, somos los primeros, somos los más noveleros del Planeta: Aquí, salen varios famosos con tatuajes y en dos/tres años somos el país que más tatus tiene por metro cuadrado de piel. Si los reclusos americanos tienen los pantalones cagados porque les quitan los cinturones para evitar que se suiciden o se peguen entre ellos, aquí nos ponemos los pantalones por las rodillas y enseñamos la hucha y los Calvin Klein hasta la pantorrilla si hace falta. Que los marines americanos son obligados a raparse al cero por higiene y se dejan la cresta porque queda oculta bajo el casco y no se ve, pues aquí los peluqueros y los snobs se suman a la corriente, te meten la maquinilla y te dejan como una panocha de maíz en dos minutos.

Muchos de ustedes me dirán que la juventud, en todas las épocas, ha sido discordante, ha hecho todo lo contrario a lo que le exigía la generación de sus padres, ha procurado hacer uso desmedido del alcohol, ha jugado con el peligro… cosas propias de la edad que luego, con las obligaciones, con la llegada de la madurez y los hijos, se van suavizando y olvidando, hasta que al final ocupan el lugar de la responsabilidad, del control… y la ruleta de la vida sigue girando, con las mismas bolas, los mismos colores, pero con otros protagonistas.

Hoy además nos llegan los que saltan desde los balcones, el despelote, el sexo desmadrado, las borracheras acompañadas de comas etílicos, sobredosis de sustancias químicas elaboradas en laboratorios, exceso de consumo de pastillas, drogas de diseño, cristales…

La mayoría de la juventud no hace conjeturas acerca del daño que se le está haciendo a ciertos órganos de su cuerpo como el hígado, riñones, pulmones, cerebro…y sus secuelas. Muchos no hacen cálculos del peligro que conlleva hoy la carretera mezclada con alcohol y otras sustancias… raro es el fin de semana que no nos asaltan noticias de jóvenes que han dejado sus vidas en el asfalto.

¿Qué pueden hacer los padres ante el eufórico movimiento social del “trasnocheo”? Nadie ha puesto los medios para la normalización de horarios y acabar con esos abrevaderos de alcohol.

Es cierto que cada generación ha sido subversiva respecto a sus padres, que necesita liberarse de esa presión ejercida desde que son pequeños y es cuasi natural que reclamen autonomía. Pero existe una gran parte de esa juventud que ha sido muy consentida, poco responsable y poco preparada; muchos son NINIs (ni estudian ni trabajan) que esclavizan a unos padres timoratos, gurruminos… que dan a sus vástagos todo lo que les piden o exigen, sin esfuerzos, sin contraprestaciones.

¿Qué puede ocurrir con una generación en la que la mayoría comenzará a trabajar más allá de sus 30 o 40 años? ¿Qué futuro se le augura a un país donde se dispara la población parada y jubilada? ¿Qué puede pasar cuando, gran parte de su juventud, no puede formar una familia al uso, porque está mediatizado por la escasez, el paro, la emigración, los trabajos precarios…? ¿Qué será de esta España que tiene la tasa de natalidad más baja del Planeta?

La juventud deberá ser consciente que en breve cogerá la riendas de la política, del trabajo… es decir, la responsabilidad del país? ¿Qué va a ocurrir en nuestra tierra donde los más preparados han volado hacia otros lugares sin retorno? ¿Ustedes lo saben, lo intuyen, lo niegan?

Viendo cómo van las cosas, esto tiene pocos visos de mejora. Dentro de 10 años aproximadamente, la robótica eliminará mano de obra, la negritud africana seguirá subiendo hacia la zona templada, la vida se alargará hasta los 90 de media, habrá en nuestro país tal cantidad de jubilados que será casi imposible dar soluciones.

No quisiera ser pesimista y mucho menos ser mal agorero; pero como dicen los sabios: cada generación es dueña de su destino. ¡Ojalá nos equivoquemos o al menos no tengamos que arrepentirnos y sufrirlo!

eduardo ternero ok

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