Firmas

bar sevilla

EDUARDO TERNERO. Hace unos años abrí un bar en el barrio trianero de Sevilla se llama “A medias tintas”. Hace esquina entre la calle Pureza y Troya. Le puse ese rótulo porque se mueve entre bebidas y literatura. Mucha de la gente que se reúne allí toma una copa, ocupa una mesa para leer, escribir o mantener una conversación, otros miran el infinito, elucubran… entre todos ocupan sus diversos rincones. También los hay abstraídos, que debaten entre caballos, peones, alfiles…



La clientela es muy heterogénea: turistas que se acercan en busca del tópico y lo típico, algún niñato de medio pelo que intenta romper aquella sintonía desorganizada, aquel cajón desastre equilibrado… entonces mostramos inquisidores ojos; porque la paz es nuestra, la de los fijos:

Josef Torrás, un leridano que se casó con una trianera, que cada vez que nos mete una cuña en catalán le miramos como búhos y le espetamos ¿Eeeeeh? Presume de lo suyo, pero se arrima, quiere calor. Hay quien le recuerda, le bordea: “Si no llega a ser por tu señora no sabes lo que es un buen cocido, con el espeté de los coj…” En el fondo le queremos.

D. Juan Salvador García de Villamarta, de aspecto rancio, versado en todo y en nada, no se le conoce oficio, solo pensión maternal. Presume de pasado e hidalguía y piensa seguir manteniéndolo a costa de un futuro que sobrelleva con los euros justos, controlados, maniatados por el calendario.

José Torralba, constructor jubilado de “Construcciones Torralba e Hijos”, ya solo hijos. Se hartó de dinero durante y después de la Expo, presume de su vocabulario “erudito” que apostilla con 50/60 palabras que repite y coloca sin encontrar huecos. Comparte lo chabacano y lo pijo con una falsa espiritualidad.
Akrin Saloui, marroquí nacionalizado español, tuvo un bazar hasta hace años en la otra esquina, frente al bar. Ahora, ya jubilado, acude a diario a tomar su café matutino, aunque no le hace ascos a una cerveza de vez en cuando. Su tema favorito es la mecánica de los coches y loar al Rif.

Teófilo Redondo, profesor de baja perenne, descuidado, rechazado por el mundo por sus aerofagias verbales. Impregna las conversaciones con ejemplos anodinos, sentencias apócrifas extensísimas, figuras retóricas, etc. Entonces, todos aprovechan para acudir al baño.

Paco Artola, una arpía bífida que muerde a todo ser viviente que se cruza en su camino. Capaz de ser el más cariñoso y el más vehemente, te arropa y te desnuda, te sana y te mata a la vez. Conseguir su beneplácito te confirma que vas por buen camino.

Paquita Fernández tiene un cuarterón de gitana por parte de padre. Vende lotería por el barrio y vive con un hijo enganchado al jaco. Las horas que comparte en el bar son la única liberación de su tragedia familiar.

Torreón, apodo de Manolo Torres, dos metros de desgarbado militar octogenario. Franco sí o sí, pero entiende más a los socialistas que a los del PP, comparte más con democracias que con dictaduras, con el Ché que con Muñoz Grande. Su fachada oculta a un sensiblero, un tierno que intenta aparentar firmeza y despotismo.

César Ordoñez, seminarista sin llegar a vestir casulla, ha picado en múltiples tareas, desde la banca, la escuela privada, la marinería... Ahora busca un buen retiro, echar los días sin aspavientos. Es todo menos mediocre; no canta su homosexualidad pero no reniega de ella.

Yu Xin Ji suele desayunar apartado, comparte con el personal su afición y devoción verdiblanca. Es al único que ladra Queco, el yorsay de la señora Espinar. Por encima de todo está su trabajo y, aunque ya no vuelva a cumplir los setenta, no descansa ni los días de fiesta.

“Quino”, Joaquín Román, vive pensionado y aprisionado por tres hijos que le rapiñan. Ex tendero, venido a menos. Comprensivo, la mayoría del tiempo trasmite pesimismo. Su facundia proviene del trato clientelar a lo largo de una larga vida tras un mostrador.

Cati Espinar, viuda de un agente de Seguros, que no sabe en qué gastar su pensión. Sin hijos, pero quiere a su repelente yorsay más que a nada y a nadie. Liberal y liberada, con tres copas es una delicia hablar con ella. Suele decir que a los hombres los tiene olvidados.

Todos se buscan, comparten mesa, entran, salen…unos toman café antes y después del ángelus, mientras otros ya han visitado a Gambrinus y hecho amistades con Argüeso un par de veces. Departen de lo que da el día, de lo que trae la prensa, de lo que dan las noticias de la televisión o la radio. Auscultan a quien llega, quien se queda y quien sale. Critican a quien da los buenos días y a quien no los da.

Discuten sobre cualquier tema, se acaloran, ríen… pero al final, cuando enfilan hacia la calle, se miran, se despiden, se comprenden…en el fondo todos somos iguales, españoles, ciudadanos de un mundo diverso, al final todo se queda en: “A medias tintas”.

eduardo ternero ok

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