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EDUARDO TERNERO. No sé la de veces que nos enteramos de parejas que, habiendo tenido problemas de convivencia, de infidelidades, de hastío… se han dado un tiempo, han estado separados temporalmente; después han vuelto a retomar el vivir juntos… pero el deterioro sufrido, las cosas que se han excretado durante las continuas disquisiciones, el gravamen dispensado respecto al comportamiento delante de los hijos, las persuasiones de la familia, etc. hacen que al final la cosa no funcione y la ruptura sea un hecho irreversible.



Con Cataluña puede pasar igual, le demos las vueltas que le demos, hagamos lo que hagamos, el divorcio con España, se tarde lo que se tarde, gobierne quien gobierne, posiblemente va a llegar. El sentimiento de independencia está implícito en la mente catalana, todo se hace mirando hacia un futuro que sea capaz de resolver la secesión del resto del Estado Español. Llevamos dos siglos de infección desde que se inoculó el virus, sin que ningún gobierno haya intentado calmar la fiebre inyectando la vacuna que acabase con ese estado transitorio de malestar.

Durante los últimos meses se ha dado un paso hacia atrás, no han sido propicios para el entendimiento entre ambas partes, ni por el modo ni por las formas porque, como dice un refrán muy nuestro, se han juntado “el hambre y las ganas de comer”. El gobierno español ha actuado sin sensibilidad, apelando a las leyes, renunciando al diálogo y al razonamiento, amenazando como si de un estado dictatorial se tratara, anulando las intervenciones y tratando al pueblo catalán con el desprecio y el ninguneo.

Por su parte el Govern de Catalunya se ha querido impostar como adalid de la libertad catalana, cubrirse de gloria per secula, se ha querido colgar los laureles en lograr la independencia catalana del Estado Español por encima de los demás partidos. Ese malsano orgullo ha llevado a PdeCat, ERC, y CUP a liderar la convocatoria de un referéndum no refrendado (valga la redundancia) por PP, Ciudadanos, una gran parte de PSC y las reticencias extrañas del Pot (Podemos) catalán.

El Gobierno del PP ha recurrido a la judicatura, para que ejerza el poder que amparan las leyes constitucionales, amenazando a las instituciones como si se tratase de una ínfima colonia perdida de ultramar que nos sirve papayas, inhabilitando y deteniendo a varios políticos como si fuesen delincuentes, amén de otras actuaciones impropias de una democracia.

Por su parte el Govern Catalán ha jugado a la rebeldía, haciendo proselitismo, incitando a la población, condicionando y amenazando a las administraciones, vejando el sentimiento español, haciendo escisiones en la sociedad catalana, despreciando la Constitución…El problema sigue siendo de falta de diálogo y sobre todo las formas en que se han hecho las cosas.

A principios de esta semana he escuchado uno de los razonamientos más lúcido de toda esta orquestación que tienen ambos bandos. El del SI y el del NO la dio un mosso de la policía catalana del que, por razones obvias, no pudimos ver su rostro. Comentaba cual debería ser su actitud, la del deber o la del sentimiento. Se debatía entre su derecho a apoyar el referéndum como ciudadano catalán o evitar que se produzca la votación como legítimamente está ordenado por los jueces y que por tanto debería acatar las órdenes.

Habría que valorar tantas cosas, porque lo que se está claro es que la hispanofobia y la catalanofobia, que han emergido estos días, no conducen a la reconciliación; más bien nos embuten en un bucle de odio y asperezas.

El envío masivo de fuerzas del Estado (Guardia Civil y Policía Nacional) a territorio catalán, las expresiones en ciertos lugares de nuestra geografía alentando el espíritu de acabar con la sedición, la expansión de videos sectarios, etc. no favorecen la concordia entre los pueblos de España, más bien los segrega y los hace mártires.

Al igual que las expresiones de políticos catalanes quemando banderas rojaygualda, denigrando al resto de los españoles, alentando a las masas por la independencia, por encima de la valoración de un porcentaje muy elevado de catalanes que quieren seguir siendo españoles. Todo ello puede tener una salida poco airosa para ambas partes, y en lugar de conducir a la reconciliación puede ser que nos lleve a una desestabilización irreparable.

¿No creen ustedes que hemos llegado a esto por la incompetencia de políticos coherentes y responsables? Ahora, ¿Cual es el papel del resto de España? ¿Si usted lector, estuviera en la piel de los catalanes, votaría? ¿Qué estarán pensando los sediciosos del País Vasco y otras comunidades históricas? ¿Debería haber actuado el Gobierno de Rajoy como Reino Unido lo hizo con Escocia?

Al final, como decimos siempre tras un divorcio, quienes lo sufren son los hijos.

eduardo ternero ok

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