Firmas

 

hambre atrasada
EDUARDO TERNERO. Uno de esos días de verano, distendido, mientras dirigía la vista a las vitrinas de una carnicería, haciendo cuentas y previsiones, no tuve más remedio que escuchar a quienes me precedían en el turno: un octogenario y su nieta. Ésta, “metidita en carnes” como decimos aquí, se empecinaba en comprar filetitos de pechuga de pollo, mientras él quería montar una orgía entre chorizos, morcillas, y tocino de hoja (ahora bacon). En esto que el carnicero les suelta: “Hoy prefieren pasar hambre y estar monas…” observé la cara del abuelo; solo espetó un ¡Oooh!... con eso, lo dijo todo.


Seguramente recordaría la España, la Andalucía de sus años mozos. Entonces por nuestros pueblos se había acuñado la frases “el tiempo de la jambre”, fueron los años cuarenta, los siguientes a la Guerra Civil Española, cuando los campos eran grandes extensiones de tierras baldías, por los caminos se encontraban seres harapientos, esqueletos vivientes, que buscaban cardos, raíces, para poder sobrevivir; infinidad de furtivos pululaban por las zonas rurales intentando conseguir las presas que escaseaban. Eran tiempos del estraperlo de café, tabaco, granos… eran tiempos de miserias y picaresca de una España destrozada por tres años de guerra, de enfermedades y epidemias, de niños famélicos y una mortandad infantil exorbitada. Familias desesperadas por no poder llevarse una pizca de alimento a la boca ni dar de comer a sus hijos.

Ya he reseñado alguna vez que “Hambre no es no haber comido, sino no saber cuándo”.

Ése es el gran problema al que se enfrentan millones de personas cada día en el mundo. Gente, pueblos enteros que no encuentran con que alimentar a sus hijos, mientras que en muchas zonas del “primer mundo” se tira la comida. Mientras unos no pueden acceder al agua potable, otros la desparraman en campos de golf. Continentes enteros, cuyas tierras son esquilmadas por el primer mundo para extraer los productos naturales, sobre todo minerales para enriquecerse y que mantienen en el poder a dictadores que esclavizan a la población.

Después de nuestra Guerra Civil, muchos miles de españoles perdieron la vida por venganzas, por rencores… muchos fueron fusilados, otros perseguidos, la mayoría de los contrarios al régimen franquista se extraditaron, se escondieron… pero otros muchos miles murieron por inanición, por falta de alimentos, por falta de vitaminas, por un deterioro vital que fomentaría la aparición del tifus, el raquitismo, y todo tipo de enfermedades.

Desgraciadamente, durante los sesenta del XX, aún se aludía, se recordaba aquella época negra, aquella etapa de racionamiento y hambruna…, Tanto que, con apenas 11 años, representamos una obra de teatro en el colegio, con el título “Hambre atrasada”. La trama era las confabulaciones y triquiñuelas del Ayuntamiento del pueblo madrileño de Móstoles para poder dar alimentos a los paisanos; porque lo que imperaba en toda la obra era el hambre.

Aquel teatro era casi el reflejo de una sociedad (la de los pobres) que acababa de salir de la hambruna, porque muchos habían emigrado, el oligarca había abierto fronteras para no sucumbir, se empezaron a cultivar las tierras, se conocía las diferencias de bienestar con Europa, empezábamos a ser un país de turismo…

Eso, desgraciadamente, ha sido la tónica en muchas partes del mundo, en casi todas las dictaduras, en casi todas las guerras. Durante el mandato de Stalin en la Unión Soviética, la región de Ucrania fue condenada al hambre, sinónimo de exterminio. Siete millones de personas murieron de inanición en el periodo de un año. Fueron 25.000 vidas humanas las que perecerían diariamente de hambre, ciudades enteras, campos arrasados, sin encontrar nada de alimentos, sin poder salir de la nieve, con los soldados rusos matando a quienes intentasen cruzar las fronteras. Fueron millones de niños los que quitaron a sus padres y los dejaron vagar por terrenos áridos, baldíos, hasta que morían famélicos. Montañas de muertos fueron quemados en la región, convertida en un campo de muerte.

La humanidad ha llenado libros completos de matanzas, holocaustos, hambrunas… a lo largo de la historia.

Aquí, aún hay quien recuerda, quien guarda en su memoria, aquellos dramáticos episodios de sus vidas y contrastan, por suerte, las dietas como de la alcachofa, la del vino y del jamón o la del Doctor Dukan, con su hambre atrasada.

eduardo ternero ok

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