Firmas

portada pareja

EDUARDO TERNERO. Una de esas noches extrañas, de un verano cualquiera, sin saber por qué, te quedas hasta las tantas sentado en una terraza de una bar, hasta que el camarero te barre los pies y el hielo ha pasado del estado líquido a gaseoso. Era muy de madrugada, llego a casa y en el desvelo, pongo la radio y llama una oyente. Atónito, escucho lo que se le ocurre decir: “No puedo ocultarlo más, llamo para contarle que mi marido es guardia de seguridad y estoy liada con el compañero que trabaja con él todas las noches”.



Imaginen la de guardias de seguridad que se tocaron la frente y miraron con inquina al compañero, la de ampollas por no decir otra cosa que levantaría la señora.
Y es que hoy, mucha gente cambia de pareja como de móvil, lo hace con una normalidad, que te quedas perplejo. Además lo hacen con tanta naturalidad, lo llevan tan bien que puedes pensar que no lo sufren o que no se querían lo suficiente. El caso es que a la mínima, muchas parejas se separan.
Ese tipo de comportamiento era difícil no hace mucho, por ejemplo en la generación anterior… Antes, desde que el sacerdote decía ¡Ea! ¡Ya sois marido y mujer!, generalmente, estaban unidos para toda la vida, hasta pensaban en aquello: “Contigo pan y cebolla”; sin embargo, ahora ya no se aguanta ni con caviar. Porque hoy la gente no se soporta lo más mínimo, a la primera de cambios, al primer encontronazo con la pareja (con su pareja sentimental, no con la de la Guardia Civil) se echan la manta a la cabeza y se van en busca de un abogado para que les vaya preparando los papeles.
No hace mucho tiempo, la gente llegaba al matrimonio en un estado de juventud, ingenuidad, deseando hacer su nido de amor, independizarse de los padres, formar con su pareja un hogar, con hijos… Unos años antes, la pareja entraba en una especie de celo, para que todo saliese perfecto: Porque ella, en cuestiones de ajuar, preparaba todo, bordaba sus toallas, sus sábanas, pañuelos… un tapete para la mesa, camisones, saltos de cama… todo al detalle, solo le faltaba hacerle una funda a la bombona de butano. Él, adecentaba la casa, colgaba los cuadros, hacía los cambios oportunos de enchufes, ponía tendederos, era un Mcgyver, no olvidaba ni se le oponía nada.
Hoy, lo primero es tener dos cuentas separadas, buscar un piso en alquiler, lo más barato posible; ella aporta cuatro bragas, tres vaqueros y otras tantas camisetas. Él, un par de botines, tres camisetas, alguna ropa deportiva y un par de pantalones chinos. Cada mes aportan una cantidad para alquiler, la comida, la luz, agua, gasolina… pagan en común la cerveza del bar. Muchos de los días, comen fuera, por mor del trabajo o comen con los padres. A última hora nos vemos en el “hogar”.
Sus grandes ratos de charla son a través de WhatsApp. Los mejores momentos de intimidad son las fotos compartidas, cuando se saca de noche al perro. Hoy se trata de compartir con los amigos muchas horas. El fútbol vamos a verlo en pareja al bar. Ella o él hacen senderismo con su grupo de siempre, mientras él o ella prepara unas oposiciones futuras…cada uno hace por separado su hobby, sus filias o sus costumbres, sin menoscabar las de sus parejas.
Puede ser que hoy, en algún momento, haya zafarrancho, es decir, un fin de semana, porque la cosa ya se está poniendo que parece que padezcamos el síndrome de Diógenes, hagamos limpieza general, tiremos las cuatro paparruchas que compramos en el Chino, pongamos el frigorífico al día, hagamos una colada en condiciones, que la ropa interior nos está cogiendo color a té moruno... que ya era un contradios.
Los españoles hemos copiado los comportamientos americanos, basta recordar películas que nos llegaban de los EEUU, en las que este tipo de conducta social, estaba muy extendida, donde las familias estaban muy fragmentadas, los hijos de un miembro de la pareja compartían con los del otro, más los que tenían en común. Entonces lo veíamos como algo disparatado, irracional, imposible de sostener en una sociedad pausada, cristiana como la nuestra. Sin embargo ya nos ha llegado y nos vamos acomodando a ello.
Y la vida sigue…, ahora es así, ni mejor ni peor, diferente. Ahora si no te va bien lo dejas Si no te montas en el carro, pues te vas andando y llegas, pero llegarás el último.
Nota: (cualquier parecido con la realidad no es más que el reflejo de la desesperación de encontrarse sin pareja).

eduardo ternero ok

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