Firmas

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EDUARDO TERNERO. José Bonaparte, durante el periodo que reinó en España, en un intento de enaltecer y dignificar la armada española, obligó a raparse a los marineros españoles por cuestión de estética y por la pediculosis tan acuciante que padecían. La marinería protestó argumentando que más de uno (en conflictos navales anteriores) fue salvado de morir ahogado gracias a que la melena flota y los compañeros los agarraban por los cabellos y podían subirles al barco. De ahí viene la expresión “salvado por los pelos”.



El hermano de Napoleón fue apodado “Pepe Botella” por los españoles para desprestigiarle; pero no es cierto que tuviera un continuo affaire con el elixir de la uva, como dicen, sino que lo mancillaron por eso del “patriotismo”, por derogar los impuestos de los alcoholes, por ampliar los horarios de las botillerías, tabernas y ultramarinos y por otras tantas cosas.
Creyó en una concepción del Estado más liberal y avanzada, en un programa reformista para el cual el pueblo español y las instituciones no estaban, ni de lejos preparados, tras siglos de telarañas y polillas. Sus reformas hubiesen dado a España un giro europeo y un estado de bienestar y libertades como a Francia, Alemania…pero aquí se aborrecía y se persiguió la ilustración y el modernismo… y así nos ha ido con la monarquía absoluta y la caterva de gobernantes que hemos tenido.
Porque lo que en España falta es conciencia de país; está aún pendiente una revolución del pueblo, del proletariado. La izquierda, la fuerza obrera, los gremiales antiguos, los sindicatos, las asociaciones, jamás ha tenido la fuerza suficiente como para modificar leyes, cambiar el rumbo de los gobiernos, derrocar reyes, etc. Hemos sucumbido siempre al miedo, a la corrupción, a la intriga de las religiones, a las que se ha unido siempre el poder establecido, la fuerza de los feudos, el capricho de la aristocracia, de los gobernantes y la de un pueblo sumiso a la realeza…
Aún hoy día, gran parte del discurso de los gobernantes, sigue unido al de la iglesia, las manifestaciones eclesiásticas y los movimientos políticos van paralelos: contra el aborto, los movimientos gays, la memoria histórica… antaño lo fue el divorcio, la paridad entre hombre y mujeres, la divergencia entre iglesia y ciencia…
En España pocas veces ha habido manifestaciones contra el poder establecido, contra las injusticias, contra las lacras sociales… de manera colectiva, somos un país de individualidades, de héroes solitarios, de mártires que han luchado por un ideal y arrastrado a la conciencia de algunos, pero que generalmente son derribados por las intrigas, por la desidia de los demás, por anteponer la inmediatez al logro futuro. España ha sido un país que se ha vendido al poder absoluto, ha preferido arrastrar cadenas, conformarse antes que morir en el empeño. Esa imagen picaresca que hemos observado en nuestra literatura viene impulsada por la hambruna, la pobreza y el olvido al que ha estado sometido el pueblo que no tuvo más remedio que tirarse a los caminos y buscarse la vida con el engaño, el estraperlo, la especulación…
Hoy seguimos sin alzar la voz, tenemos grandes científicos repartidos por los distintos lugares del mundo, investigando en países sobre robótica, energías alternativas, avances tecnológicos, potabilización del agua… las ayudas a I+D+i no llegan y se abandonan los estudios. España con un potencial científico enorme no alcanza el nivel de otros países que recurren a nuestros científicos, ingenieros… se llevan a nuestros mejores investigadores, nuestros mejores cerebros y se apropian sus avances, y seguimos como estatuas, parados, sin hacer nada, sin levantarnos contra las injusticias.
En cambio nos preocupamos por banalidades, supercherías… aquí nos preocupamos más por llevar la imagen de una virgen en la santa bárbara o una cruz en el velamen de la nao que en llevar suficientes víveres y armamento para la tripulación.
Fátima Báñez, la excelsa Ministra de Trabajo, dice que tiene como aliada a la Virgen del Rocío, pero con quien tienen que aliarse es con Sor Ángela Merkel para que acabe con el paro.
Seguimos y seguiremos en las mismas “per sécula…” los marineros del XIX podían aducir que la largura de sus cabellos les había salvado de morir ahogados en la aguas del océano; pero de la precariedad española, de esta crisis eterna que padecemos nos será difícil salvarnos, aunque tengamos la melena como Pablo Iglesias o el mismísimo Dulce Nombre.

eduardo ternero ok

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