Firmas

cepa copa

EDUARDO TERNERO. Criar un buen vino debe ser fascinante, tendrá su duende, pero a la par debe ser delicado, requerirá sapiencia de años y en ello influirá el mimo del criador, la calidad de la uva como materia prima, la madera de roble con la que están hechas las barricas, el cálculo de los tiempos en las criaderas, la temperatura ambiente, el trasvase de los caldos… hasta llegar a solera. Es un proceso de lustros que va desde que se planta la cepa de vid, hasta que el escanciador te sirve una copa de manzanilla color oro. Son etapas de observación, cultivo de la flor del vino, hacer las añadas…en definitiva, se trata de criar un buen caldo para que llegue en su punto, de la tierra al paladar.

 



Un compañero de trabajo y amigo, lo primero que hizo, cuando nació su hijo, en el Virgen del Rocío, fue echarle una foto. A continuación salió corriendo para las oficinas del Campo del Betis y lo apuntó como socio. Aún no le habían hecho la prueba del talón (para la detección precoz de las enfermedades metabólicas congénitas) y ya estaba su abuela materna en la joyería del barrio comprándole una medallita de la Virgen de su devoción.

 

El carrito de bebé llevaba los sonajeros del Betis, su tío le regaló una equipación bética cuando cumplió un año. El padre y el abuelo lo llevaban al Estadio verdiblanco desde que empezó a andar. Juega en el equipo del Cole desde pre-benjamín. En casa, el reloj, la bici de papá, el monedero, el colgante… todo lleva el escudo del Betis. Su bufanda, el balón de futbol, la patineta de reyes… todo es del blanco y verde.

A la abuela paterna le faltó tiempo para apuntarlo a la Hermandad de sus amores, que sale en procesión cada Viernes Santo. “¡Yo le pago la cuota, añadió!”. Le hizo su primera túnica, lo lleva a los triduos, viacrucis…

Así pues, ¿Quién cree que este niño cuando sea mayor no va repartir su tiempo, su querencia, entre los dos grandes templos que sostienen la mayor parte de sus vivencias, de sus anhelos, de sus pasiones? ¿Qué apuestan a que sigue las pautas y la tendencia que le imponen sus colores? ¿A cuántos que hayan vivido ese ambiente no les va gustar el futbol y los desfiles procesionales? ¿Cómo podemos pensar que no se alineará al equipo de sus amores o no profesará en la hermandad de sus dolores?

Y es que hoy, cada vez a más temprana edad, los niños participan en todo tipo de eventos, actividades, deportes… como si se les fuera acabar el tiempo, como si les fuera la vida en ello. Dicen los expertos que los nacidos a partir del XXI tienen asegurado un promedio de vital de 100 años, no sabemos la calidad de esos años, pero cantidad... la tira.

Y para cantidad, la de carritos que van acompañando a las cofradías durante la Semana Santa. Una hermandad que se precie debe tener una flota de carritos/bebé, su propia escudería que, como en un circuito de velocidad, esperan en la parrilla de salida, en la puerta de la iglesia, de la capilla, para tomar la salida tras la cruz de guía.

Cantidad, igualmente, la de niños que hay jugando al fútbol de forma pseudo oficial en los campos desde que empiezan a andar (hablamos de 6/7 años). Niños que tienen que dejar el chupe colgado en el banderín para tirar el córner y en el vestuario les cambian las madres de pañales. Muchos padres sueñan con un Messi o un Ronaldo desde que sus neófitos patalean en la cuna con los patucos; hay progenitores que sueñan con ser padres de un Neymar, y son capaces de formar un escándalo, de montar un espectáculo bochornoso, de liarse a golpes con las familias del otro equipo, de poner morado al del pito… todo porque su niño le de patadas al balón y de paso a ver si le saca de la escasez económica; de la cultural ni hablamos.

Desde pequeños nos imponen, nos hacen inclinarnos hacia las pasiones de nuestros padres, abuelos... Pocos serán los que tengan el coraje o la desfachatez de salirse del sendero y caminar por su cuenta, pocos romperán esa alineación y decidirán su propio destino.

Creemos en la importancia del deporte, en rememorar nuestras costumbres, en ejercer la libertad y elegir cada uno su camino. Pero se debería poner más empeño en inculcar que sean personas críticas, responsables, conscientes de los valores. Educar para cuidar el medio ambiente, en el respeto hacia los mayores, hacia los desfavorecidos, los pobres, las personas enfermas, los desvalidos… en salir de la ignorancia, en llegar a ser un pueblo culto, preparado, no idiotizado.

Hay un lema al que acuden siempre los viticultores: “Si preparamos bien la tierra, cuidamos bien la cepa y mimamos nuestros mostos, obtendremos un buen vino”.

eduardo ternero ok

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