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EDUARDO TERNERO. Esa tarde noche estaba sentado en la platea de una sala sevillana, en los pormenores de inicio de una función teatral, en la que se representaba una tragedia. Mientras observo los faldones del escenario, que aún permanece cerrado, me recreo de soslayo en la gente que tengo alrededor, procuro apoyar mis brazos sin usurpar el lugar del señor de al lado, ni que él se aproveche y me deje sin apoyo (no entiendo como no los hacen más anchos). Asimismo, en la espera, releo la papeleta de entrada y reparo en el título de la obra; “ELECTRA” obra trágica de Sófocles.

 



La tragedia se definía como el “canto del macho cabrío”, era una representación trágica que hacían los actores en la antigua Grecia y la península de Anatolia, a final del solsticio de otoño, en la cual se mataban animales para el sacrificio a sus dioses y de ahí a los autores clásicos; y los actores tomaron esa voz, ese eco que produce el balido de ese animal, para representar lo trágico de la vida.

 

Desde entonces hasta el romanticismo se ha prodigado en cantidades los títulos de tragedias, muchos autores fueron los clásicos y el renacimiento los que abarrotaron de literatura trágica las bibliotecas, los teatros y nuestros pensamientos, como es el caso de Shakespeare...

No nos queda claro el significado de la tragedia, su origen, su paso por las etapas históricas, su estado actual..

Ahora, con esto de Internet, podemos ampliar nuestros conocimientos, ahondar en los recovecos de la sabiduría mundial gracias a la Wikipedia, al Google… abaratando tiempos, sin tenerte que arreglar para buscar en la biblioteca datos, libros extraños, sin necesidad de releer una y otra enciclopedia que complete lo que buscas…en pocas palabras, un milagro de la técnica y un avance como pocos en los que el saber universal, global, lo puedes tener ante tus ojos en un segundo. Para muchos, una especie de milagro, que desde su soledad, su impedimento físico, etc... acceden a fuentes de conocimiento que jamás hubiesen soñado y que les lleva a tener una vida mucho más rica y completa.

Pues me entero que la tragedia podría ser un tipo de representación que se haría, en la antigua Grecia, para celebrar y honrar a Dioniso, como dios de la cerveza (bebida popular de los pobres). A algunos, que siempre hemos creído que Dioniso era el dios del vino, la bebida espiritual de los ricos, nos quedamos más satisfechos. Así que es posible que la tragedia sea en definitiva una “Oda a la cebada”.

Ya, desde esta ventana de la Voz, le hemos hecho la ola muchas veces a ese líquido que ha sido alimento de dioses, que hace más miles de años lo saboreaban los egipcios, los griegos y todo el oriente medio. Ese líquido que es como la propia tragedia, refrescante y amargo a la vez, que te embauca y te alimenta. Rubia como la mediterránea o negra como la de los angloparlantes, la verdad es que es una bebida universal y compartida por una mayoría mundial.
Dicen que se han encontrado restos de cerveza en vasijas de barro enterradas de hace más de 4.000 años, prácticamente desde los últimos milenios del periodo holoceno; una etapa de recuperación de la naturaleza y en la que parece que comienza el verdadero desarrollo del hombre (homo sapiens), en el que ya construye viviendas, cría animales… todo tras la última glaciación… anteayer.

Pues desde entonces hasta hoy imaginen la cantidad de cañas que se han tirado, la cantidad de lúpulo empleado… Cualquier médico que se precie lo primero que te recomienda, tras el deporte, en la vejez, es echar mano de un vaso de cerveza, por la cantidad de vitaminas que aporta, la recuperación de líquido corporal y la energía que proporciona. Amén de lo que te lo agradece tu organismo en la degustación y la sociabilización que la acompaña.

No queremos hacer apología de nada, todos hemos sido jóvenes y hemos compartido momentos de diversión y asueto, con música, alguna que otra bebida… pero creemos que ante esos líquidos blancos, garrafones, licores de nombres inventados y camuflados, esos combinados del botellón que tanto daño están causando entre la juventud, deberían claudicar ante unas cervecitas.

Seguro que, ahora que comienza el verano, harían mejor cuerpo y menos daño.

eduardo ternero ok

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