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EDUARDO TERNERO. El médico griego Hipócrates de Cos (IV a.d.C.) dividió la vida en siete edades y colocó la vejez, la última, a partir de los 56 años. Suponemos que llegarían muy pocos, pues la media de esperanza de vida se situaba entre los 35 y los 40 años por aquellas fechas. Pancho Betancourt nos apunta una lúcida frase: “Quien no muere de viejo no muere de muerte natural”, queriendo demostrar que la vida humana culmina con un periodo de vejez natural dentro del desarrollo biológico.


 

Hace unos días una amiga, en una charla amena, me confirmaba el nacimiento definitorio de un movimiento nuevo, de una manera de ser, una forma de conducirse por la vida que ha emergido en los últimos quince o veinte años.

Si nos fijamos bien en la gente que está en la banda de 50 y 70 años, yo incluso en muchos casos lo alargaría, se está produciendo una revolución, una tendencia cuyo principal objetivo es “no envejecer” o intentar eludir los mitos y achaques que conlleva esa franja vital.

Los madurescentes son hombres y mujeres jubilados, algunos aún en activo, que tienen deseos de ocupar con actividades su vida de ocio, mantener un cuerpo dinámico, una mente lúcida y unas relaciones sociales que les hagan disfrutar a diario de todo lo que les rodea. Sobre todo, dar sentido a cada uno de los días de su frontera vital, siendo consciente de que es posible alargarla, continuar y profundizar en el desarrollo individual.

La idea principal es crecer desde dentro. A esas edades de madurez, el humano debe tener suficiente experiencia en el trabajo, en la crianza de los hijos, en relacionarse con los demás… es decir, el bagaje es inmenso, su mochila deberá estar colmada; pero poco a poco, con la edad, se va soltando lastre. Así, por ejemplo, se olvida la obligatoriedad del trabajo, de compromisos, se abandona la responsabilidad de los hijos (ya vuelan solos), se utilizan y se controlan los tiempos. No hay techo horario, solo sensación de libertad sin meta fijada, pues lo que nos agobiaba era alcanzar el destino, conseguir cosas, ahora hay que disfrutar el camino.

Cierto es que muchos pueden estar mediatizados por problemas laborales o económicos de sus hijos, sociales… por el cuidado de nietos, pero una gran mayoría sabe colocar la temporalización adecuada a los ritmos vitales que necesita y que no le sea discordante.

La mayoría mantiene una ventana abierta al mundo a diario, esa ventana mágica que es internet y que le tiene informado. La mayoría de los madurescentes manejan el móvil, la tablet o el portátil como aliados, como confidentes; una herramienta que llena huecos de ocio de muchos y muchas, que les mantiene actuales, vigorosos mentalmente y con conciencia universal.

Los medios de desplazamientos, la inquietud por viajar, entrever nuevos horizontes, conocer otras costumbres, otros lugares… les conserva activos itinerantes. ¡Qué lejos están aquellas almas anquilosadas, sedentarias…como muebles esperando el ocaso!

La madurescencia ha traído también el culto al cuerpo, hombres y mujeres han entendido que se puede alargar el vigor mediante el ejercicio cotidiano, una alimentación equilibrada y sana, una medicina preventiva, un uso moderado de algunas cosas (léase alcohol, grasas, azúcares…). La mayoría pasa cum laude la ITV año tras año.

No se trata de ganar maratones, ni aparentar ser joven, no se trata de hacer locuras de juventud, ni de tunear nuestro cuerpo. Lo importante es saber utilizar la experiencia, la sabiduría, que se logra con la edad, para adaptar nuestra mente y nuestro cuerpo de manera inteligente, de manera sosegada, sin aspavientos.

El madurescente se prepara, siempre está estudiando, inquieto por algo, mira el presente con optimismo, no con resignación. Creemos que puede ser una etapa de la vida para pensar que lo mejor aún está por venir.

El diestro Juan Belmonte, “El Pasmo de Triana”, se fijó, creo que equivocadamente, una meta en su vida; no se resignaba a una decadencia física y tal vez sexual. Dicen que profetizó: “Lo dejaré todo cuando no pueda montar” y se suicidó a los 70 años. Creemos que no había entendido lo que significa la madurescencia.

eduardo ternero ok

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