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EDUARDO TERNERO. En 1951, Joaquín Ruiz Jiménez, ministro de Educación, aperturista para la época, fue capaz de convencer a los autárquicos para montar en Madrid la primera Bienal de Arte hispanoamericano. Allí se dieron cita los mejores artistas del momento, exceptuando los que no eran afines al Régimen, los simpatizantes del comunismo o los que habían criticado la política franquista.



Dalí fue el encargado de dar una conferencia en la que pronunció su famoso “Picasso es comunista, yo tampoco”, que obtuvo un gran eco en la prensa mundial. A continuación se envió un telegrama a Picasso, que ya había abrazado al comunismo, firmado por muchos artistas en el que le decían: “…existe un antagonismo entre la España de Franco que cree en la libertad absoluta y católica del alma humana y el comunismo ruso que purga hasta la música. Pero, a pesar de todo te consideramos un genio anárquico del patrimonio nacional y a tu obra como gloria de la pintura española”.

Picasso, que se había trasladado a la ciudad francesa de Vallauris, donde descubrió la cerámica y donde siguen expuestas sus obras por toda la ciudad, contestó con otro telegrama, de forma irónica por no decir borde, desatando las iras de muchos: “Dalí tiene su mano tendida, pero yo solo veo su Falange”.
Y es que esto de las bienales, parece ser, siempre ha dado problemas, le ha pasado a la de Flamenco de Sevilla, que desde 1982 ha ido bajando nivel, porque lo que necesita cualquier evento es, como diría Fernando Tejero en su serie cómica televisiva “La que se avecina”: “A eso hay echarle billetes”.
Para billetes los que hay que echar hoy para la celebración de la Primera Comunión de un hijo o una hija. La cosa se está poniendo como las bodas. Padres que desde años antes, desde que el infante está en catequesis, están juntando “jurdeles” para el acontecimiento, buscando locales, tratando con el abastecedor, investigando el menú, apartando el traje de comulgar…

Parece que lo importante, para muchos, no es el acto eclesiástico/religioso en sí; se trata de que los niños disfruten el día de su Primera Comunión, de demostrar a los demás la opulencia del evento que hemos montado, de los dineros que nos hemos gastado, de superar al vecino, a los coetáneos que la hacen con él.

No se escatima en gastos de trajes para el padre, madre, hermanos… “el prota o la prota” irán disfrazados para el acto, bien de almirante o general; de Sissi emperatriz o con una réplica del traje de boda de Diana de Gales. Pero mi niña irá la mejor, mi niño el que más…

Llega el día del ágape y embellecemos una nave como el local más lujoso de celebraciones, tan esmeradamente adornado como los salones del Titanic… que menos mal que fuimos preventivos y lo reservamos un año antes. De precios ni hablamos, como de platos, entremeses, chuches, dulces, helados, tartas, bebidas… si queremos una Comunión que se precie, ¡faltaría más!

La pos comida lleva añadido el castillo hinchable; en algunas ha habido ponis, cucañas, payasos, karaokes… Comuniones que ya quisiera haber tenido la ex ministra Ana Mato (aquella pobre e inocente que no entendía que hacía un Jaguar en su cochera).

Llega la hora de los regalos; no se les vaya a ocurrir regalarles una medallita, una mochila con rotuladores o un reloj, que el niño o la niña es capaz de tirárselos a la cara o echarlos a la basura directamente con los papeles de envolver. Ahora se regala una tablet, un portátil, un móvil de última generación, una videoconsola, plays de todos los estilos…Y, que menos que los padres hagan otro extra, otra “poyá”. “¡Po”, ya que hemos gastado tanto, qué más da! Nos vamos los cuatro, tres días a Disneyland; total otro pico en euros. Ningún problema, eso se añade al préstamo que hemos pedido.

Parece ser que este año no habrá Comuniones, juntarán dos para el año próximo, será bienal. Menos mal, ya llevábamos varios años que los locales eran insuficientes para acoger tantas celebraciones el mismo año. Muchos tenían que salir a otros lugares, alquilar autobuses para llevar al personal, se acababan los castillos hinchables, las tablet, las tartas…una pesadilla.

Por muchos motivos, a muchos niños no se les olvidará el día de su Primera Comunión, aunque tal vez sea la última en muchos años; empero sobre todo a quien no se les va a olvidar, en mucho tiempo, es a muchos de esos padres, se lo recordará su banco cada mes.

eduardo ternero ok

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