Firmas

et religiosos 2

EDUARDO TERNERO. En un pueblo de cuyo nombre, como ya he dicho en otras ocasiones, no quiero olvidarme, hace muchos años, cuando un servidor llegó para quedarse, entró en un bar rotulado con el nombre de “El manicomio”, un hervidero de hombres en paro. Recuerdo que sobre el mármol de la barra, había igual cantidad de aguardiente que sobre los vasos. Mientras tomaba mi primer café, el dueño me preguntó casi toda mi filiación y después sentenció: ¡Ah! ¿Usted es de Marchena?, pues aquí tuvimos como párroco a un paisano suyo, el cura Paco.



D. Francisco estudió en el seminario y muy joven se doctoró en teología. Fue sacerdote muy joven y su destino, en la sierra Sur, le llegó muy pronto.

Supe, por los comentarios del paisanaje, que tenía fama de ser un cura especial, anómalo, distinto a la generalidad de la época, pues mientras ellos atendían exclusivamente las tareas eclesiásticas; misas, bautizos, comuniones, bodas, entierros y poco más, él, sin embargo, alternaba mucho con la gente del pueblo en los bares, visitaba a los jornaleros trataba con los parados, con la gente del pueblo. Igualmente, muchas veces, tenía sus trasnocheos con los ricos del lugar y como era muy marchenero, acostumbrado al Metro seco, extra, aguantaba al personal que le rodeaba que, casi siempre, terminaba perjudicado, tras una dilatada noche de jarana. Me contaba la gente del pueblo que el cura Paco llevaba más de una vez a los susodichos a sus domicilios, ayudaba a sus respectivas a acostarlos y lo más curioso es que al día siguiente había conseguido trabajo para muchos del pueblo, y algún parado tenía por la mañana un traje casi nuevo que faltaría del ropero de los durmientes.

Todas las personas no somos iguales, no tenemos las mismas inquietudes. En todos los oficios hay gente que ama lo que hace, que tiene claro lo esencial de su trabajo, que tiene vocación para entregarse a los demás.

Hay religiosos que llevan su parroquia y departen, predican, adoctrinan a la feligresía. Religiosas que dedican su vida a la contemplación, al recogimiento, la clausura, que reparten su tiempo entre rezos, elaborar productos, practicar la docencia… para su subsistencia. Hay otras órdenes que hacen una labor encomiable en el cuidado de enfermos, ayuda en comedores sociales, ayuda anímica y asistencial en hospitales...

Están los héroes que dedican su vida a evangelizar y ayudar sistemáticamente en amor, medicinas, educación, laboralmente… a muchos pueblos del tercer mundo que carecen de todo. Emplean sus esfuerzos en sacar a comunidades muy pobres, perdidas en recónditos lugares hacia adelante, a cuidar a niños enfermos, lacras de la pobreza… Personas como Vicente Ferrer o Teresa de Calcuta y sus fundaciones, su enorme labor en la India, son ejemplos de ello.

Conocemos muchos que trabajan, que cuidan y tratan de sacar adelante a adictos/enfermos, enganchados en las drogas, alcohólicos... Personas que hacen una labor encomiable como nuestra paisana y monja Magdalena que lleva cuarenta años luchando, ayudando a salir a muchos de ese “infierno”, luchando en ese mundo tan difícil de la adicción, a los que intenta ayudar de forma desinteresada, solo por amor al prójimo.

Otros como el Padre Ángel en Madrid, que ha extendido su ONG “Mensajeros de la Paz”, por todo el mundo, para conseguir sacar adelante en más de 50 países a niños privados de familias o en situación de abandono, a indigentes, mujeres víctimas de violencia doméstica, desprotegidos, discapacitados…

Algunos como el franciscano Isidoro Macías (Padre Patera) que en Algeciras tutela “La Casa Familiar Virgen de la Palma” en la que acoge a desahuciados, parados sin recursos, a ancianos sin hogar, emigrantes sin papeles, madres subsaharianas…

Pero además, hay otros que han luchado por las libertades, por las garantías de trabajo de los obreros, por sus derechos, muchos que se dejaron la piel en los juzgados, en cárceles, en los campos de trabajo. El cura Diamantino, fue un ejemplo de ello. Fue un hombre que sustituyó a nuestro paisano el Cura Francisco en la parroquia en aquel pueblito de la Sierra Sur sevillana, que estuvo siempre al lado del campesinado, de los obreros en los comienzos de la lucha de los sindicatos emergentes a inicios de la democracia.

A éstos sí hay que gritarles: ¡Ánimo valientes! ¡Al cielo con ellos!

eduardo ternero ok

 

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