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EDUARDO TERNERO. Hay que ver las veces que decimos los andaluces “¡Qué gordo me cae fulano”, sin embargo esta palabra tiene muchas acepciones: Por ejemplo en todas las pandillas que se precien de serla, ha habido siempre un gordo, al que todos llaman con ese apelativo. Suele ser un chaval de lo más bonachón, simpático, cuando no gracioso por su simplicidad, por su manera de ser, un estilo al Manolito Gafotas que tanto éxito a dado a Elvira Lindo.



Quien no recuerda al “Piraña” los golpes de aquel niño gordito (Miguel Ángel Valero) de la conocidísima serie de “Verano Azul, con la que se han criado un par de generaciones y que hoy, tras su doctorado en TELECO, es el Director de la CEAPAT.

Los que ya tienen más edad, recordarán con una sonrisa a la pareja de moda de los años 20/30 del XX, Stan Laurel (el Flaco) y Oliver Hardy (el Gordo) dos grandes protagonistas cómicos de las películas en blanco y negro, del cine mudo. En España y en medio mundo “El Gordo y el Flaco” fueron los ídolos cinematográficos del momento junto a Charlot, Keaton (Cara de piedra) o Harold Lloyd.

Muchos recordarán a Goliat, grueso y con parche en un ojo, acompañante perpetuo del Capitán Trueno; a Taurus, el compañero gordo y comilón del Jabato o a Obélix, el adiposo amigo de Astérix que tanto han deleitado a generaciones enteras, para dar cabida a personajes obesos, grandotes, que existen en la vida real.
En la película “Gordos”, Antonio de la Torre el “Robert de Niro español”, por su transformación camaleónica en los personajes que interpreta, tuvo que engordar 33 kilos para dar vida a un homosexual y esperpéntico personaje. Antonio es un excelente actor salido de la cantera del periodismo de Canal Sur, que buscó un hueco en el mundo de la farándula haciendo pinitos en el Cine y en el momento actual es de los actores más cotizados del Cine Español, con un Goya y varias nominaciones.

Pero ahora recuerdo que durante los años 60 no hubo preocupación por parte del gobierno de la obesidad de la infancia en España. Aquí no había gordos, la onza de chocolate con pan o la pachocha (hoyo de pan con aceite y un poco de azúcar) no daban para eso. Con aquellas sanas meriendas, después de andar todo el día corriendo, jugando a la cadena, al parentón, a chichi garbanzo, subiendo a los árboles a coger nidos, correr por los trigos…cuando no te perseguían los guardas rurales lo hacían los municipales, no era para estar gordo.

A quien le gustan los gordos es al pintor y escultor colombiano Fernando Botero. A él le han hecho famoso e identificable sus cuadros y sus esculturas de obesos que llenan todas salas pictóricas y museos del mundo.

Hoy la obesidad infantil es una de las grandes preocupaciones de los gobiernos del primer mundo. La mala alimentación, esa comida/basura basada en grasas saturadas, de bebidas colmatadas de azúcares, la escasez de juego o juegos sedentarios, hacen que el metabolismo de los niños y no tan niños se dispare y sea un problema, por las enfermedades que puede acarrear.

La única acepción de la palabra “Gordo” que más nos complace es la referente a la lotería, que nos toque el primer premio, mejor si es de Navidad o del Niño y te lleguen una cantidad de euros suficientes para no tener que preocuparte del laboro. Entonces si quiere uno ser el poseedor del gordo más gordo de todos.
Ahora, a quien les ha tocado el Gordo de verdad ha sido a los americanos, a los USA. Los del Tío Sam llevaban todas las papeletas y les ha caído el gordo, la pedrea y los finales. El “Gordo” del Trump se les va a atragantar y lo van a echar por un ojo. Éste, que no tiene nada de gracioso y a veces desearía uno que fuese mudo como los del cine, porque de seguir así, con lo que está echando por esa “boquita”, nos va a meter a todos en un lío gordo, gordo… pero gordo.

eduardo ternero ok

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