Firmas

cena idiotas

EDUARDO TERNERO. Si atendiéramos a la etimología griega de la palabra idiota, yo estaría encantado de serlo, porque idiota en origen significaba lo propio, aquel que se preocupa de sus cosas, de sus intereses privados y particulares sin prestar atención a los asuntos públicos o políticos. La corriente estoica cambiaría este concepto, puesto que no se concebía un hombre apartado de la política, era obligación del sabio entender la política y lo público. Yo me sigo considerando de la clase epicúrea, para quienes la política no era más que una fuente de problemas, de sufrimiento y por tanto de infelicidad.

 



Sin embargo en España, como se habrán podido dar cuenta, cada vez somos más los idiotas. Hemos cambiado el concepto, me incluyo entre ellos, todos queremos llegar a entender de política y la política no quiere saber nada de nosotros, se ríe de nosotros y los representantes de esa política aún más.
La única certeza política, la única doctrina estoica que mantienen hoy, la mayoría de los políticos, es la grandeza de su ambición, un compendio entre la consecución de dinero y la ostentación de poder (¡Pónganle el orden que deseen!). Una vez alcanzado ese objetivo, inician una carrera en la búsqueda de lo que se puede obtener con ello.

 

El resto de los españolitos somos convidados de piedra, acudimos a los mítines, escuchamos boquiabiertos verdades a medias, mentiras enteras. Prometen, prometen… y nuestro salario, nuestra calidad de vida, se va deteriorando; pero seguimos, acudimos a la plaza de la esperanza, al coso de la ilusión creyendo: “ésta vez va a ser”, Pero no será. Curro Romero al menos dio algunas tardes de ensueño.

Dice una frase de Ernest Renan, “La estupidez humana es la única cosa que nos da idea de lo que es el infinito”. ¿Saben la de veces que uno ha estado en circunstancias donde un grupúsculo que buscaba poder, te hacía partidista, te alineaba para que fueras un número más, para que apoyases o al menos participaras de su opinión?… Te citaban, ibas a esa reunión “importantísima”, te adulaban en la copa, eras cómplice del evento, al final salías defraudado ¿Cuántos recuentos podríamos hacer de todo lo que nos han prometido a lo largo de estos años y de cómo se han reído de nosotros?

Durante la “Revolución de los claveles” en Portugal, uno de sus líderes, que aglutinó la izquierda portuguesa, Otelo Saraiva de Carvalho, en una visita que hizo al primer ministro de Suecia, Olof Palme, le dijo que uno de sus principales objetivos, y una de las primeras tareas que iban a emprender en Portugal era “acabar con los ricos”, a lo cual Olof Palme respondió que él y su Gobierno tenían objetivos diferentes, y que por el contrario, él y su gobierno pretendían “acabar con los pobres”, frases que aglutinaría después Alfonso Guerra para uno de sus mítines.

En España los políticos no han pensado ni como Otelo, ni como Olof. Aquí los oligarcas, los gobiernos, la banca, la iglesia…, los poderes fácticos se han ido amamantando y creciendo; se ha balanceado como los elefantes de la canción en la tela de una araña pues, como veían que no se caían ... Lo cierto es que, inexplicablemente, en una España que se avecinaba demócrata, donde se intentaba hacer un uso equitativo de las riquezas, donde nuestra Constitución apelaba a unas leyes para que los españoles tuvieran una vida digna, un trabajo, un techo y un largo etcétera que ya todos conocen. Nos encontramos en una situación tan execrable, en la que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. 

Cuando ya te sientes defraudado, cuando recapacitas, cuando vienes de vuelta de casi todo, te pones a reflexionar y te das cuenta de que existen dos maneras de ser feliz (al final es lo más importante de la vida), una es hacerse el idiota y la otra serlo.

eduardo ternero ok

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