Firmas

et capirotes

EDUARDO TERNERO. Muchos de ustedes habrán oído infinidad de veces esa frase tan comentada que hemos puesto como título; así que, cuando en el almanaque vemos los días rojos de Semana Santa, un par de meses antes al evento Pascual, nos ponemos como locos a limpiar los tejados de nuestras viviendas, a quitar los jaramagos que durante todo el año han crecido bajo las tejas morunas y raudos a pintar exteriores. Nuestras fachadas deben quedar impolutas, blancas de cal de Morón, aunque ahora sean de blanco Bruguera, Paredes o Titán.



Llega el agosto de pintores y albañiles, de chapuzas para dejar engalanadas nuestras casas, para que cuando pase por nuestra puerta la Hermandad, la Cofradía y todo el séquito, se pueda ver reluciente, de estreno. Para que, cuando los “armaos” levanten su mirada hacia el alar de nuestro tejado, tengan la certeza de que no se le van a venir las tejas como en “Ben-Hur”. Cuando un penitente descanse su cirio ante nuestra puerta, pueda verla como una patena o cuando alguien se apoye en el alféizar de nuestra ventana no se llene de polvo la chaqueta azul marina…es la fecha propicia para tener adecentada nuestra fachada.

Pero como los marcheneros no tenemos la suerte de que el Corbones pase por el centro del pueblo como el Pisuerga por Valladolid, ni como por Alcalá lo hace el Guadaira o el Betis por Sevilla, porque de ser así, sería un pueblo con puentes, riberas… podíamos haber hecho una playita de verano con sus chiringuitos correspondientes como están haciendo muchos pueblos. Antes teníamos que bañarnos en las lagunas de los barreros, el río quedaba lejos para ir andando con las calores del verano.

Pero aprovechando que nuestro principal aliciente, nuestra mayor inquietud, lo que respiramos todo el año es Semana Santa, hermandades, cofradías, salidas procesionales… que se ensayan, escuchamos marchas 365 días al año y uno más si es bisiesto, podríamos poner empeño y montar una fábrica elaboración de cirios, velas…, una industria de tambores y trompetas, invernaderos de flores de ornamentación para los pasos, talleres de orfebrería, etc. Incluso una industria de limpiametales para la candelería al estilo de Netol/Sidol que tantas pelas mete en Cataluña.

Se podría montar una empresa textil que fabrique túnicas de penitencia, escudos, adornos, cordonería, bordados… Marchena podría ser lugar de referencia en vestimenta de Semana Santa para la multitud de hermandades y cofradías que se reparten por nuestra geografía y que llegan a ser miles. Ahí tenemos el caso de Fuente Palmera, que se ha especializado en trajes de novia, un pueblo pequeño que, en varias décadas, se ha hecho un hueco en el panorama mundial de la moda, de la alta costura del “vestido blanco” y al que las mujeres casaderas, las madrinas, acompañantes… tienen en el punto de mira a la hora de vestirse para el boato de las bodas y ahora ampliado a trajes de comunión y de fiesta.

Si somos seguidores moderados de la vigilia, ya sabremos que podemos comer pavo, aprovechemos que tenemos la mayor empresa del mundo a tiro de piedra. Para no repetir siempre carne, pongamos una fábrica de envasado de espinacas, acelgas… de verduras; otros pueblos lo están intentando y saliendo hacia adelante con el espárrago, el pimiento… Ya nuestros paisanos, los hermanos Baco, fueron capaces de levantar el bacalao a su máxima expresión en un mercado difícil como es Sevilla. Pero ahí les tenemos, con tesón y trabajo lo han conseguido y el nombre y el buen hacer de sus restaurantes y hoteles es un referente en la ciudad y en el panorama nacional e internacional.

Podríamos pensar incluso en plantar terrenoscon especies de “Boswellia sacra”, ese árbol del que se extrae el incienso y con el que se podría satisfacer todo el mercado español. 

El dueño de la ferretería “Madre de Dios” del Barrio La Guita, tuvo el acierto de difundir en Marchena un nuevo armazón para el antifaz de penitencia, un ingenio del que todos se aprovecharon y que, con matices, todos quisieron apuntarse el tanto; pero que sepa todo el mundo cofrade que el pionero en nuestro pueblo fue él; Parra fue quien quitó el cartón y lo sustituyó por un cono de rejilla y velcro que hace que sea más transpirable, más ligero, más cómodo.

Tomemos ejemplo, ¡Chapó!, nunca mejor dicho.

eduardo ternero ok

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