Firmas

 soledad pueblo


EDUARDO TERNERO. Si este artículo estuviese dedicado a Nuestra Señora y Madre de la Soledad, sería más fácil escribirlo. Recordaríamos los años de niñez, nuestras correrías tras la Virgen como excusa para divertirnos durante su estación de penitencia, nuestra estancia por la calle, alcanzaría cotas extravagantes y un trasnocheo inimaginable. Podríamos rememorar los años mozos, nuestras primeras pandillas, de niñas con estrenos (de novios y vestidos), de bullas odoríferas a naftalina y adobados de baretos. De la madurez evocaría los pies hinchados, el sueño trastocado o saetas imposibles por gallos quebrantados.

 



Ahora no, ahora la Soledad la vemos en soledad, recatados, refugiados en recuerdos, observando el tintineo de los varales o el derretir de la cera como lluvia de lágrimas en el rostro de la imagen. Incluso podría hablarles de los 450 años que conmemora la Hermandad.

 

Pero este artículo es mucho más penoso, porque quiero hablarles de la soledad de nuestro pueblo, de esa soledad con minúsculas que se está convirtiendo en mayúsculas, porque cada día nuestras calles están más solitarias, nuestro pueblo más hermético. He recorrido el centro, varias calles, a una hora prudente, estamos en primavera, hace una temperatura agradable y me he podido cruzar con 10 personas. Las tiendas están vacías, los Cantillos solos, en la calle San Pedro cierran los comercios y no se abren nuevos, los bares sin clientes…

Pude ver que en la Plaza del Ayuntamiento había algún movimiento: una parada de carritos de neófitos, en los boxes de la arcada, dispuestos a partir en desbandada, media decena de mujeres de charla animada, de lenguas ávidas y brazos “multigachet”; algunas personas de origen sudamericano que, con la mirada perdida sobre el móvil, cuidaban a ancianos con otra mirada perdida sobre la nada. Remataba la escena un par de balones luchando contra la gravedad por mor de un enjambre de menudos peloteros, que amenazaban con igual gravedad a los que debieran estar de manera sosegada en la plaza.

¿Dónde está la gente? Pienso que el abanico de factores que produce esta ausencia deberá ser tan grande como los de grupo musical Locomía: Muchos niños habrán acabado sus ingentes tareas (inglés, deportes, música, deberes, catequesis…) y buscarán pronto el catre como alma en pena; habrá gente en las clases de adultos, estudiantes repartidos por ciudades universitarias, otros buscando el devenir de sus vidas en países ajenos. Dejaremos tranquilo al personal que ha vuelto de la faena, que se está aliviando del trabajo diario: ducha, cena, cama. Una gran mayoría, sobre todo los de avanzada edad, estará viendo la televisión, Juan Imedio, Gran Hermano, Sálvame (con todos sus cítricos). El viernes sí, saldrán los hombres que reparten su valor entre las peñas futboleras y cofradieras (dos grandes ritos al cabo).

La cuestión es que el pueblo parece estar muerto (todos lo comentamos), parece una colmena sin abejas, sin el zumbido de vigor y vida que emite el transitar de la gente. Creo que las Sociedades, Peñas, Asociaciones de Vecinos, deberían proliferarse más en hacer eventos culturales, charlas, conferencias…Tomemos ejemplo de los “Luneros”.

Sé de buena tinta que existen muchas agrupaciones como ”Foro Social”, “Asociación Motera” “La Muralla”…, asociaciones deportivas (Petanca, Ciclista), tertulias gastronómicas como “ Las Dos Copas” “La Boticaria”… y otras muchas que intentan darle un sentido cultural, de convivencia, de amistad a las reuniones y a las relaciones. Existen muchas personas ávidas de comunicarse, contrastar opiniones, que intentan salir de la monotonía, de la rutina infumable del no hacer nada.

Creo que se debería mover más a la gente, sacarla del anquilosamiento de sofá-tele, tele-sofá. Eso, para los países del frío. Estamos en una zona privilegiada en cuanto a tiempo meteorológico; el azahar, la temperatura, invita a salir, a comunicarnos, a departir con nuestros conciudadanos. Hoy el camino es fácil: WhatsApp-paseo-café…

Si este artículo estuviese dedicado a la Virgen de la Soledad, porque se hubiese trasladado a San Juan, se le hubiese puesto un manto nuevo… aunque fuese un día laborable, comentaríamos que el barrio antiguo se encontraba abarrotado; la noticia sería el bullicio y la ingente cantidad de paisanos y paisanas que de forma petada concurrían al evento.

Habrá que rogar: ¡Soledad sácanos de esta soledad!

eduardo ternero ok

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