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EDUARDO TERNERO. Hoy le haces esa pregunta a cualquier niño y te suelta: ¡Ojalá! Si fuese Cristiano sería el mejor jugador de futbol, jugaría en el Madrid, tendría muchos millones, coches deportivos… y todo el mundo gritaría mi nombre.

 



Recordarán muchos que al abrir el Catecismo la primera cuestión que se planteaba, la primerita pregunta era: “¿Eres Cristiano?” Y en el siguiente renglón te daba la respuesta inequívoca: “¡Soy Cristiano por la gracia de Dios!” ¡Ea!, a ver qué niño era el guapo que contradecía lo que ponía aquel folleto, después te sabías de memoria las Bienaventuranzas, los Pecados Capitales; además el Padrenuestro, la Salve y otros rezos, muchos la tuvimos que aprender en latín, como loros, sin entender nada, pero en latín.

 

Desde que nacías te apuntaban en la parroquia, te bautizaban, y seguías todos los ritos y actos que la iglesia te exigía. Después vendría el ir a misa, realizar la catequesis, la comunión, la confirmación; ir a misa, confesar, comulgar en todos los actos religiosos… ir a misa, casarte, bautizar a tus hijos, acudir a entierros, misas de difuntos… hasta que llegas a la extenuación, perdón a la extremaunción que es cuando el sacerdote te dice que te puedes ir tranquilo a la casa del Padre, porque se te han perdonado los pecados terrenales, si has hecho un acto de contrición. Entonces, en nombre de Dios, te da el “ego te absolvo a peccatis tuis…”.

Entremedio de todo eso, nuestras vidas están marcadas por el calendario cristiano, por los domingos de guardar, santorales, triduos, quinarios, besamanos, ofrendas…, Navidad, Semana Santa, Corpus, Pentecostés…Belenes, Cofradías, Rocío… no hay que olvidar que estamos inmersos en los actos religiosos dedicados a las imágenes sacras, de nuestras hermandades…

Nuestro dormitorio estará presidido por un Crucifijo que se precie, un cuadro de la Virgen de nuestra Hermandad y nuestra casa lucirá cuadros y calendarios con la figura de la Virgen de la Milagrosa, del Sagrado Corazón… esos calendarios de números XXL para alivio de cataratas, esos calendarios explícitos para la cocina que nada tienen que ver para los que se exponen en los talleres de mecánica, herrerías… que no son precisamente de “vírgenes” ¡Por Dios!

Nos aliviamos las penas con las capillitas que pululan por los domicilios, que ocupan el lugar privilegiado del mueble-bar, que guardan celosamente veneradas Vírgenes a las que todos los días le rezamos y nos persignamos al pasar. Al final compensamos con unas monedas para la causa de África, el Domund, los niños de Biafra…

Preceptivo es una hornacina, si fuésemos de posibles, sobre la fachada de nuestra casa para honrar al santo de nuestra mayor devoción, nuestra vivienda debe estar protegida y amparada por la mano de Dios. En cualquier caso, nuestros zaguanes deben lucir una chapa con la imagen de Cristo o del Perpetuo Socorro, como emblema de religiosidad y cristiandad.

No hay que olvidar actuaciones casi perdidas que deberíamos recuperar porque exaltan la grandeza del alma: el rezo del Ángelus a mediodía, para dar gracias a Dios, el Santo Rosario vespertino que acaecía tras escuchar la novela en la radio, mientras se zurcían calcetines, o se bordaba el ajuar de novia. Recuperemos la llamada de atención a Santa Bárbara, en los días de tormenta, pidiendo su benevolencia con el tiempo y el alivio del estruendo de sus relámpagos y truenos. Un Padre Nuestro, tres Avemarías y milagrosamente el agua caía plácidamente sobre las chapas de la antepuerta de las alcobas, sobre la angostura de las galerías y la tormenta se alejaba por los campos de Dios.

Llegado abril y las aguas no llegan por mil. San Isidro, olvidadizo, no debe estar contento, habrá que sacarle en andas, tocarle pitos y tambores, rezar con fervor para que huela a tierra mojada, para que se calen los campos. Habrá que cambiar por unos días el pantalón de pana, la camisa de balconcillo y los aperos de labranza por el terno/naftalino que guardo para los actos, ponerme a su lado y con ardor conducir una vela encendida con la misma voluntad que el mango del azadón y del amocafre, mientras los cantos de fervor fluyen en pos de su peana.

Solo me faltan unos años para terminar de pagar las tres medallas de Jesús que saque a dita de la joyería, tres medallas como tres soles que lucen mis niños en sus pechos, por detrás la fecha de su nacimiento. Mi marido lleva una “cruz” con un buen cordón, también de oro. A mí no me puede faltar mi esclava con las medallas de mi Virgen de las Lágrimas y la de la Soledad que era de mi madre, pero esa solo me la pongo el Viernes Santo, cuando hago la penitencia andando detrás del paso de Jesús, desde el Mandato hasta San Miguel; ¡Mira que me duelen los pies! Pero que quieren que les diga: ¡Para mí es lo más sagrado, es mi devoción y la de milagros que ha hecho por todos nosotros!

Ahora me voy a dormir, a decirle a mis cuatro angelitos y al Ángel de la Guarda que no me desampare ni de noche ni de día. Hasta mañana, ¡Si Dios quiere!

eduardo ternero ok

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