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EDUARDO TERNERO. Hace unos cuantos años ya, en la tele emitían una serie protagonizada por Roger Moore, “El Santo”. Dicen que las señoras estaban, la mayoría, “loquitas” por él. Tanto es así que se publicó una noticia periodística en la que se decía que un marido había golpeado contra la televisión a su señora porque la encontró besando la pantalla cuando aparecía el actor. (imagen de archivo).



“Llegar y besar el santo” es un refrán que proviene del Medioevo, cuando los peregrinos, después de largas caminatas, de meses de sufrimiento por los caminos intransitables de nuestra geografía se acercaban a Santiago y, sería de la alegría de haber llegado, besaban al patrón compostelano.

 

En España, los besa manos, besapiés, a santos y vírgenes, saltar verjas, correrles en andas… es un hecho popularizado en casi todas partes, desde épocas pretéritas. Claro está que, por lo general, quienes primero besaban al santo en cuestión eran los de la comitiva consistorial, los señores del lugar, los próceres del momentos… después vendría el vulgo, la plebe, a desgastar con sus quebrantados y achicharrados labios, la fina capa de escayola o la madera policromada de aquella representación sacra.

Con el tiempo, esos dirigentes se fueron haciendo de unos derechos predestinados, se fueron creyendo que, por su condición de aforados, no solo debían y tenían el privilegio de besar primero el santo, sino que querían ser los primeros en todo, ostentar la presidencia en todos los actos, representar y ocupar los mejores asientos, recibir las dádivas y prebendas que hubiese…en definitiva se colocaban y se colocan en primera fila, salvo en las situaciones difíciles (conflictos, guerras…) que se quedaban en retaguardia para dirigir los cotarros y no sufrir bajas como los plebeyos; entonces se exiliaban o ponían tierra de por medio, ahora se les respeta y no se les juzga como a los demás por su condición de aforados, (manda huev..).

Aquí, en nuestra bendita España, los dirigentes en cabeza y la plebe a continuación, no solo besan al patrón Santiago; aquí se han besado cual Judas a un montón de santos (no lo confundamos con Judas Tadeo, que es el santo de los casos difíciles y desesperados), nos referimos al Iscariote. Decimos que se ha besado a San Fernando, San Jaume, San Jordi... una multitud que santos de espada y comunión, y a otros muchos mártires cristianos existentes en el santoral, mientras iban arañando las pecunias del pueblo.

Muchos empiezan con cargos de alcaldes, presidentes, tesoreros y, casi a la vez de besar al santo, de dos me llevo una y si puedo una y media. Nuestro balonmanista Urdangarín, consorte de la infanta Cristina, no esperó a que su matrimonio se afianzara; desde el primer día se dedicó a llegar a los destinos y “besar los santos” del lugar, cobrándoles (presuntamente) unos incentivos por gestión, “porque lo digo yo” (como diría el cocinero de Rota). Fueron comisiones tan desorbitadas que, tal como va la causa judicial, va a “chupar” más banquillo que en toda su época en el balonmano. Y ¿qué me dicen de los señores del Congreso, Senado… políticos en general? Llegan, e incluso antes de besar al santo, lo primero se ponen su sueldo y lo incrementan.

Generalmente todos hacemos la vista gorda y dejamos que besen al santo por la cara y por los pies sin que les digamos nada. Y es que el dinero público se valora menos porque parece que no es tuyo, como te lo van sustrayendo poco a poco con impuestos, de tu nómina, de tu paga de jubilado…Pero además somos tan ingenuos que les encumbramos en eventos, inauguraciones, festejos protocolarios… a pesar de que no hayan aportado nada. Será para darle caché al acto…

En un pequeño pueblo de la Sierra Sur de Sevilla, de cuyo nombre no quiero olvidarme, se organizó una peña para hacer una comilona el día del patrón, un evento en el que había que poner 500 pesetas por cabeza (pesetas…¡Uf!, como pasa el tiempo). Allí las B.B.C.s, al igual que los entierros, eran acontecimientos en el que todos, paisanos y foráneos, nos sentíamos partícipes, obligados en ir al acto. El señor alcalde y la comitiva consistorial se negaron a aportar lo establecido. Adujeron que ellos eran parte del Consistorio y que por tanto, igual que iban en la procesión, irían a la comida sin pagar. Los socios se reunieron y sentenciaron: “¡Aquí quien no paga no come!” y se quedaron tan panchos, se pusieron hasta las manillas e incluso se abrazaron y besaron entre ellos. El alcalde y los suyos se quedaron besando al santo.

eduardo ternero ok

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