Firmas

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EDUARDO TERNERO. "Cada día, muchas veces, pasamos cerca del paso a nivel que nos conduce a la carretera de Carmona y ves la gente como, con una paciencia infinita, espera tediosa el paso de algún tren. Cientos de personas que pierden horas, que trastocan sus horarios, amén de que se produce una circulación caótica en muchos momentos del día… ¿Así estaremos toda la vida?" se pregunta el autor en este artículo en el que relata éste y otros antiguos problemas que han existido en nuestra localidad.

 


 

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Quousque tándem abutere patientia nostra? Ésta trillada frase la era la preferida por Marco Tulio Cicerón en sus “Catilinarias” para culpar al senador Lucio Sergio Catilina de sus conjuraciones y conspiraciones para lograr el poder de Roma. A veces habría que emplearla para denunciar hechos que ocurren en nuestro país, en nuestro alrededor, en nuestro pueblo…

¿Hasta cuándo van a abusar de nuestra paciencia? Somos un pueblo paciente, conformista, conservador, moderado en nuestras acciones (tropezamos multitud de veces con la misma piedra, hemos roto no se cuantos cántaros camino de la fuente, para nada…), a pesar de que continuamente nos estén vapuleando, ninguneando. No nos rebelamos, no nos levantamos, no somos de dar un golpe encima de la mesa.

¿Recuerdan ustedes los años que hemos padecido el tránsito de camiones, una circulación intensa, desmedida por la travesía San Ignacio? ¿Recuerdan ustedes como nos quejábamos y nadie hacía nada? ¿Dónde estaban los partidos políticos, sindicatos, asociaciones…? Puedo contarles que muchos de los camioneros o gente foránea que la transitaba comentaba: ¡Ah, Marchena! ¡El pueblo de los tres semáforos y otros tantos pasos de cebra! Cuando la mayoría de las poblaciones, de nuestra geografía, ya disponían de una vía alternativa que las circunvalaba.

Recordemos los humos y cenizas que hemos padecido con la Extractora de orujos, el hedor de los pavos, cohetes de madrugada, y un largo etc. que todos hemos venido sufriendo a lo largo de los años. Dar soluciones a algunas de estas molestias se han ido consiguiendo muy lentamente porque como decimos por aquí, “Ya se clamaba al cielo”.

Cada día, muchas veces, pasamos cerca del paso a nivel que nos conduce a la carretera de Carmona y ves la gente como, con una paciencia infinita, espera tediosa el paso de algún tren. Cientos de personas que pierden horas, que trastocan sus horarios, amén de que se produce una circulación caótica en muchos momentos del día… ¿Así estaremos toda la vida? Y que conste que me encanta viajar en tren, lo encuentro cómodo, limpio, sobre todo rápido y seguro. Pero creo que hay soluciones para no tener que perjudicar a tanta gente durante décadas.

Mientras, seguiremos esperando. Seguirán cortadas, durante muchas horas del año, las carreteras que bifurcan allí. Cuatro largas procesiones de vehículos que, resignados, esperan la voz del capataz para levantar las vallas roja y blanca. Conozco mucha gente que lleva preparado su librito de Sudokus y crucigramas para los momentos de espera.

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