Semana Santa 2016

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"Hay una calle en mi pueblo, y hay en la calle un rincón, que el Jueves Santo de noche, agranda su dimensión", diría y recitaría en su día Florencio Montes, como reza en la placa realizada por Juan Rafael Lora con la que se honra al denominado Rincón de la Virgen y por extensión al ilustre poeta que siempre lo puso en valor. Poeta y pueblo, pueblo y poeta, que han hecho de este enclave un escenario cofrade por excelencia y lleno de emociones como las que anoche se vivieron cuando María Santísima de la Piedad dio ese par de estrechas revirás en la que todo se vive de una manera especial.

 


Fernando Caballo no faltaría a su cita con la saeta. El joven cantaor que ya antes de su última presencia en Marchena en el arte del flamenco pondría de relieve su devoción saetera desde niño y su más que posible enganche de ahí al cante hondo, estremeció los corazones de los presentes poniendo el colofón al paso de la Virgen de la Piedad por tan emblemático Rincón.

Nadie vería recitar a alguien de la manera tan singular y única como la hacía Florencio Montes, el 'trovador de Marchena', un poeta de los que nacen y no de los que se hacen, se diría en el homenaje a Montes en 2014, cuando se hacía un año que nos dijo adiós.

El mejor homenaje a la Virgen, y al poeta, se sigue celebrando cada Jueves Santo de manera espontánea y singular cuando la calle Gudiel concluye y la procesión que ha salido de la Iglesia de San Sebastián va coqueteando entre estrechas calles y a su dulce manera hasta San Andrés.

Recitadores y saeteros que como Fernando Caballo se dejan su garganta y que fue invitado por el capataz Adrián Ponce a realizar una llamada al paso: "Eloy, va por tu hermano que ha cantado la saeta", diría el capataz, respondiéndose bajo las trabajaderas que "es otra forma de rezarle", a lo cual tendría la última palabra el capataz del paso: "Otra forma de rezarle, pero la misma forma de quererla".

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Y a partir de ahí, esa virgen de Marchena que rezuma lozanía de túnica burdeo y manto azulado, se codeó con las estrellas y la luna completando por segundo año el tramo de recorrido de calle Carrera y San Francisco que en la pasada Semana Santa se recuperó y cerrando un desfile con 450 nazarenos, juntándose en pocas calles junto a los de la Veracruz 900 penitentes, cuatro pasos, cuatro bandas, cuatro cuadrillas, cuatro capataces, una ingente ebullición de Semana Santa en apenas unos cientos de metros, lo cual le da un sabor distinto a estos últimos años, siempre todo ello perfectamente organizado.

La Virgen de la Piedad contó un año más con los sones de la banda Villa de Marchena, dirigida por Javier López Padilla, que comenzó el domingo con la Palma y terminará el Viernes Santo tras las Angustias en lo referente a nuestra localidad.

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Antes, las túnicas amarillo claro y los capirotes rojos pusieron la alfombra en calle Gudiel al Niño Jesús, al Dulce Nombre de Marchena que atardece entre el revoloteo de golondrinas en la parroquia de San Sebastián y avanza por nuestras calles con la perenne inocencia de su rostro y la dulzura de su melena rizada y su pequeña cruz.

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Desde arriba se engrandece su figura a la que escolta la Guardia Romana, fiel a su imagen y colorido de Jueves Santo en el que sin su Agrupación Musical Dulce Nombre de Jesús, del mismo nombre, el Niño, cuyo capataz es Álvaro Pazos, no se movería con la delicadeza y encanto que acostumbra en esta otra calle muy representativa del recorrido y muy de esta hermandad como la calle Gudiel, donde los niños a los que esta imagen es propicia y semejante levantan sus primeras miradas de admiración hacia el Niño Jesús, el Dulce Nombre de Marchena.

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