Semana Santa 2012

Después de 16 años al frente de la cuadrilla de costaleros, se despidió en los minutos antes a la prevista salida procesional del Dulce Nombre de Jesús, un grande del llamador, Antonio Romero Pintado, que se ha ganado a pulso el afecto y el cariño de todos sus costaleros, quienes le dedicaron una calurosa despedida muy emotiva en la casa Hermandad. 


 A veces, alrededor de la Semana Santa suceden momentos especiales llenos de humanidad y amistad, que, como es el caso que nos ocupa, hacen justicia a una trayectoria impecable de uno de los capataces más expresivos y entrañables de las últimas décadas en la Semana Santa marchenera.

Despidieron sus costaleros a Antonio Romero Pintado, sobre las 18:45 horas, después de que éste diera los últimos consejos a su cuadrilla para realizar la salida, el recorrido y la llegada lo mejor posible y para que, como cada Semana Santa, pusieran todo su corazón y esfuerzo debajo del paso de María Santísima de la Piedad.

No pudo ser porque comenzó justo a llover a las 19:30 horas, cuando estaba prevista la salida de la hermandad como cada Jueves Santo, pero seguro que en el recuerdo del capataz quedarán los minutos previos, que sin saberlo, serían los últimos con su cuadrilla, ya que pocos imaginaban que la lluvia se iba a producir a esa hora del jueves después de una tarde medianamente despejada.

Dedicó esos momentos de instrucciones previas a su señora y a su familia por el apoyo durante todos estos años y posteriormente a "la mejor cuadrilla" que ha tenido, y que nos reconoció después que ha sido "una auténtica familia" que ha crecido junto durante estos años con varias generaciones de costaleros muy unidas entre sí.

Adrián Ponce, segundo capataz, le entregó entre los abrazos emocionados y aplausos de los costaleros, un cuadro conmemorativo de lo que han representado estos 16 años, leyendo el pregonero juvenil una cariñosa dedicatoria a Antonio Romero Pintado, "amigo y maestro", nada más y nada menos, y posteriormente le hicieron entrega del primer costal que usó un niño que siempre ha ido al lado del paso agarrado a la zambrana de la trasera, desde que prácticamente sabe andar, de un hijo de costalero que forma parte de la "séptima trabajadera" de la Piedad, como nos comentó Antonio Romero Pintado.

Los motivos laborales y el no poder ya emplear el 100% del tiempo que le gustaría dedicar a Antonio Romero Pintado, hace que tras 16 años el capataz que hacía mecer con dulzura el paso a sus costaleros con su voz vibrante de emociones hacia la Virgen de la Piedad, se marche dejando atrás la huella de un capataz, de una persona, especial por cuanto ha dejado y ha expresado ante sus costaleros, ante su familia como él la llama, todo lo que siente, repercutiendo en una forma de llevar el paso en la que en cada movimiento de varales y bambalinas se ha percibido cuanto cariño siente y ha hecho sentir a sus hombres, el cariño y la entrega que le ha hecho dejarse el corazón entero y expresar a honra y a los vientos, ¿por qué no?, el inmenso amor por su cuadrilla y por su Piedad en cada Jueves Santo.

Por todas estas cosas y estos momentos, echaremos de menos en su quehacer de capataz, a Antonio Romero Pintado.

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