Semana Santa 2010

Marchena vivió un Miércoles Santo esplendoroso para presenciar la procesión de Nuestro Señor de la Humildad y Nuestra Señora de los Dolores, que recorrieron en olor de multitudes las calles de nuestro  pueblo, especialmente concurridas San Francisco y Carreras en la revirá. Sensaciones de enorme satisfacción en la hermandad con estreno de dalmáticas, nueva corona en el Señor, nueva Agrupación Musical tras el paso de misterio, La Unión de Montilla, además de ser digno de elogio el orden y la austeridad, en un recorrido una vez más con sabor a saetas, de cabo a rabo.


La hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores partió en el atardecer a las ocho en punto de Santa Clara rumbo a Marchena, después de una intensa mañana de preparativos y el tradicional paseíllo de la centuria romana de la que les daremos cumplida información en texto aparte, porque merece la pena.

Una vez realizada la salida y el pregón del Prendimiento, avanzó el Señor de la Humildad, orante con su nueva corona de espinas en el monte de claveles y rosas rojas con pequeñas flores asilvestradas por el centro de nuestro pueblo, por el corazón de los Cantillos para girar San Francisco arriba al son del 'Cristo de los Faroles' de esta Agrupación Musical realmente maravillosa que por primera vez ha acompañado al paso de Misterio, con el que ha sellado un amor a primera vista para llenar de romanticismo el caminar de los costaleros.

Han cantado 'Saeta' y han estallado en las gargantas cuartas, seguiriyas y todo el repertorio ensayado con amor y paciencia en la Escuela ante la vigilancia de la centuria romana, con casi medio centenar de legionarios escoltando al Señor frente a la capilla de la Veracruz.

Paciencia y Humildad, ¡qué mejor nombre le pudieron poner al Señor de Miércoles Santo! Austero, callado, bondadoso, camina protegido por cientos de nazarenos, 370 aproximadamente partieron anoche de Santa Clara, y de un cuerpo de seis acólitos con las relucientes dalmáticas burdeos con agremán dorado y brocado conjugado con terciopelo, con la cruz de Santiago por detrás, y que por primera vez le anteceden.

Va con nueva corona de espina donada a la hermandad, algo más gruesa pero igual en altura e interior, y siguiendo la estética tradicional. Lo que nunca cambia es su mirada reflexiva mientras lo sentencian los soldados romanos que colocan el INRI en la estirpe de la cruz y el Macaco va barrenando la cruz. Toque de tambor entre castañuelas en la estrechez de San Francisco, sobran las palabras. Impera el silencio.

El Señor de la Humildad sentado sobre una piedra que busca la luz y la encuentra en estampa sin igual y punto de encuentro de multitud de marcheneros en la calle San Francisco hacia Carreras, revirá de belleza y emoción en clave de 'Clámide Púrpura', mientras cientos de metros atrás le sigue María Santísima con filas de penitentes unidos por sus luces y ampliamente separados entre sí.

Viene con su manto negro y liso llena de claves y clavellinas blancas, bugardias y puntitas de romero y azahar. Y a azahar huele Marchena en otro regalo hecho noche de primavera para aliviar el dolor de la novicia de Santa Clara.

Han bailado con sentimiento y dulzura Callejuela de la O y con temple esa Soleá Dame la Mano arrebatadora de corazones en la revirá hacia San Francisco, al son de la banda Ciudad de Morón, un año más con Francisco Alcalá a la cabeza acompañando a Nuestra Señora de los Dolores.

Han bailado los costaleros en la calle del capataz, donde Lebrón ha mirado a la Virgen para que su voz acaricie la  brisa de la noche y la señora Esperanza, ya casi en los 90 años, haya cantado un poema dedicado a la madre de David Romero Pérez, capataz del paso de palio, con su habitual salero y desparpajo. Son momentos inolvidables que deja a su paso por las calles la Semana Santa de Marchena.

La Virgen de los Dolores ha alumbrado San Andrés y acompañada por incondicionales fieles y ciudadanos en general, no ha dejado de estar en ningún momento sola hasta su vuelta al convento siguiendo con humildad a su hijo.

El Señor ha marchado por la parroquia de San Sebastián. Marchena es saeta y la saeta revive desde pequeños a ancianos por los cuatro costados del callejón de Menendéz Pelayo ya con la noche cerrada y el rostro cansado pero firme.¡Cómo han resonado los ecos de Alma de Dios y de Caridad del Guadalquivir! Que explosión de sentimientos del Señor, caminando lento no queriendo dejar escapar el Miércoles Santo, ya madrugada de jueves en su camino a Santa Clara.

Y han llegado los romanos incansables tras los pasos del Señor, y las cruces serenas y silenciosas, y entre naranjos y cancelas se han escuchado más y más saetas de almas rotas, y un buen número de marcheneros ha despedido a su Señor de la Humildad y Paciencia, que nos ofrece una mirada aún más bondadosa visto entre los barrotes, porque ya ha sido sentenciado.

 

Y descansa en su templo reflexionando en el horizonte entre abrazos de costaleros emocionados a las órdenes del capataz Francisco Ramírez y de su ayudante Juan Antonio Perea.

La expectación se acrecenta a las 1.30 horas porque ya falta sólo la llegada de la Madre dolorosa que llega envuelta en la Madrugá y en los sones de la marcha que lleva su nombre, casi cumplidas las dos.

No cabe ya un alma en Santa Clara porque los Dolores son menos con 84 almas relevándose debajo del paso. Y se nota la entereza de una cuadrilla unida por una parte y generosa en el esfuerzo, con las rodillas clavás en el pórtico de Santa Clara ante los marcheneros que no quieren que el Miércoles Santo acabe.

Pero concluye, un año más, ya están en Santa Clara el señor de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores, que han recorrido con una elegancia silenciosa y un rigor impecable las calles de Marchena, dando la sensación concluyente y contundente de que la hermandad vive un momento esplendoroso y que así, todo se hace más fácil.

 

 

 

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