Cartas de lectores

sancho soriano

Francisco Sancho Soriano, profesor de Filosofía, jubilado desde hace tres años, leyó una carta de despedida al claustro del IES Profesor Juan Pulido Castro de Telde (Las Palmas), el 28 de junio de 2013. Se dirige a Eva María Romero Valderas, profesora del IES Isidro de Arcenegui de Marchena: “Acabo de leer en La Voz de Marchena su manifestación al Claustro, por lo que me ha parecido que pudiera interesarle conocer mi despedida. Un abrazo”, expresa el profesor Sancho, que nos deleita con este documento emotivo, excepcional, a la vez que reflexivo e impregnado de un excelso sentido del humor, que reproducimos a continuación junto a otras muestras de afectos llegadas desde otros puntos de España. (Imagen: Telde Actualidad).

 


 

Despedida de Francisco Sancho Soriano al claustro del IES Profesor Juan Pulido Castro de Telde (Las Palmas)

Llegó el momento de la despedida: de este claustro y de mi vida laboral activa.

Comencé en el mundo de la enseñanza oficial hace casi 40 años. Era otra época: entonces nos preocupaba qué enseñábamos: se impartían conocimientos, se examinaba, se corregía y se calificaba. Errores y defectos se subsanaban mediante la evaluación colegiada. Los alumnos de entonces concluían las enseñanzas medias convertidos en hombrecitos y mujercitas de 17 ó 18 años en la mayoría de los casos.

El mundo académico ha cambiado: en la actualidad lo que importa es cómo se enseña. Los niveles de conocimiento han sido sustituidos por la pedagogía. Las consecuencias son más que evidentes: ahora andamos perdidos en medio de un enorme fárrago burocrático de dudosa utilidad, hay que programar, planificar, organizar, reunirse, escribir, documentar, considerar, evaluar, redactar, informar... preocupados todos, eso sí, por mejorar las calificaciones académicas, sepa o no el alumno. (Hasta podría suceder que titulase en la E.S.O. un alumno que respondiera que Colón escribió el Quijote, o que la Osa Polar pertenece a una especie protegida.) El alumno tiene la presunción de aprobado y para suspenderlo hay que demostrarlo; o, lo que es lo mismo: los profesores nos hemos transformado en jueces para aprobar, pero fiscales para suspender. La palabra esfuerzo parece proscrita. Las juntas de evaluación se han convertido en jurados que votan si un alumno ha madurado o no lo suficiente como para proseguir estudios de un nivel superior... dando por supuesto que los jurados no pudieran equivocarse.

Mi parecer, en resumen, es que se ha diseñado una enseñanza a la europea y se viene realizando a la española... Los resultados son de todos conocidos: es cierto que se ha ampliado la edad de la escolarización obligatoria; pero se ha pagado el precio de rebajar el nivel de conocimientos en los alumnos más interesados y capacitados para progresar. Las dos competencias fundamentales que yo he intentado enseñar, esfuerzo y sentido crítico, no han sido consideradas básicas... Pero parece como si el sentido crítico de la ciudadanía incomodase a las altas esferas.

Entré en la enseñanza soltero y termino casado y con dos hijos, uno de ellos fallecido. Empecé con problemas de vista; ahora los tengo, además, de oído. Cuando comencé fumaba; hoy no fumo. Consumía bebidas alcohólicas; hoy no bebo alcohol. Lo otro todavía no lo he dejado. Me refiero al café.

Pese a mi apellido, me he comportado más bien como un Quijote. Laboralmente he sido siempre un segundón: jefe de estudios o secretario, nunca vicedirector ni director. Pero tampoco he sido un profesor más: comencé con una licenciatura y concluyo con dos.

A lo largo de todos estos años he aprendido mucho: de los compañeros docentes y no docentes y, sobre todo, de los alumnos; he acertado en unas decisiones y he cometido errores en otras. Entre mis aciertos se encuentra, sin duda, el haber elegido una gran madre para mis hijos. En cuanto a los errores son el resultado de haber ejercido el sagrado derecho de equivocarme. Todo ello ha resultado formativo, para mí y para los demás: hoy me encuentro mucho más capacitado para la enseñanza que cuando comencé. Retirarme de ella supone, aunque a alguno le moleste, una rebaja en la calidad; y ello porque un viejo puede enseñar mucho más y mejor que un joven; pero, como decía Jardiel Poncela, "la juventud es un defecto que se corrige con el tiempo."

Soy consciente de que sido objeto de polémica: hay un sector del alumnado con el que he sintonizado y otro con el que no he congeniado; dígase lo mismo de los compañeros, con quienes no ha habido más problemas que los que derivan de la convivencia continuada. ¿Se me ha entendido? Creo que en pocas ocasiones, principalmente porque los de filosofía somos un tanto complejos y bastante raros; pero, como dijo Unamuno,

"Si la fórmula de tu individualidad es complicada, no vayas a simplificarla."

No me jubilo. Me jubilan. No sé cómo verán Vds. la jubilación, porque todos los comentarios que vengo escuchando se orientan a disfrazar la realidad edulcorándola.

Yo veo la jubilación como uno de los tres escalones por los que se ingresa en la vejez. De los otros dos no me ha sucedido que me hayan hecho abuelo; pero sí el testar, ya que testé por vez primera cuando aún no había alcanzado los treinta años de edad. Y ello porque quería seguir hablando después de muerto.

Entrar en la vejez es convertirse en una carga social: dejas de producir y te incorporas a las clases pasivas. Económicamente eres un gasto; socialmente, un estorbo. Te conviertes en agua pasada, la que no mueve molino. Te sucede como a los muebles viejos, a los que se encierra en la buhardilla, nadie sabe por qué, puesto que su destino final será el vertedero.

Creo que ahora se entenderá por qué he vetado cualquier celebración de mi final en la enseñanza; si Vds. quieren celebrar el que a partir de ahora habrá una mayoría más amplia en las votaciones de los claustros, tienen mi autorización para celebrarlo; porque mi jubilación para mí poco tiene de júbilo y, consecuentemente, casi nada tengo que celebrar: liberarme de la aplicación de unas rúbricas, a las que poco sentido les veo, y del síndrome postvacacional, achaque que me ha venido afectando unos diez meses al año.

Por otra parte, me siento obligado a tranquilizar a la mayoría de los compañeros, preocupados por planificarme mi futuro con lo que cada uno desea hacer a su jubilación; pueden dormir a pierna suelta, porque me aguarda una importante tarea: prepararme a morir. En ella he tenido un gran maestro: mi hijo Paco Miguel. Ya me enseñó a salir de la escena en silencio: así es como quiero retirarme de la enseñanza. Solicito, por tanto, que cuando termine esta intervención no haya aplausos, ni abucheos, ni comentarios. Y espero que nadie interprete estas palabras como un propósito de anticipar el final de mi vida.

Ya he tomado algunas disposiciones secundarias, como ha sido la de encargar a mi mujer mi epitafio; así, quienes pasen junto a mi tumba podrán leer:

FRANCISCO SANCHO SORIANO
YA NO TIENE PRISA

Tampoco quiero que el Instituto envíe corona alguna a mi entierro: sólo admitiría una que procediese de los fondos con que la Administración dota al Centro y eso constituye una ilegalidad. Ilegalidad que yo en su día cometí, siendo secretario del I.E.S. José Arencibia Gil, con motivo del entierro de uno de sus fundadores, de lo que no estoy arrepentido.

No quiero que se me guarde minuto alguno de silencio: si la aconfesionalidad del centro lo permite, que se rece un padrenuestro. Tampoco quiero otro homenaje por parte de este instituto, salvo que se incluya en él una Misa funeral: si hay homenaje, gano yo; si no lo hay, vence la aconfesionalidad.

Termino manifestando mi gratitud por las últimas atenciones recibidas.

Y quiero que mis últimas palabras en el acta de mi despedida sean una oración:

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

OTRAS MUESTRAS DE APOYO

Llegan a nuestra redacción otras muestras de apoyo de profesores a Eva Romero, tras su escrito al Claustro del IES Isidro de Arcenegui, en concreto las siguientes:

Querida Eva María:

Que sepas que desde Barcelona tienes todo mi apoyo a tu declaración, a tu valentía y coraje.

Abrazos mil

No cedas

Josep M. Rovira
Catedrático de Universidad ETSAB/UPC (Escola Técnica Superior D’Arquitectura de Barcelona-Universitat Politécnica de Catalunya).

Querida Eva María:
Soy una maestra de una escuela de Barcelona.
Tienes todo mi apoyo en tus declaraciones!!!
Yo también estoy harta de aguantar!!!
Un abrazo

Pia Sierra

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